(InfoCatólica) «La avanzada edad, la disminución del número de fieles y la falta de nuevas vocaciones». Así resume el obispo diocesano la trágica necesidad que empuja a las carmelitas de Compiègne a abandonar su convento.
El hecho de que la difícil decisión haya tenido que ser tomada también en muchos más carmelos y conventos de otras órdenes no disminuye la tristeza del momento, sino que la intensifica. La falta de vocaciones y, por lo tanto, el envejecimiento de la población contemplativa son signos de la existencia una auténtica pandemia en la Iglesia causada por el abandono de la fe característico de nuestro tiempo.
El carmelo de Compiègne no es una comunidad más. En efecto, es el heredero de una ilustre tradición, ya que a él pertenecían las carmelitas que murieron mártires durante la Revolución Francesa. De forma especialmente dolorosa, el abandono del convento se produce menos de un año después de la esperada canonización de las carmelitas de Compiègne, que tuvo lugar el 8 de mayo de 2025. La Madre Teresa de San Agustín, priora del convento, y sus quince compañeras fueron canonizadas como mártires por el Papa Francisco. Habían sido beatificadas un siglo antes por San Pío X.
Su historia es estremecedora. El estallido de la Revolución Francesa en 1789 no tardó en dar lugar a una legislación brutalmente anticatólica. En 1790, se ilegalizaron los votos religiosos y el mismo hecho de vestir el hábito. Expulsadas de su monasterio y confiscados sus bienes, las carmelitas no solo se mantuvieron fieles a sus votos, sino que además quisieron pronunciar solemnemente un acto de entrega de su vida a Dios por la salvación de Francia.
Los revolucionarios ofrecieron a las monjas la posibilidad de renunciar a sus votos y a la vida en comunidad, pero ellas se negaron a abandonar su vocación. Acusadas de seguir llevando una vida religiosa, fueron trasladadas a París, declaradas «enemigas del pueblo» y condenadas a muerte.
Las carmelitas atravesaron las calles de París, camino de la guillotina, cantando salmos, el Te Deum y el Veni Creator. Murieron tras recibir la bendición final de su priora y besar una imagen de Nuestra Señora.
Durante dos siglos, la memoria de las mártires de Compiègne sostuvo a la comunidad, pero la crisis vocacional de la Iglesia ha sido demasiado para ellas. Hace unos treinta años, las carmelitas tuvieron que abandonar el edificio original en el centro de Compiègne porque no podían mantenerlo y se trasladaron a las afueras de la población, a unos diez kilómetros. El traslado les dio un respiro y les permitió resistir tres décadas más, pero el envejecimiento y la ausencia de vocaciones continuaron y la situación se ha hecho insostenible.
El cierre del convento será gradual, a lo largo de meses, para poder realizar todas las gestiones civiles y canónicas necesarias, especialmente la decisión sobre dónde se conservarán las reliquias de las mártires y el futuro de las seis monjas que quedan. Según parece varias de las carmelitas de más edad serán trasladas a residencias de ancianos.
El contraste con la situación actual no podría ser más claro. Cuando la fe se mantiene firme, la persecución produce mártires, que son semilla de nuevos cristianos. En cambio, cuando la fe se debilita, las apostasías se multiplican, las vocaciones a la vida consagrada desaparecen y los conventos tienen que cerrar sus puertas.






