León XIV pide ser «testigos y profetas de unidad» en su primera homilía en Barcelona
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Pronunciada parcialmente en catalán tras la última campaña previa a la visita

León XIV pide ser «testigos y profetas de unidad» en su primera homilía en Barcelona

En la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, el Papa estructuró su primera homilía barcelonesa en torno a la Iglesia como Esposa y Cuerpo, citando a Francisco y a Juan Pablo II para pedir armonía «más allá de toda polarización».

 

 

 

(InfoCatólica) León XIV llamó a ser «mártires, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz» en la primera parada de su jornada barcelonesa, la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, donde rezó la Hora Sexta junto a unos 500 fieles y pronunció por primera vez parte de una homilía en catalán. No se sabe todavía si es el suficiente catalán el usado dada la última campaña previa al viaje.

 

El Papa llegó a Barcelona procedente de Madrid la mañana de este martes 9 de junio, iniciando la segunda etapa de su viaje apostólico a España. A su llegada al aeropuerto de El Prat, con unos 40 minutos de retraso sobre el horario previsto, fue recibido por representantes de la Generalitat de Catalunya. Desde allí se trasladó en coche hasta la catedral, donde le aguardaba el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona.

 

Tras un momento de oración ante el Santísimo Sacramento en una de las capillas, el Pontífice recorrió la nave central y tomó asiento en la cátedra episcopal, la silla más antigua de la ciudad que sigue en uso, al menos desde la consagración de 1058 según una tradición.

 

La Iglesia como Esposa amada y Cuerpo de Cristo

 

El Santo Padre estructuró su homilía en torno a dos imágenes tomadas de la lectura proclamada (1 Co 12,12-13): la Esposa y el Cuerpo. La primera, explicó, recuerda que la Iglesia «es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor».

 

«Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas», aseguró a los presentes, a quienes invitó a «renovar, concordes, el propósito de caminar juntos, todos, fieles y Pastores, tras las huellas de Cristo, hacia la plenitud de la vida».

 

León XIV evocó dos intervenciones de su predecesor, el Papa Francisco, dirigidas a la comunidad diocesana barcelonesa. La primera, un videomensaje con motivo de la inauguración de la torre de la Virgen María de la basílica de la Sagrada Familia el 8 de diciembre de 2021, en el que recomendaba iniciar «desde el encuentro con Cristo» para crecer «en fraternidad, en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio». La segunda, un año después, a seminaristas de la Archidiócesis de Barcelona peregrinos en Roma: «No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón».

 

Con estas palabras, el Papa describió el clima que la comunidad eclesial está llamada a difundir: «un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón».

 

Barcelona, «hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana»

 

En los pasajes que pronunció en catalán, León XIV recordó la visita de Juan Pablo II a Barcelona en 1982, cuando el Papa polaco alabó «el ánimo acogedor que a lo largo de la historia ha llevado a barceloneses y catalanes a compartir ciudadanía humana y cristiana con innumerables gentes» y animó a «proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana».

 

El Papa señaló que en esas palabras «encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización», y vinculó ese legado con «la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad» que la comunidad diocesana sostiene hoy.

 

El uso del catalán por parte de León XIV se produjo en un contexto de debate público en Cataluña sobre la lengua que emplearía el Pontífice durante sus actos en Barcelona. La controversia se había intensificado después de que trascendiera que la bendición de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia se desarrollaría principalmente en castellano. En el Congreso de los Diputados, donde el Papa intervino el lunes, la parlamentaria de Junts per Catalunya Miriam Nogueras le pidió que hablase en catalán.

 

«Somos fuertes porque estamos unidos»

 

La segunda imagen de la homilía, la del Cuerpo, sirvió al Papa para subrayar que la cooperación eclesial «no es una elección de "estilo", sino una necesidad fisiológica», fundada en la gracia concedida a cada uno «según la medida del don de Cristo» (Ef 4,7). Es el Espíritu, afirmó, quien «nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza».

