(InfoCatólica) Los monjes cartujos se reunirán este mes de mayo de 2026 en su capítulo general en la Gran Cartuja (Grande Chartreuse) para decidir si realizan ajustes dentro de su tradición litúrgica propia.
Para entender la importancia de este cambio, conviene tener en cuenta que la Orden Cartuja se caracteriza por haber mantenido contra viento y marea la misma regla, la misma vida monástica y la misma liturgia a lo largo de los siglos. Esta estabilidad se resume en el adagio nunquam reformata quia nunquam deformata (es decir, “nunca ha sido reformada porque nunca ha sido deformada”).
La particular liturgia cartujana ha existido prácticamente desde la fundación por San Bruno de la orden en el siglo XI y fue tomada en gran parte del anterior uso de la diócesis de Grenoble. Cuando San Pío V unificó la liturgia romana tridentina, se mantuvo como un uso propio venerable e independiente, centrado en la liturgia monástica, dentro del rito romano. Los cambios posteriores fueron mínimos, como por ejemplo una adaptación al texto de la Vulgata en 1678 a petición de Roma.
Incluso tras la reforma del Concilio Vaticano II, los cambios fueron pequeños, en contraste con lo que sucedió en el resto rito romano. El hecho de que la liturgia de los cartujos fuera, con diferencia, la más austera y simple de la Iglesia Latina favoreció su permanencia. Del mismo modo, la regla de los cartujos se mantuvo en gran medida inalterada por deseo de los propios monjes, con pequeñas modificaciones realizadas por el papa Pablo VI.
Esta situación peculiar de la liturgia cartujana es la causa de que el anuncio de posibles cambios litúrgicos haya despertado alarmas en los que temen que el uso litúrgico de los cartujos podría ser sometido a una transformación radical para modernizarlo. En efecto, ya en 2025 algunos expertos dieron por hecho que este año se aprobaría un nuevo Misal cartujano por iniciativa del Vaticano y se reformaría drásticamente la liturgia eucarística de la orden o incluso se abandonaría en favor del rito romano general.
Para tranquilidad de expertos y amigos de la orden, se ha anunciado que no se realizará ninguna reforma radical, sino solo pequeños ajustes o adaptaciones. Estos cambios buscan responder a necesidades actuales sin romper la continuidad de la tradición cartuja. Los cambios afectarían únicamente al Oficio divino (es decir, la oración diaria de los monjes compuesta por las horas litúrgicas de maitines, laudes, horas intermedias, vísperas y completas). Además, serían cambios propuestos por los propios cartujos y no impuestos por el Vaticano.
El cambio principal será el del Oficio de Pentecostés, mediante la adición de algunos salmos acompañados de sus propias antífonas. También se cambiará el texto de ciertas oraciones posteriores al Concilio Vaticano II, para asegurar su fidelidad a la tradición litúrgica. Si el Capítulo General aprueba las modificaciones, deberán someterse al Dicasterio para el Culto Divino, que tomará la decisión final.
No se prevé, pues, la realización de modificaciones en el Misal cartujano, de manera que la liturgia de la Misa se mantendrá intacta.








