Sacerdotes del Ordinariato anglicano denuncian las dificultades que les ponen los propios obispos ingleses
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«Una niebla de mediocridad»

Sacerdotes del Ordinariato anglicano denuncian las dificultades que les ponen los propios obispos ingleses

Un sacerdote que trajo a 72 fieles anglicanos a la Iglesia y otro que recorre el mundo sin parroquia ni sueldo denuncian el bloqueo del episcopado inglés al Ordinariato, pese al respaldo explícito del Papa León XIV.

(InfoCatólica) Un sacerdote que se llevó consigo a 72 fieles anglicanos. Otro que fue conductor de autobuses de dos pisos en Londres antes de ordenarse, y que hoy recorre el mundo defendiendo a los cristianos perseguidos sin cobrar un penique de su diócesis. Ambos pertenecen al Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham, la estructura creada por Benedicto XVI en 2009 para acoger a antiguos anglicanos en plena comunión con Roma. Y ambos denuncian que, pese al respaldo explícito del Papa León XIV y de un reciente documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), el episcopado católico de Inglaterra y Gales sigue asfixiando el potencial de una institución que no ha recibido ni un solo edificio parroquial en más de quince años de existencia.

Dos caminos hacia Roma

En una amplia conversación en el podcast Holy Smoke de The Spectator, conducido por Damian Thompson, los padres Ed Tomlinson y Benedict Kiely han repasado sus trayectorias, tan diferentes como reveladoras del carisma del Ordinariato.

Tomlinson ejercía como clérigo anglicano en Tunbridge Wells cuando tuvo la certeza de que necesitaba hacerse católico. Visitó al obispo de Brentwood para explorar el camino, pero entonces le pidieron que fuera a ver una iglesia, St Barnabas, y tuvo una experiencia espiritual que le convenció de quedarse. «Casi me castigué a mí mismo: "¿por qué he hecho esto cuando sé que necesito ser católico?"», recordó. Pocos años después se anunció la creación del Ordinariato: «Fue un momento muy emotivo, porque de repente comprendí cuál era el plan de Dios».

Lejos de marcharse en silencio, Tomlinson creó un «grupo de exploración del Ordinariato» en su parroquia anglicana e invitó a toda la congregación: «Les dije que hay una razón honrosa para quedarse como anglicano. Pero si alguien quería hacer el camino conmigo, sería muy bienvenido». De los aproximadamente cien fieles de su congregación, 72 le siguieron a la Iglesia católica, uno de los grupos más numerosos en la historia del Ordinariato británico. «Un número tan bíblico», apuntó Thompson.

La historia de Kiely es, si cabe, más insólita. Pese a su nombre «impecablemente católico», como bromeó Thompson, fue bautizado católico pero criado como anglicano después de que sus padres dejaran la Iglesia. A los 17 años descubrió por sí mismo que era católico, se confirmó y acabó ordenándose sacerdote. Lleva 32 años de ministerio. Antes del seminario tuvo una breve carrera como conductor de autobuses de dos pisos en Londres, «principalmente la línea 9, de Mortlake a Liverpool Street pasando por Piccadilly Circus». Se estrelló dos veces.

Cuando sintió la llamada a dedicar su sacerdocio a los cristianos perseguidos, su obispo en Vermont le dejó volver a Inglaterra. Allí, en un almuerzo en un pub en Pembury, se encontró sentado junto al padre Tomlinson, que le propuso sin preámbulos unirse al Ordinariato. «Yo no pensaba que fuera una posibilidad. Nunca lo había considerado», reconoció Kiely. Pero su infancia anglicana le abría la puerta. Hoy es el único sacerdote que era católico antes de incorporarse al Ordinariato, aparte del obispo Steven Lopes en Estados Unidos. «No sé si me colé por debajo del radar», bromeó.

La acogida del entonces ordinario, monseñor Keith Newton, fue amable pero franca: «Tenemos un ministerio para usted, pero no le voy a pagar, ni alojar, ni alimentar». Kiely fundó la organización Nazarene (nazarene.org) para la defensa de los cristianos perseguidos y otras minorías religiosas, y hoy recorre el mundo bajo la bandera del Ordinariato sin parroquia ni rectoría propias, recaudando él mismo los fondos necesarios.

