(InfoCatólica) Hace casi exactamente cien años, Chesterton predijo que pronto estaríamos en un mundo en el que se abuchearía a quien dijera que dos más dos son cuatro y se colgaría al que defendiese que la hierba es verde. Desde entonces, aquel «pronto» se ha convertido en «ahora». En efecto, en la antiguamente católica Irlanda se ha condenado a un profesor por el terrible delito de señalar la realidad, en lugar de fingir que lo absurdo es real.
El largo conflicto judicial que enfrenta al profesor irlandés Enoch Burke con las autoridades de su antiguo colegio ha dado un nuevo paso, tras años de litigios, períodos de encarcelamiento por desacato y un creciente importe de las sanciones. El Tribunal Superior de Irlanda le ha impuesto finalmente más de 200.000 euros en multas en el marco de su negativa a dirigirse a una alumna que se identificaba como transgénero utilizando el pronombre indefinido «elle» (en inglés, «they»).
Burke sostiene desde el principio que su postura no responde a un acto de rebeldía, sino a la defensa de su libertad de conciencia y de religión. El profesor afirma que aceptar el lenguaje exigido por el colegio supondría contradecir sus convicciones cristianas sobre la naturaleza humana y el sexo biológico.
Según explica Burke, los jueces no han considerado en ningún momento su derecho a expresar y defender la verdad, sino que se han limitado a determinar cuál sería la sanción para él. Totalmente ausente del proceso judicial ha estado el fondo del conflicto: si el Estado puede obligar a un docente a expresar una afirmación que considera falsa.
Sería muy difícil encontrar un signo más claro de que la ideología woke se ha convertido en la nueva religión de nuestro tiempo. Sus postulados, a pesar de ser continuamente cambiantes, se toman como dogmas religiosos incuestionables, inflexibles y que todos deben cumplir, por encima de leyes, constituciones o derechos pasados de moda. Los antiguos principios del imperio de la ley, la libertad de expresión o la libertad religiosa no pueden proteger ya a quien cuestione la nueva religión posmoderna: todo el peso de los mecanismos represivos del Estado caerá sobre él, como ha caído sobre Burke.
Frente a las acusaciones de obstinación y desacato de las órdenes judiciales de mantenerse alejado de la escuela, el profesor irlandés continúa defendiendo que su caso representa una cuestión de derechos fundamentales: la posibilidad de que un cristiano pueda ejercer su profesión sin verse obligado a afirmar aquello que su conciencia rechaza. A la luz de la respuesta práctica que ha dado Irlanda a la cuestión, se puede sospechar que la tolerancia, que supuestamente constituía el principio básico de la sociedad posmoderna, no era más que un espejismo o una táctica para demoler las bases católicas de occidente.







