(InfoCatólica) El Papa León XIV ha visitado este miércoles la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, en Barcelona, donde ha rezado el Santo Rosario con los fieles y ha pronunciado un discurso en el que ha invocado a la Virgen como guía hacia la reconciliación y el amor fraterno. «Ella nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división», ha proclamado el Pontífice en el quinto día de su viaje apostólico a España.
León XIV llegó en helicóptero al santuario tras su visita a una cárcel de Barcelona esa misma mañana. Fue recibido en el atrio, mientras repicaban las campanas, por el Obispo de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat, monseñor Xavier Gómez García, y por el abad del monasterio, Manel Gasch i Huriós. Cerca de un millar de niños le esperaban también en el recinto. Tras un momento de oración en la Capilla del Santísimo Sacramento, el Papa se dirigió al presbiterio, donde se recitó el Rosario antes de su intervención.
Un vínculo personal con la Moreneta
El Pontífice abrió su discurso, pronunciado en parte en catalán, con un recuerdo personal: sus años como párroco de la parroquia de Santa María de Montserrat en Trujillo (Perú). «La Moreneta siempre me ha acompañado. Gracias, Cataluña, por tu fe», afirmó. León XIV se declaró «contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz».
Evocó la historia del santuario recordando que sus muros «podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat» y que «también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo». En esos mismos muros, añadió, «han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles» y se han escuchado «las voces celestiales del canto infantil de la Escolanía más antigua de Europa».
María conduce a Cristo
León XIV enlazó su discurso con las palabras del Papa Francisco cuando, en octubre de 2023, ofreció la rosa de oro a la imagen de Montserrat. En aquella ocasión, el pontífice argentino señaló que «durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este Santuario desgranando las cuentas del rosario, porque María, Mare de Déu, es fundamental en la vida de todo cristiano» y que «delante de la Madre [...] se despiertan los sentimientos más nobles de una persona». León XIV añadió que la Virgen «suscita en nosotros conversiones profundas», como la de san Ignacio de Loyola, que en Montserrat, «después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo».
Con esa misma actitud filial, el Papa invitó a acoger las palabras de María en Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Estas palabras, explicó, «contienen un verdadero programa de vida cristiana, porque María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme». La voluntad de Jesús, prosiguió, es clara: «Esto os mando: que os améis unos a otros» (Jn 15,17), un amor que tiene en Él mismo «su medida y su fuente». Por ello, cuando María dice «Haced lo que Él os diga», «nos invita a alcanzar un corazón reconciliado con los criterios del Evangelio».
La violencia oculta en las palabras
El Papa subrayó que Jesús «nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre» y, al mismo tiempo, «desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide». Esa violencia, advirtió, «puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias».
Frente a esas corazas, León XIV invitó a contemplar a María de Montserrat, «que nos muestra a Jesús como un niño indefenso descansando en su regazo». «Depongamos hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco a poco el corazón», pidió, y recordó que el Niño Dios que la Virgen sostiene en sus brazos «no lleva armaduras y será Él mismo quien luego, desnudo en la cruz, se abandone totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor».
El Pontífice exhortó a revestirse únicamente con «las armas de Dios» descritas por san Pablo: «la verdad, la coraza de la justicia, la prontitud para el Evangelio de la paz, el escudo de la fe, el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios» (cf. Ef 6,14-17).
Una oración por la comunión y la paz
León XIV pidió considerar cómo la Virgen, en su mano derecha, «sostiene la esfera del mundo, signo de su cuidado materno, porque el mundo entero tiene cabida en su corazón». Y concluyó con una súplica a María, Reina de la paz, para que enseñe «a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias» y a «custodiar y cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz».
El Papa cerró su discurso invitando a los fieles a honrar a la Virgen con una oración: «De los catalanes siempre seréis la Princesa, de los españoles y del mundo todo el amor; decidnos: "Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis"».
Tras la bendición, el canto de la Salve Regina y el himno mariano del Virolai, León XIV se retiró para una breve oración en la capilla de la Virgen. Después se asomó al balcón para saludar a los presentes en la plaza, a quienes agradeció la «hermosa manifestación de fe» y dio gracias «a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia». También expresó su gratitud a «la comunidad de nuestros hermanos los monjes que reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a María nuestra Señora».






