(InfoCatólica) El Papa León XIV presidió este domingo en la Basílica de San Pedro la Misa con ordenaciones presbiterales en el IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En la homilía, el Pontífice desgranó ante los nuevos sacerdotes y la asamblea los «secretos» de la vida sacerdotal a partir del Evangelio de san Juan (Jn 10,1-10), y más tarde, desde la ventana del Palacio Apostólico, invitó a los fieles reunidos para el Regina Caeli a preguntarse quiénes son los «ladrones» que intentan entrar en sus vidas.
Un domingo «lleno de vida»
«¡Este es un domingo lleno de vida!», exclamó León XIV al inicio de la homilía, dirigiéndose a los ordenandos, sus familias y los sacerdotes de Roma, muchos de los cuales recuerdan su propia ordenación en esta misma jornada. El Papa subrayó que, aunque la muerte rodea al mundo, la promesa de Cristo ya se cumple: «Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). En la disponibilidad de los jóvenes que la Iglesia pedía ordenar, dijo, se constata «mucha generosidad y entusiasmo».
El Santo Padre atribuyó al Espíritu Santo la fuerza que renueva a la comunidad reunida, una fuerza que «une personas y vocaciones en la libertad, de modo que ninguno viva más para sí mismo». Y recordó que cada domingo llama a salir del «sepulcro» del aislamiento para encontrarse «en el jardín de la comunión, del que el Resucitado es el guardián».
Tres «secretos» para la vida sacerdotal
León XIV articuló su homilía en torno a tres claves que calificó como «secretos» del sacerdocio.
El primero es que la unión profunda con Cristo no aleja del mundo, sino que radicaliza la pertenencia a la humanidad común. «No hay contraposición, ni competición entre el cielo y la tierra; en Jesús se unen para siempre», afirmó. Este misterio, explicó, compromete el corazón a un amor indisoluble que lo llena. Comparó el celibato por el Reino con el amor conyugal: ambos deben cuidarse y renovarse, porque «todo afecto verdadero madura y se vuelve fecundo con el tiempo». Y añadió que ese modo específico de amar puede hacer de los sacerdotes «no sólo buenos sacerdotes, sino también ciudadanos honestos, disponibles, constructores de paz y de amistad social».
El segundo secreto parte de un dato que el Papa calificó de «gran realismo» en el Evangelio: la irrupción de «extraños, ladrones y asaltantes» que no vienen sino para «robar, matar y destruir» (Jn 10,10) y que tienen una voz diferente a la de Cristo, «irreconocible». Jesús, sin embargo, conoce la crueldad del mundo y no se deja disuadir: «La denuncia no se vuelve renuncia, el peligro no lleva a la fuga». La realidad, insistió el Pontífice, no debe dar miedo a los sacerdotes, porque «el que nos llama es el Señor de la vida». Su seguridad, les pidió, no debe residir en el rol que desempeñan, sino «en la vida, muerte y resurrección de Jesús, en la historia de salvación en la que participan con su pueblo».
«Ustedes son un canal, no un filtro»
El tercer secreto giró en torno a la imagen de la puerta. El Papa recordó que Jesús, al ver que la metáfora del pastor no era comprendida, cambió de registro: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas» (Jn 10,7). León XIV evocó la puerta de las ovejas de Jerusalén, cerca de la piscina de Betsaida, por donde entraban los corderos antes de ser sumergidos en agua y destinados a los sacrificios, y la relacionó espontáneamente con el Bautismo. Mencionó también que el Jubileo ha mostrado cómo la imagen de la puerta «sigue hablando al corazón de millones de personas».
El Pontífice pidió a los nuevos sacerdotes que se sientan parte de «esta humanidad que sufre y que espera la vida en abundancia» y les lanzó una advertencia directa: «Nunca oculten esta puerta santa, no la cierren, no sean un obstáculo para el que quiere entrar». Citó el reproche de Jesús a quienes escondieron la llave de un paso que debía ser accesible a todos (Lc 11,52) y sintetizó con una fórmula contundente: «Ustedes son un canal, no un filtro».
Ante la percepción de que los números marcan una distancia creciente entre las personas y la Iglesia, el Papa instó: «¡Mantengan la puerta abierta! Dejen entrar y estén listos para salir». Precisó que la Iglesia no es una afiliación que sofoca ni una compañía donde «es fácil entrar y casi imposible salir», sino un espacio donde quien es salvado «entra, sale y encuentra su alimento». E invitó a los sacerdotes a salir al encuentro de la cultura, la gente y la vida, y a admirar «aquello que Dios hace crecer sin que nosotros lo hayamos sembrado».
La homilía se cerró con el Salmo 23: «Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas» (Sal 23,2-3), y con una invocación final a toda la asamblea: «Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida. Hermanos, hermanas, queridos jóvenes: ¡que así sea!».
Los «ladrones» de la alegría en el Regina Caeli
Tras la Misa, desde la ventana del Palacio Apostólico, León XIV retomó el Evangelio del Buen Pastor durante la oración del Regina Caeli. Subrayó el contraste entre el pastor, que tiene un vínculo especial con las ovejas y entra por la puerta, y el ladrón, que salta la cerca para robarlas. Jesús, dijo el Papa, «nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos guía y, como hace un pastor con sus ovejas, viene a buscarnos cuando estamos perdidos y venda nuestras heridas cuando estamos enfermos».
El Pontífice detalló los rostros que pueden adoptar esos «ladrones»: quienes coartan la libertad o no respetan la dignidad; creencias y prejuicios que impiden una visión clara; ideas erróneas que llevan a decisiones negativas; estilos de vida superficiales o consumistas que vacían interiormente. Y añadió a quienes «saqueando los recursos de la tierra, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas, no hacen más que arrebatarnos a todos la posibilidad de un futuro de paz y serenidad».
Antes de encomendarse a la Virgen María, el Papa invitó a los fieles a hacerse tres preguntas: «¿Quién queremos que guíe nuestras vidas? ¿Quiénes son los "ladrones" que han intentado entrar en nuestro interior? ¿Lo han logrado, o hemos podido rechazarlos?».