 

León XIV ilustró la diversidad de funciones dentro de la Iglesia con la imagen paulina del cuerpo: «También entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta».

 

El mensaje, insistió, es siempre el mismo: «En la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos». Y advirtió que «es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día».

 

Mártires de unidad, como Santa Eulalia

 

Recordando a Barcelona como «Cap i Casal de Catalunya», el Pontífice señaló que esta condición otorga a barceloneses y catalanes «una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad».

 

Antes de concluir, citó a San Agustín sobre los mártires: «No nos parezca poca cosa el ser miembros de aquel de quien lo fueron aquellos con quienes no podemos equipararnos; obedecemos al mismo Señor, perseguimos la misma caridad y abrazamos la misma unidad».

 

Con ese espíritu, León XIV exhortó a ser «mártires» de unidad «incluso a costa de sacrificios y renuncias», dispuestos «a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre». Cerró la homilía con la oración de Jesús en la Última Cena: «Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí» (Jn 17,23), e invocó a la Virgen de la Merced como Madre de la unidad.

 

Al finalizar la celebración, el Papa bajó a la cripta para orar ante el sepulcro de Santa Eulalia, copatrona de Barcelona, cuyo martirio a los 13 años forma parte de la identidad de la catedral. A la salida, improvisó un saludo a la multitud que le esperaba, despidiéndose con un último guiño en catalán: «Adéu siau!». A continuación se trasladó a la Casa Arzobispal, donde estaba prevista una comida y reuniones privadas con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, agendada a última hora en vista de que Ayuso en Madrid sí le recibió y con miembros de la Orden Agustina.

 

 

Tras un apoteósico recibimiento en Barcelona, el Papa llama a ser «mártires» de la unidad

León XIV dedicó la mañana de este martes en Madrid a agradecer el trabajo de los miles de voluntarios que han hecho posible la organización de su viaje apostólico a España y puso rumbo a Barcelona para tocar los vestigios milenarios de la arraigada fe cristiana en España.

En la Catedral barcelonesa de la Santa Cruz y Santa Eulalia, cuya construcción comenzó a finales del siglo XIII sobre templos paleocristianos y románicos, convirtiéndose un siglo después en una de las joyas más importantes del gótico europeo, rezó la hora sexta junto a unos 500 fieles.

La gente vibró con su llegada. El Pontífice iba acompañado por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, quien realizó un gesto con las manos para indicar a las personas que aguardaban en el exterior que el Papa debía marcharse. El avión había aterrizado en la ciudad condal con un retraso de 40 minutos.

Durante la ceremonia, el Papa se sentó en la silla más antigua -- cátedra, es decir, el asiento del obispo-- de la ciudad que sigue manteniendo su uso, como mínimo, desde la consagración de 1058, según ha demostrado una reciente investigación.

«En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos se ‘mártires’ es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias», señaló León XIV en la homilía, en la que pronunció, por primera vez, varias frases en catalán, lengua propia de Cataluña, cooficial con el castellano, y principal idioma de la administración autonómica.

Símbolo de la identidad cultural catalana, en los últimos días se ha abierto un debate público en Cataluña sobre el idioma que emplearía el Pontífice durante los actos previstos en Barcelona.

La controversia se intensificó después de que trascendiera que la bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia --uno de los momentos centrales de la visita-- se desarrollaría principalmente en castellano.

En el Congreso de los Diputados, donde el Papa pronunció un discurso inédito este lunes, la parlamentaria de Junts per Catalunya, Miriam Nogueras, le pidió que hablase catalán.

«Es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día», aseguró el Pontífice, que alternó el catalán y el español en la homilía.

León XIV citó dos discursos de su predecesor, el Papa Francisco, que si bien nunca visitó España, tuvo varios mensajes de cariño hacia el país.

Con motivo de la inauguración de la torre de la Virgen María de la basílica de la Sagrada Familia, el 8 diciembre 2021, mandó un mensaje, como recordó León XIV, en el que señaló que la Iglesia «es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor».