«Son el tipo equivocado de anglicanos»

Ambos sacerdotes describieron un clima de resistencia institucional que se remonta al día mismo de la fundación. Thompson recordó que en la conferencia de prensa posterior al anuncio de Benedicto XVI, el cardenal Cormac Murphy-O'Connor «estaba claramente furioso». Tomlinson citó a un obispo católico ya fallecido que habría dicho sobre los conversos anglocatólicos: «Pero son el tipo equivocado de anglicanos».

Cuando Tomlinson llegó a su parroquia de Pembury, puso sobre la mesa el catecismo, el misal y la Biblia ante sus nuevos feligreses: «Les dije: "Les prometo que no van a recibir nada que no esté aquí". Y eso provocó que 20 personas se levantaran y no volvieran nunca». A su juicio, el problema de fondo es que los sectores más progresistas del catolicismo inglés perciben el Ordinariato como algo desafiante: sacerdotes apasionados por la tradición y la doctrina, provenientes de un mundo anglocatólico que el establishment liberal no podía controlar porque el Ordinariato goza de autonomía canónica.

Tomlinson añadió un factor más sutil: la «memoria de gueto» del catolicismo inglés, históricamente asociado a la inmigración irlandesa. «Estos jóvenes ingleses advenedizos procedentes de colegios privados y de Oxbridge quizá tocaron algunas viejas tensiones profundamente subconscientes. No éramos parte de la tribu». Muchos obispos, opinó, «habrían preferido que simplemente nos convirtiéramos en ellos».

El padre Kiely fue aún más incisivo. Evocó las palabras de Hilaire Belloc a Evelyn Waugh en los años 30, cuando describió la jerarquía católica inglesa como «una niebla de mediocridad». «A veces creo que la niebla aún no se ha disipado», sentenció.

La resistencia no viene solo del lado católico. Thompson señaló que la Iglesia de Inglaterra, que está cerrando templos a un ritmo acelerado, tampoco quiere vender edificios al Ordinariato. Tomlinson lo confirmó: la creación de la estructura fue percibida como una agresión —«el Papa aparca sus tanques en el jardín de Lambeth», se decía— porque un catolicismo «robustamente católico e inglés» les quita «la alfombra de debajo de los pies» a quienes pretenden que el anglicanismo es el verdadero catolicismo inglés, solo que sin el Papa.

Por qué los anglocatólicos no cruzan el Tíber

Thompson planteó la pregunta inevitable: ¿por qué tantos anglocatólicos que rechazan el sacerdocio femenino y celebran liturgias de «plena fe y pleno ritual» permanecen en una iglesia cuya primada es Sarah Mullally?

Tomlinson ofreció su propia explicación, acuñada años atrás en un artículo de blog: «las cinco ces», de las que en la conversación desarrolló dos. La primera, cash (dinero): la pensión anglicana es muy superior a lo que un sacerdote católico puede esperar. La segunda, class (clase social): para algunos, ser capellán del alcalde o moverse en determinados círculos era un aliciente difícil de abandonar. «Es un poco malicioso por mi parte, pero creo que es verdad», reconoció.

Con todo, las conversiones no se han detenido. Thompson citó el caso reciente del Dr. Robin Ward, rector de St Stephen's House, el principal colegio teológico anglocatólico, que tras años de resistencia acabó dando el paso al Ordinariato.

El Divine Worship, «joya de la corona»

Ambos sacerdotes coincidieron en señalar la liturgia propia del Ordinariato, el Divine Worship, como su principal activo evangelizador. Este rito emplea el Canon Romano traducido al inglés en registro litúrgico clásico, se celebra habitualmente ad orientem, y la comunión se recibe de rodillas y en la lengua.

Kiely lo describió como «la respuesta perfecta» tanto para los católicos atraídos por la tradición como para quienes no desean asistir a la Misa en latín: «En tres días de celebrar el Divine Worship, es completamente diferente. Es sacrificial. Es algo muy profundo». Tomlinson subrayó que el rito no procede tanto del Book of Common Prayer cuanto del antiguo English Missal anglocatólico, enraizado en la tradición litúrgica de Sarum, anterior a la Reforma: «Lo que el Papa Benedicto quería que hiciéramos era reclamar ese antiguo rito en la vieja lengua inglesa, para recordar a los ingleses que en realidad son un país católico y pueden volver a serlo».

