(ACI Prensa/InfoCatólica) Los Museos Vaticanos han puesto en marcha una ambiciosa restauración de los frescos de la Sala de Rafael en el Palacio Apostólico, que se prevé que dure cinco años y cueste 5,5 millones de euros (unos 6,3 millones de dólares). Los frescos renacentistas —que datan de principios del siglo XVI y han permanecido prácticamente intactos desde su creación— necesitaban con urgencia una limpieza y reparación.
Un equipo de más de veinte restauradores comenzó el 15 de abril el delicado trabajo, utilizando tecnología láser, y se espera que el proceso concluya en 2031. El corredor, de 64 metros de largo y 4 de ancho, cuenta con casi 1.300 metros cuadrados de frescos y estucos diseñados por Rafael y ejecutados entre 1517 y 1519 por sus ayudantes Giulio Romano, Giovanni da Udine y Perin del Vaga. Los diseños incluyen escenas del Antiguo Testamento, motivos botánicos y figuras grotescas.
Rafael, destacado artista y arquitecto del Alto Renacimiento, había recibido del Papa Julio II el encargo de decorar los aposentos papales del Palacio Apostólico. El Papa León X volvió a contratarlo para decorar una de las logias, una sala en el ala oeste del segundo piso, con vistas al Patio de San Dámaso.
«Uno de los testimonios más refinados»
La sala, conocida también como la Logia de Rafael, fue considerada de inmediato una de las máximas expresiones del arte renacentista aplicado a la arquitectura. «Sigue siendo hoy uno de los testimonios más refinados del lenguaje figurativo de principios del siglo XVI», afirmaron los Museos Vaticanos. Barbara Jatta, directora de los Museos, la describió como «un pasaje recorrido durante mucho tiempo por cardenales, altos prelados y embajadores que visitaban al Papa, admirado y copiado por los más grandes artistas italianos y extranjeros, y una parada esencial del Grand Tour». Los trabajos, añadió, «marcarán un momento crucial tanto en la historia de la restauración como en la del arte del Renacimiento italiano».
El coste del proyecto, la primera gran restauración de los frescos, está financiado por el Fondo Mundial de Monumentos y la Fundación Stephen A. Schwarzman.
Un proceso delicado
Angela Cerreta, directora de la restauración, explicó que las pinturas no se encuentran en buen estado: «Es una superficie muy delicada y durante siglos ha estado expuesta a los agentes atmosféricos. Durante muchos años ha sido copiada por miedo a que se perdiera». Recordó que en la década de 1970 el Vaticano intentó restaurar la sala utilizando productos inorgánicos, con un mal resultado: «Desde entonces surgió una especie de leyenda negra sobre esta logia, según la cual era mejor no tocarla». Entre 2019 y 2023 los conservadores realizaron pruebas adicionales para dar con la tecnología adecuada.
El restaurador jefe de pinturas y madera de los Museos Vaticanos, Paolo Violini, señaló que «el examen de la superficie reveló la necesidad de adoptar un método de limpieza en seco para preservar las delicadas capas originales y sus frágiles vestigios, altamente sensibles a la acción de los procesos químicos. La tecnología láser demostró ser excepcionalmente eficaz». El proyecto contempla además la instalación de un nuevo sistema de iluminación y de ventanas con filtros para proteger los frescos de la radiación ultravioleta. Una vez concluida la restauración, los Museos Vaticanos estudian la posibilidad de abrir el pasillo al público en fechas específicas.