Un año después, el Papa argentino repitió a los seminaristas de la Archidiócesis de Barcelona, peregrinos en Roma: «No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón».

El Papa estructuró su homilía en torno a la figura de la Iglesia Católica como esposa amada y Cuerpo, todos miembros de un único organismo.

Es el Espíritu quien «como partes de una única estructura viva, nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza», dijo el Santo Padre.

Como en un cuerpo, continuó, «también entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta».

Así, apeló a las distintas imágenes con las que se puede «ilustrar la variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros» pero con un mismo mensaje.

«En la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos», aseguró.

Al llegar, León XIV fue recibido por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella. Tras la bendición, le dirigió a la capilla del Santísimo para una breve oración personal.

De camino hacia el altar, el Papa pasó junto a la pila bautismal, que fue construida en 1433. Fue en ese baptisterio donde los primeros seis indios de América traídos por Cristóbal Colón recibieron el sacramento de entrada a la Iglesia, tal y como recuerda una lápida situada en la capilla.

Todo ello forma parte de la historia de la Catedral, que hereda una tradición de culto en este lugar de Barcelona que se remonta al siglo IV.

Lo último que hizo León XIV fue bajar a la cripta, donde se encuentra el sepulcro de la mártir romana Santa Eulalia, copatrona de Barcelona.

Antes de su martirio, la joven se dedicaba a pastorear ocas. Por ello, en el claustro de la catedral se guardan actualmente 13 ocas en honor a la santa, por sus 13 martirios y la edad con la que murió por el Señor.

El Pontífice también habló de «tantos otros mártires» y llamó a responder «nuestro ‘sí’, dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre».

Al despedirse de la multitud a la entrada de la catedral, León XIV tuvo un último guiño a la lengua catalana: «Adéu siau!»

===NOTICIA===

 El Papa en Barcelona: Ser testigos y profetas de unidad, acogida, concordia y paz

El primer encuentro del León XIV en Barcelona ha tenido lugar en la catedral de la Santa Cruz y de Santa Eulalia para la oración de la Hora Media. En su homilía, el Pontífice recordó que, en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu. Asimismo, exhortó a no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.

Rocio Lancho García - Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV ha llegado a Barcelona procedente de Madrid este martes 9 de junio, iniciando así la segunda etapa de su viaje a España. A su llegada al aeropuerto de El Prat, el Santo Padre fue recibido por algunos representantes de la Generalitat de Catalunya. Desde allí se ha trasladado en coche hasta la catedral de Barcelona, para la oración de la Hora Media.

Al llegar a la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, el Papa fue recibido por el arzobispo metropolitano de Barcelona, el cardenal Juan José Omella Omella. Posteriormente entró en una de las capillas para un momento de oración delante de Santísimo Sacramento y, sucesivamente, recorrió la nave central. Tras unas palabras de bienvenida del cardenal Omella, el Santo Padre pronunció su homilía, en la que leyó algunos fragmentos en catalán.

Hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana

Haciendo referencia a la lectura proclamada, León XIV reflexionó sobre dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo. La primera, explicó el Papa, nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada.

«Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas», aseguró a los presentes. Asimismo, subrayó que la Iglesia «es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios» y, ante todo, «crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor».

Haciendo referencia a unas palabras que el Papa Francisco dedicó a esta comunidad diocesana, León XIV explicó que el «clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes» debe ser «un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón». También evocó unas palabras de su predecesor Juan Pablo II durante su visita a esta ciudad en 1982, cuando animó a «proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana». En sus palabras -- prosiguió el Papa - encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Según afirmó León XIV, estas personas hoy se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.

En la riqueza de los dones recibidos somos fuertes

En segundo lugar, el Papa profundizó sobre el Cuerpo: «Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros», «todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad». El Papa destacó la importancia de este aspecto porque «nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de ‘estilo’, sino una necesidad fisiológica», y a la que «correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados». Es el Espíritu quien, «nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza», indicó el Pontífice.

