– ¿Qué pasó, padre? ¿Esta vez Dios no fue argentino?
– ¡Dios siempre es argentino, hijo! Y español, y ugandés, y australiano, y libanés. Él es de todos. «En Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17, 28). Y disfruta mucho cuando sus hijos competimos sanamente, para mostrar todo lo que podemos, con los talentos que nos da.
La charla con un ocurrente taxista, en la fría mañana porteña, en medio de mis siempre presurosas recorridas por Buenos Aires, me dio mucho gusto, como en todas las ocasiones. Se sumaron otros de sus colegas de la parada. Y, una vez más, con su conocimiento de la calle, su sentido del humor, su rapidez para las respuestas, e incluso, con su fe (prendida en ocasiones con alfileres), se originó un intenso diálogo:
– De cualquier modo –terció otro–, quedó la Copa en manos de la Madre Patria. Y no en las de los piratas ingleses, ni en las de los renegados y altaneros franceses ¡Por Malvinas, y por Gibraltar!
– ¡Claro que sí, hijo! Quedó en la Península; en la España de la otra orilla. Desde la España de esta orilla, saludamos el gallardo triunfo, a puro fútbol...
– Vio que el técnico de la Fuente es muy creyente, y que el delantero Ferrán Torres va siempre con un crucifijo y una imagen de la Virgen...
– ¡Sí, fantástico! Y eso marca la diferencia, en un ambiente donde se quiere desterrar a Dios, y los símbolos religiosos...
– Lo que no me gusta –agregó un tercero– es la idolatría. Y que lo hayan calificado de «Messias» a nuestro más grande jugador... Hoy se celebra a San Elías, el gran defensor de la fe, que enfrentó al falso dios Baal, y a sus idólatras seguidores...
– Eso al propio Messi le disgusta. Él repite siempre que todo se lo debe a Dios... Además, su amor por la familia, la patria y el orden natural, desata las furias de los globalistas, el wokismo, la izquierda y todos los de su cuerda...
Risas abundantes, gestos de complicidad, y a seguir el ida y vuelta. Los motores ya estaban a pleno, y dispuestos a continuar, con todo.
– Le dije a uno de mis hijos –apuntó uno de los más pícaros– que ahora es el momento de empezar algún deporte. Su única práctica, hasta hoy, es con el dedo índice, para correr las pantallitas de las redes sociales...
– ¡Ponte firme con ello, hijo! Como sacerdote soy testigo de los estragos que hacen las pantallas en los jóvenes. Los arrastran a todos los pecados, los hacen perezosos y egoístas... Pierden horas y horas; que los alejan de la oración, el estudio, el trabajo y el sano esparcimiento. El mundialismo los tiene de esclavos, haciéndoles creer que son más libres que nunca...
Los pasajeros iban arribando, y la interesante ronda llegaba a su fin. Uno de los muchachos, el más callado de todos, me llevó aparte, y con sincero pedido de disculpas, me dijo: «Padre, no lo tome a mal. Soy católico, y con todo respeto le cuento lo que sufrí el Domingo. Fuimos a visitar a unos primos, con mi esposa e hijos. Pero antes, por supuesto, fuimos a Misa a una parroquia de su barrio. Tuvimos una experiencia espantosa: el cura salió para la celebración con una camiseta de Argentina, y empezó a repartir globos celestes y blancos. Obviamente, nos fuimos de inmediato. ¿Es posible semejante falta de respeto?
La tristeza en el rostro del muchacho, me estremeció. ¡Cuánto escándalo golpea la fe de los más sencillos! «Hijo –le contesté–, comprendo tu dolor y hasta tu bronca. Lamentablemente, estas cosas ocurren. Que te fortalezcan, de cualquier modo, en tu amor a Jesús y su Iglesia. Salvando las enormes distancias, es como si hubieras ido a un partido de fútbol, y te encontraste con jugadores vestidos de rugbiers, y dispuestos a jugar con la ovalada... No nos está permitido, ni de lejos, a los curas, hacer lo que se nos da la gana; y faltarle de ese modo el respeto al Señor...
La escalera del subte (metro), me mostraba la siguiente etapa del camino, en el regreso a La Plata. Despedida, bendición y el clásico regalo del Rosario. El fútbol, con su particular «liturgia», había servido, una vez más, para el sano encuentro entre hermanos. Como debiera ser siempre en la verdadera Liturgia; que está para adorar a Dios. Y, desde Él, hacernos bien cristianos, o sea, muy humanos.
+ Pater Christian Viña
La Plata, lunes 20 de julio de 2026.
San Elías.
Mes de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. –







