(InfoCatólica) El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha enviado a los obispos de todo el mundo las instrucciones para la readmisión en la plena comunión eclesial de los sacerdotes y fieles laicos que decidan abandonar la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) tras el acto cismático del 1 de julio. El nuevo protocolo, según informa Vatican News, elimina la necesidad de crear comisiones especiales como la que Juan Pablo II dispuso en 1988 mediante el motu proprio Ecclesia Dei y confía el proceso directamente a los ordinarios diocesanos y a los responsables de las comunidades que celebran según el rito antiguo y permanecen en comunión con Roma.
Las instrucciones, que están siendo distribuidas a través de las nunciaturas tal como había anunciado la nota explicativa publicada el 2 de julio por el Dicasterio, distinguen entre el procedimiento aplicable a los sacerdotes y el previsto para los fieles laicos.
Los sacerdotes: carta manuscrita al Papa y período de prueba
Para los sacerdotes que decidan abandonar la FSSPX, el primer paso consiste en «encontrar un Ordinario dispuesto a acogerlo ad experimentum». Este puede ser un obispo diocesano o un superior mayor de institutos religiosos clericales de derecho pontificio y de sociedades clericales de vida apostólica de derecho pontificio. El candidato deberá aceptar el Concilio Vaticano II y la legitimidad del Novus Ordo Missae, aunque continúe celebrando según el rito antiguo.
A continuación, el sacerdote deberá «escribir de su puño y letra una carta al Santo Padre» solicitando «la remisión de las censuras en que haya incurrido», ya sea por haber recibido la ordenación de un obispo excomulgado o irregular, ya por haber ingresado posteriormente en la FSSPX aun habiendo sido ordenado válida y legítimamente. La carta se acompañará del certificado de ordenación sacerdotal, la Professio fidei (Profesión de fe) y la Formula adhaesionis (Fórmula de adhesión), fechadas y firmadas.
Qué comprometen la Profesión de fe y la Fórmula de adhesión
La Profesión de fe recoge las verdades fundamentales de la doctrina católica. La Fórmula de adhesión compromete al sacerdote a guardar fidelidad al Papa y a abstenerse de atacarlo públicamente, así como a su magisterio. Además, acepta la doctrina expuesta en el número 25 de la constitución dogmática conciliar Lumen gentium sobre la adhesión al magisterio de la Iglesia, reconoce como válida la celebración de la Misa según los ritos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II, y asume las normas del Código de Derecho Canónico vigente.
Toda la documentación se remitirá a través del Ordinario, «quien manifestará en la carta de acompañamiento su disponibilidad para acogerlo ad experimentum en su diócesis o en su instituto». Una vez examinada, el Dicasterio expedirá un rescripto de remisión de las censuras y autorizará al obispo a recibir al sacerdote «por un período de prueba de al menos un año y no superior a tres», tras el cual podrá producirse la incardinación definitiva.
Los fieles laicos: evaluación caso por caso
Para los laicos, el Dicasterio precisa que las posibles sanciones «no pueden presumirse de manera automática, sino que deben evaluarse caso por caso», ya que «la imputabilidad requiere pleno conocimiento y consentimiento deliberado».
Entre los supuestos en que puede apreciarse responsabilidad, el documento cita a los miembros de la Tercera Orden de la Fraternidad y a quienes participan habitualmente en sus celebraciones «compartiendo formalmente sus posiciones doctrinales». El procedimiento para estos fieles «implica un acto formal de plena adhesión a la doctrina y de obediencia a la jerarquía católica, bajo la jurisdicción del Ordinario del lugar, garante de la unidad de la Iglesia particular». En concreto, deberán presentar ante su obispo la Professio fidei y la Formula adhaesionis, fechadas y firmadas. «Una vez obtenida la documentación, el Ordinario del lugar se encargará de acoger al fiel laico en el plazo y de la forma que considere más oportunos».
Los laicos no imputables
El documento establece que «no deben considerarse imputables» quienes hayan frecuentado la Fraternidad «únicamente por motivos litúrgicos o espirituales» ni quienes, aun siendo conscientes de las tensiones con la Santa Sede, «no rechacen el Magisterio ni la autoridad del Romano Pontífice». Para estos últimos bastará con acudir «a un sacerdote en plena comunión con la Iglesia, con la decisión de no frecuentar en el futuro la Fraternidad Sacerdotal San Pío X».