En esta misma línea reflexionó sobre la «variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros», asegurando que el mensaje es siempre el mismo: «en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu». Por ello, León XIV advirtió de la importancia de «no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día».

Testigos y profetas de unidad

En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, y en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, el Papa invitó a ser «mártires», es decir, «testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias». Queremos responder nuestros ‘sí’, - afirmó el Pontífice - dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre.

Para concluir su intervención, el Obispo de Roma recordó las palabras de Jesús en la Última Cena: «Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí».

Al finalizar, el Papa fue a la cripta para un momento de oración delante de la tumba de santa Eulalia. Después salió a la calle e improvisó un saludo a la multitud que le esperaba. Sucesivamente, acude a la Casa Arzobispal donde comerá y se reunirá de forma privada con el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa i Roca, y a los miembros de la Orden Agustina.

===DOCUMENTO===

 

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

ORACIÓN DE LA HORA MEDIA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia (Barcelona)

Martes, 9 de junio de 2026

[Multimedia]

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@idioma: alterna Español y catalán

Estimats germans i germanes,

Amb gran goig començo la meva visita resant l’Hora sexta en aquesta Catedral amb tots vosaltres.

[Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría inicio mi visita rezando la Hora sexta en esta Catedral junto a vosotros.]

El Concilio Vaticano II define el Oficio divino como «la voz de la misma Esposa que habla al Esposo» (Sacrosanctum Concilium, 84) y «la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre» (ibíd.). También la Lectura que hemos escuchado subraya que todos «hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo» (1 Co 12,13). Podemos entonces dejarnos ayudar, en nuestra reflexión, precisamente por estas dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo.

La primera nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada. Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas. Él os ha elegido a vosotros para representar hoy la «comunidad de los santos» (cf. 1 Co 1,2) que está en Barcelona. Y es con esta conciencia que os invito a renovar, concordes, el propósito de caminar juntos, todos, fieles y Pastores, tras las huellas de Cristo, hacia la plenitud de la vida. La Iglesia es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor.

A este respecto, el Papa Francisco, no hace muchos años, recomendaba a esta Comunidad diocesana iniciar «desde el encuentro con Cristo» para crecer «en fraternidad, en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio» (Videomensaje con motivo de la inauguración de la torre de la Virgen María de la basílica de la Sagrada Familia, 8 diciembre 2021), y, un año después, repetía a los seminaristas de esta misma Archidiócesis, peregrinos en Roma: «No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón […]. No apaguen nunca ese fuego que los hará intrépidos predicadores del Evangelio» (Discurso a la comunidad del Seminario de Barcelona, 10 diciembre 2022).

Sus palabras indican el clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes, en las familias, en las parroquias, en los lugares de trabajo y de formación, en los ambientes de la Curia y en cualquier otro ámbito de vida: un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón.

Estimats amics, Barcelona, en aquest sentit, té una gran tradició d’Església. Ho recordava sant Joan Pau II quan, en la seva visita aquí, lloava «l’ànim acollidor que al llarg de la història ha dut als barcelonins i catalans, a tots vosaltres, a compartir la ciutadania humana i cristiana amb moltíssima gent» (Àngelus, Barcelona, 7 novembre 1982), i us animava a «proclamar davant l’Església que aquesta ciutat i aquesta regió són un lloc ampli i obert a la fraternitat cristiana» (ibíd.).

Amb les seves paraules trobem rostres de tants germans i germanes que entre vosaltres s’han entregat i s’entreguen per construir harmonia i comunió, més enllà de tota polarització. I també avui hi trobem confirmació en la vitalitat de tantes obres d’anunci, de formació i de caritat de les quals tots vosaltres sou animadors i protagonistes.

[Queridos amigos: Barcelona, en esto, tiene una gran tradición de Iglesia. Lo recordaba san Juan Pablo II cuando, en su visita aquí, alababa el «ánimo acogedor que a lo largo de la historia ha llevado a barceloneses y catalanes, a vosotros, a compartir ciudadanía humana y cristiana con innumerables gentes» (Ángelus, Barcelona, 7 noviembre 1982), y os animaba a «proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana» (ibíd.).