Kiely recordó además una homilía del cardenal Vincent Nichols por el décimo aniversario del Ordinariato en la que afirmó que «una llamada particular del Ordinariato era recordar a los católicos ingleses a nuestros santos de antes de la Reforma»: los Anselmos, los Dunstans, los Alfegos, no solo los mártires posteriores.

Cómo se entra en el Ordinariato

Preguntado por Thompson sobre si un católico que nunca haya sido anglicano puede pertenecer plenamente al Ordinariato, Tomlinson explicó que el requisito formal es haber sido anglicano o tener un vínculo familiar con el anglicanismo. «Una cosa que yo suelo hacer es bautizar a un nuevo bebé en el Ordinariato, y entonces los padres pueden unirse porque el bebé es miembro», reconoció con pragmatismo. Quienes no cumplan estas condiciones pueden igualmente «adorar allí y ser parte de la congregación».

En la práctica, ambos sacerdotes señalaron que la mayoría del crecimiento actual en Pembury ya no procede de conversiones anglicanas, sino de católicos atraídos por la liturgia y la vida comunitaria del Ordinariato. Lo cual plantea una pregunta que el propio Thompson formuló: ¿depende el futuro de la estructura de un flujo continuo de conversos desde el anglicanismo, o necesita una base diferente? Tomlinson fue claro: «Nuestro crecimiento viene también de dentro del redil católico».

Un documento vaticano que cambia el panorama

La conversación se produjo tras la publicación por el DDF de un documento que, según Tomlinson, constata sobre el terreno «buena predicación, belleza en la liturgia» y comunidades donde las familias prosperan. «Sea quien sea el que pudiera ser un detractor, lo que ahora sabemos sin ninguna duda es que el Vaticano está cien por cien detrás del Ordinariato. Es una noticia realmente positiva», afirmó.

Futuro: edificios, financiación y visión

Preguntados por sus expectativas a diez años vista, ambos sacerdotes señalaron la necesidad urgente de recursos. Kiely apuntó que el Ordinariato en Estados Unidos «tiene dos cosas: dinero y edificios», mientras que en Inglaterra carece de ambos. «Los primeros diez años, probablemente no los necesitábamos. Nos estábamos estableciendo. Pero ahora necesitamos dinero y necesitamos edificios», admitió.

Kiely abogó por que el Divine Worship se establezca como norma en todas las congregaciones, y no como una opción subordinada al servicio de las parroquias diocesanas: «O decimos: "Lo siento, señor obispo, no podemos dejar que tenga a uno de nuestros sacerdotes porque este es su patrimonio"». Su esperanza es que todo fluya de la liturgia, como en la tradición de los sacerdotes anglocatólicos victorianos que «creaban una liturgia increíblemente semicatólica» al tiempo que trabajaban en los barrios más pobres de Londres.

Tomlinson, moderadamente optimista, estableció una analogía con los oratorianos: «Podemos tener unas cuantas parroquias conocidas por superar su peso, por ofrecer algo distintivo y hermoso. No estamos aquí para tomar el control, pero estamos aquí para correr al lado». Pero advirtió del peligro de la asimilación: muchos sacerdotes del Ordinariato sirven en parroquias diocesanas sin voz sobre la liturgia ni posibilidad de ejercer su carisma propio. «Si se les diera una iglesia donde estuvieran al mando, creo que en cinco años estarían siendo autosuficientes y tendrían crecimiento».

4 comentarios

franciscus
Era bastante obvio que pasara: los angocatólicos cruzan el charco hastiados de progresismo y se topan con un clero ¨católico¨que quiere ir precísamente hacia allá. La Tradición es fecunda y el modernismo no.
27/04/26 3:08 PM
Dámaso
Un buen tema para que el papa lo trate con la "papisa"anglicana.
27/04/26 5:21 PM
Francisco Javier
Huyen del progresismo anglicano y mientras tanto los progresistas de la jerarquía católica nos quieren volvernos parecí al anglicanismo. Claro que tendran dificultades por parte de ciertos obispos.
27/04/26 5:48 PM
Giacomo Arlecchi
Parece mentira pero es real. Que apatía más desagradable... es incomprensible
27/04/26 5:50 PM

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