(InfoCatólica) Una de las grandes paradojas que existen hoy en la Iglesia es, sin duda, el caso de Alemania. Es un país en el que, desgraciadamente, la fe parece estar bajo mínimos, abundan las heterodoxias (incluso entre los obispos) y los católicos que abandonan cada año la fe son numerosísimos. A pesar de todo ello, llamativamente, Alemania sigue teniendo un gran peso en la Iglesia universal.
En parte, esta influencia en el resto de la Iglesia puede deberse a una tradición de gran nivel de los estudios teológicos (no en vano Benedicto XVI era alemán), pero todo parece indicar que el factor fundamental es el económico. La Iglesia alemana es muy rica y subvenciona organizaciones, obras benéficas y misiones por todo el mundo, además de colaborar muy generosamente a sufragar los gastos del Vaticano.
En 2025, las diócesis alemanas ingresaron a través del impuesto eclesiástico (Kirchensteuer) la suma de 6.751 millones de euros, una de las cifras más altas de su historia, según informa Kath.net. A modo de comparación, podemos recordar que la Iglesia en España tiene un presupuesto total de unos 1.400 millones de euros. De ellos, solo en torno a 430 millones se obtienen a través de los impuestos.
Extrañamente, aunque la Iglesia Católica en Alemania pierde cientos de miles de fieles cada año, sigue aumentando la recaudación del impuesto eclesiástico. En efecto, en 2025 se obtuvo una cifra récord a pesar de que, en las últimas dos décadas, el número de católicos inscritos en el Kirchensteuer cayó a 19,22 millones desde los 25,87 millones de católicos que había en el país hace veinte años.
Esta extraña situación se debe principalmente a que los católicos que permanecen registrados tienen, en promedio, mayores ingresos, y a que en 2025 aumentó especialmente la recaudación procedente de impuestos sobre rendimientos del capital. Por ello, la tremenda pérdida de miembros todavía no se ha traducido en un descenso de los ingresos. Hasta el momento, los heterodoxos directamente responsables del desastroso estado de la Iglesia en Alemania no han sufrido en sus bolsillos las consecuencias de la destrucción de la fe de tantas personas.
El aumento de lo recaudado, sin embargo, es solo temporal. A la larga, esos ingresos tendrán que caer. El envejecimiento de la población, la jubilación de la generación del baby boom y la continua reducción del número de católicos acabarán provocando una caída importante de los fondos disponibles. A eso se suman los inmensos gastos a los que están acostumbradas las diócesis alemanas en concepto de un numerosísimo personal, edificios, pensiones, etc.
Muchas diócesis han anunciado ya medidas de ahorro para lograr más de 550 millones de euros en recortes. Sin embargo, como señala Peter Winnemöller, la verdadera solución no es financiera, sino espiritual y algunos empiezan a dirigir la mirada a la vecina Francia, donde el aumento de los bautismos de adultos constituye un signo esperanzador.