En sus palabras encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Y también hoy ellas se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.]

Esto nos lleva a la segunda imagen en la que queremos detenernos: la del cuerpo, objeto inmediato de la lectura que hemos escuchado (cf.1 Co 12,12-13). Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros, «hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9), todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad. También esto es importante, porque nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de «estilo», sino una necesidad fisiológica, fundada en la gracia concedida a cada uno «según la medida del don de Cristo» (Ef 4,7), y a la que correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados. Es el Espíritu quien, como partes de una única estructura viva, nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza.

Como en un cuerpo, también entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta.

Son muchas las imágenes con las que podríamos ilustrar la variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros, pero el mensaje es siempre el mismo: en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos (cf. Ef 4,4). Por tanto, es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.

Barcelona és anomenada «Cap i Casal de Catalunya». Això dóna a aquesta comunitat, i a tots vosaltres, barcelonins i catalans, una vocació i una responsabilitat especial per convertir-vos, amb l’ajuda de Déu, en constructors d’unitat.

Ara venerarem les restes de santa Eulàlia copatrona d’aquesta Catedral, d’aquesta Arxidiòcesi i d’aquesta Ciutat.

[Barcelona es llamada «Cap i Casal de Catalunya». Lo que da a esta comunidad, a todos vosotros, barceloneses y catalanes, una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad.

Dentro de poco veneraremos los restos de santa Eulalia, copatrona de esta Catedral, de esta Archidiócesis y de esta Ciudad.]

San Agustín, hablando de los Mártires, decía: «No nos parezca poca cosa el ser miembros de aquel de quien lo fueron aquellos con quienes no podemos equipararnos […] obedecemos al mismo Señor […], perseguimos la misma caridad y abrazamos la misma unidad» (Sermón 280, 6).

Queridos hermanos y hermanas: con este espíritu es que también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser «mártires», es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias. Como la virgen Eulalia y tantos otros mártires, queremos responder nuestro «sí», dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre (cf. Mt 16,24-26).

Això ens ensenya el Crucificat, a això ens conviden l’apòstol Pau i els exemples dels sants, això volem fer plegats, segons l’oració de Jesús al Pare, durant el l’ Últim Sopar: « Que jo estigui en ells i tu en mi, perquè siguin plenament u. Així el món reconeixerà que tu m’has enviat i que els has estimat a ells com m’has estimat a mi» (Jo 17,23).

Que Maria, Mare de l’Església i Mare de la unitat, ens ajudi a ser fidels a aquest compromís i a aquesta missió. «Mare de Déu de la Mercè, pregueu per nosaltres».

[Esto nos enseña el Crucificado, a esto nos invitan el apóstol Pablo y los ejemplos de los santos, esto queremos hacer juntos, según la oración de Jesús al Padre, durante la Última Cena: «Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí» (Jn 17,23).

Que María, Madre de la Iglesia y Madre de la unidad, nos ayude a ser fieles a este compromiso y a esta misión: «Santa Maria de la Mercè, pregueu per nosaltres».]

 

3 comentarios

Urbel
Para el culto sería muy preferible el latín .....
9/06/26 4:12 PM
Cordá Lac
TITULARES:
Pronunciada parcialmente en catalán tras la última campaña previa a la visita
León XIV pide ser «testigos y profetas de unidad» en su primera homilía en Barcelona
* * *
Es contradictorio lo del catalán y perdir ser profetas de unidad. ¿O es que se nos ha olvidado Babel?
El idioma conforma el pensamiento y, por tanto, la diferencia y la discrepancia. Más idiomas, más conflictos; y eso es impepinable.
9/06/26 6:34 PM
Lorenzo Valla
Me da la impresión de que en Cataluña les importa más la lengua en la que hable el Papa que lo que diga el Papa. Lamentable.
9/06/26 7:25 PM

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