(InfoCatólica) El Cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, advirtió de que las persecuciones contra los cristianos «no solo no se han detenido, sino que se han intensificado en algunas partes del mundo». Lo hizo en un mensaje leído el 23 de abril durante un oficio ecuménico por la paz celebrado en la Basílica de San Bartolomé en la Isla, en Roma, con motivo del aniversario del Medz Yeghern («Gran Calamidad»), que se conmemora cada 24 de abril.
Un santuario para los mártires del siglo XX
El oficio se celebró en un lugar de especial significación para la memoria del martirio contemporáneo. En 1999, como preparación para el Gran Jubileo del año 2000, Juan Pablo II estableció la Comisión de los Nuevos Mártires, que trabajó durante dos años en los locales de la basílica y recopiló cerca de trece mil expedientes de cristianos martirizados en el siglo XX.
Tras la celebración ecuménica jubilar del 7 de mayo de 2000 en el Coliseo, el Papa destinó la basílica de la Isla Tiberina como santuario de los nuevos mártires y la encomendó a la Comunidad de Sant'Egidio. Sus capillas albergan reliquias de testigos de la fe de los cinco continentes, y en marzo de 2023 se inauguró en la cripta el Memorial de los Nuevos Mártires de los siglos XX y XXI. Benedicto XVI visitó la basílica en 2008 y Francisco ha peregrinado también al lugar.
El martirio, corazón palpitante del cristianismo
El Cardenal Koch recordó el decreto conciliar sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, que afirma que reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Él, «a veces hasta el derramamiento de sangre», es «cosa justa y saludable». Con estas palabras, el Concilio Vaticano II no solo se inclinaba ante los mártires de todas las tradiciones cristianas, sino que, como recoge la constitución dogmática Lumen gentium, reconocía con ellos «una verdadera unión en el Espíritu Santo».
Esta convicción se renueva al conmemorar «el grande y sangriento martirio de los cristianos armenios a comienzos del siglo pasado», escribió el Cardenal Koch. El prefecto subrayó, recurriendo a la etimología griega de la palabra, que estos testigos recuerdan que el martirio no es «un fenómeno marginal en el cristianismo», sino «su corazón palpitante, en el que la Iglesia se identifica con Cristo, el Testigo supremo del amor de Dios».
Las persecuciones no han cesado
El Cardenal Koch inscribió a los mártires armenios en el «martirologio común» del que habló Juan Pablo II, que une a los cristianos más allá de las divisiones «en un verdadero ecumenismo de la sangre». A pesar de «la caída de las grandes dictaduras del siglo XX», las persecuciones contra los cristianos se han intensificado en algunas regiones del mundo, advirtió el purpurado.
Sin embargo, así como la Iglesia primitiva estaba convencida de que «la sangre de los mártires es semilla de cristianos», cabe esperar que el sacrificio de los numerosos «testigos de hoy» se convierta en anuncio de la comunión futura del «único Cuerpo de Cristo», herido por tantas divisiones.
La Santa Sede y el reconocimiento del genocidio
La conmemoración del Medz Yeghern se enmarca en un reconocimiento progresivo del genocidio armenio por parte de la Santa Sede. En septiembre de 2001, durante su viaje apostólico a Armenia, Juan Pablo II firmó con el Catholicós Karekin II una declaración conjunta en la que ambos se referían al «exterminio de un millón y medio de cristianos armenios, en lo que se considera generalmente como el primer genocidio del siglo XX». El 12 de abril de 2015, en una misa con fieles de rito armenio celebrada en la Basílica de San Pedro con motivo del centenario de la masacre, Francisco retomó esa misma fórmula y la pronunció en homilía pública, lo que provocó una crisis diplomática con Turquía, que llamó a consultas a su embajador ante la Santa Sede. Un año después, en junio de 2016, Francisco y Karekin II firmaron una nueva declaración conjunta en Etchmiadzin en la que reiteraron la expresión.
La memoria del Medz Yeghern a la luz de la Pascua
En el oficio ecuménico intervino también Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de Sant'Egidio, quien invitó a vivir la memoria del «Gran Infortunio» a la luz de la resurrección de Jesús, especialmente en el actual tiempo pascual.
El acto fue organizado por la Comunidad de Sant'Egidio y la Representación de la Iglesia Armenia ante la Santa Sede, con la participación del Pontificio Colegio Armenio y de los padres Mequitaristas de Venecia.






