(InfoCatólica) León XIV pide a los cardenales un apoyo «fuerte, explícito y público» y consolida un nuevo modelo de gobierno que prescinde del antiguo Consejo de Cardenales para escuchar directamente a todo el Colegio Cardenalicio. El Papa abrió este viernes en el Aula Pablo VI el segundo Consistorio extraordinario de su pontificado con un discurso en el que definió la misión como «la razón de existir» de la Iglesia y reclamó de los purpurados «libertad, franqueza y lealtad».
El Consistorio, que se celebra los días 26 y 27 de junio, reúne en Roma a los cardenales de la Iglesia para debatir sobre la situación del mundo, la paz, el bien común y la aplicación del proceso sinodal. Es la segunda convocatoria de este tipo desde la elección de León XIV el 8 de mayo de 2025 y confirma su intención de convertir estos encuentros en una herramienta ordinaria de gobierno.
Fin del C9 y consulta a todo el Colegio
Uno de los datos más relevantes de esta convocatoria es la confirmación de que el llamado C9, el Consejo de Cardenales creado por el Papa Francisco, ha dejado de funcionar. El cardenal congoleño Fridolin Ambongo Besungu, que fue miembro de dicho organismo, ha confirmado en declaraciones recogidas por ABC que el consejo «ha dejado de existir tras la muerte del Papa Francisco» y que «el nuevo Pontífice valoriza a todo el colegio cardenalicio».
La decisión responde a una petición formulada por numerosos cardenales durante las congregaciones previas al cónclave de 2025, cuando muchos purpurados expresaron su malestar porque el C9 había concentrado en un grupo reducido una función consultiva que corresponde al conjunto del Colegio. La propuesta fue sustituir ese círculo asesor por consistorios periódicos abiertos a todos los cardenales.
El cambio supone una novedad significativa respecto a los pontificados anteriores. Juan Pablo II convocó seis consistorios extraordinarios en 26 años; Benedicto XVI no convocó ninguno; Francisco celebró tres. León XIV, en apenas un año, ha convocado ya dos y ha anunciado su intención de celebrarlos una o dos veces al año.
Cuatro sesiones bajo el signo de la misión
En su discurso, el Papa detalló los cuatro ejes temáticos del Consistorio. La primera sesión invita a «contemplar el mundo en el que la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio», deteniéndose «ante la realidad, mirarla con los ojos de la fe y dejarnos interpelar por la escucha de los hermanos». En este punto, León XIV evocó su reciente viaje a España: «Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia».
La segunda sesión abordará «la cultura del poder y la civilización del amor», con especial atención a la encíclica Magnifica humanitas. El Papa señaló que muchos cardenales «provienen de tierras marcadas por la guerra, la violencia, la polarización social o religiosa», pero que «ninguno de nosotros es ajeno a las muchas formas de conflicto, de abuso y de fractura que atraviesan hoy nuestras sociedades».
La tercera sesión profundizará en la contribución de la Iglesia a la construcción del bien común, y la cuarta se dedicará a la aplicación del Sínodo, que el cardenal Mario Grech orientará hacia la Asamblea Eclesial prevista para 2028.
«El ministerio no puede vivirse en soledad»
El momento más personal del discurso fue la petición directa de apoyo. «El ministerio que el Señor me ha confiado no puede vivirse en soledad», afirmó el Papa. «Necesita de su experiencia, de su sabiduría pastoral, de su conocimiento de las Iglesias y de los pueblos que les han sido confiados». Y añadió: «Necesito su apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por ustedes como por hermanos».
León XIV pidió a los cardenales que le ayuden «a escuchar lo que emerge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en el silencio, pero también a no ignorar las fatigas, las incomprensiones y las resistencias que pueden ralentizar el camino». Y concluyó: «Un consejo sincero es siempre un acto de comunión».
Sinodalidad como actitud, no como procedimiento
El Papa insistió en que la sinodalidad «no es ante todo un conjunto de procedimientos» sino «una actitud, una apertura, una disponibilidad para comprender». Reconoció que a veces ha sido interpretada como «una disminución de la autoridad», pero defendió que «nos ayuda a comprender más profundamente el significado de la autoridad misma, que existe para custodiar la comunión, favorecer la participación de todos y orientar el camino común de la Iglesia».
Para favorecer este espíritu, el Consistorio se desarrollará con trabajo en grupos reducidos e intervenciones limitadas a tres minutos. El propio León XIV reconoció que este formato no resulta cómodo para todos los purpurados, pero defendió su valor con unas palabras que evidencian su consciencia de las resistencias internas:
«Deseo, por tanto, animarlos a vivir con convicción el trabajo en los grupos. Sé bien que, para muchos de nosotros, no es el modo habitual de desarrollar un Consistorio. Y, sin embargo, también esto forma parte del camino por el que el Señor nos está conduciendo. Naturalmente, quedará espacio también para las intervenciones personales y, como siempre, cada uno podrá hacerme llegar libremente observaciones o reflexiones reservadas. Pero les pido que entren con confianza en este ejercicio eclesial. También nosotros aprendemos la sinodalidad practicándola; aprendemos juntos a crecer en la comunión. Les agradezco desde ahora su disponibilidad, su libertad interior y su amor a la Iglesia».
El Papa encomendó los trabajos al Espíritu Santo «para que nos haga dóciles a su voz y nos conceda la gracia de buscar juntos aquello que mejor sirve al Evangelio y al bien del Pueblo de Dios».






