El Papa pide en Mongomo cristianos que «tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial» y construyan un futuro de esperanza
Mongomo, Basílica de la Inmaculada Concepción | © VaticanMedia

Décima jornada, segunda en Guinea Ecuatorial

El Papa pide en Mongomo cristianos que «tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial» y construyan un futuro de esperanza

«Hay hambre de futuro habitado por la esperanza»: el Papa pidió en Guinea Ecuatorial justicia, reconciliación y la cultura del esfuerzo frente al éxito fácil, en una jornada de cinco actos entre Mongomo y Bata.

(InfoCatólica) León XIV recorrió este miércoles más de 500 kilómetros entre Malabo, Mongomo y Bata en la jornada más intensa de su viaje apostólico a África, con cinco actos que lo llevaron de la basílica más grande de África central a una prisión con más de 650 reclusos, pasando por una escuela, un monumento a las víctimas de una tragedia y un estadio con 50.000 jóvenes y familias. El hilo conductor de toda la jornada fue el lema de la visita a Guinea Ecuatorial: «Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza».

Misa en Mongomo: «Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial»

La jornada comenzó temprano con el vuelo de Malabo a Mongomo, donde el Papa presidió a las 10:30 la santa misa en la Basílica de la Inmaculada Conceción, el edificio religioso más grande de África central. Antes de la celebración eucarística, en la entrada del templo, el Pontífice bendijo la primera piedra de la futura catedral de Ciudad de la Paz. «Queremos pedir la bendición del Señor sobre esta primera piedra, que representa la fuerza de la fe, la fuerza que nos une, la fuerza que hace de nosotros hermanos y hermanas en Jesucristo», dijo durante el rito de bendición.

En la homilía, León XIV enmarcó la celebración en los 170 años de evangelización de Guinea Ecuatorial y expresó su gratitud a los «misioneros, misioneras, sacerdotes diocesanos, catequistas y fieles laicos que han entregado su vida al servicio del Evangelio». Recordó que ellos acogieron las expectativas, las preguntas y las heridas del pueblo ecuatoguineano, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en «signo del amor de Dios». En ese contexto evocó las palabras que calificó de «proféticas» pronunciadas por su predecesor Pablo VI en Uganda en 1969: «Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos. La Iglesia de Cristo está verdaderamente arraigada en esta tierra bendita».

El Papa exhortó a los fieles a participar «en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación» y a cooperar para que las riquezas naturales del país «puedan ser una bendición para todos». Pidió una sociedad que «trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos». «Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana», clamó, mencionando expresamente a los más pobres, a las familias en dificultad y a los reclusos, «a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad».

Tomando el lema de la visita como punto de partida, se preguntó: «¿De qué tiene hambre hoy este país?». Y respondió: «Hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad». Un porvenir, precisó, «que precisamente nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir». Por ello animó a los presentes a no tener miedo «de anunciar y dar testimonio del Evangelio» y a ser «constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación».

Advirtió también que «una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida», pero recordó que, según los Hechos de los Apóstoles, incluso cuando los cristianos son obligados a huir, «muchísimos se acercan a la Palabra del Señor». Al término de la misa, el obispo de Mongomo, Mons. Juan Domingo-Beka Esono Ayang, pronunció unas palabras de agradecimiento, y el Papa dejó como regalo a la comunidad el cáliz utilizado en la eucaristía.

Visita a la Escuela Tecnológica Papa Francisco

Tras la misa, el Pontífice se desplazó a pie hasta el centro de formación Papa Francisco, donde a las 12:30 visitó la Escuela Tecnológica de la diócesis de Mongomo. A su llegada, fue recibido por Mons. Domingo-Beka Esono Ayang y por el secretario canciller de la diócesis. León XIV descubrió una placa conmemorativa en la entrada del centro, bendijo la estructura y recorrió brevemente sus instalaciones, acompañado por el obispo. No hubo discurso formal. Posteriormente, el Papa se trasladó a la casa arzobispal para el almuerzo privado antes de volar a Bata.

En la prisión de Bata: «Ninguno está excluido del amor de Dios»

La tarde comenzó con la visita más simbólica de la jornada. A las 16:50, León XIV llegó a la prisión de Bata, un centro de detención con más de 650 internos conocido por sus duras condiciones, que desde la época colonial ha sido citado en relación con casos judiciales controvertidos y situaciones críticas de reclusión. Se trató de la primera y única visita del Papa a un centro de detención durante este viaje apostólico a África.

El director de la prisión, Reginaldo Biyogo Mba Ndong Angusesomo, reconoció en sus palabras de bienvenida que «detrás de cada caso hay una historia humana, con errores y dificultades, pero también con la posibilidad de cambio». Tres reclusos ofrecieron su testimonio y reconocieron que la prisión los obliga a confrontarse con la propia conciencia por el dolor causado por sus acciones, aunque «gracias a la guía del capellán y de quienes nos ayudan espiritualmente» es posible cambiar y pedir perdón.

El Papa agradeció la alegría de los presos y la claridad de los testimonios, que, señaló, corroboran que «aun en las dificultades, la dignidad humana y la esperanza nunca se pierden». Recordó a Jesús, que arrestado, condenado y llevado a la muerte sin culpa, siempre creyó en la posibilidad «de que el amor transforme incluso el corazón más endurecido».

«Hoy estoy aquí para decirles algo muy sencillo: ninguno está excluido del amor de Dios», proclamó. Y defendió una concepción de la justicia orientada a la restauración: «Una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida, tanto de las víctimas como de los culpables, así como de las comunidades heridas por el mal. No hay justicia sin reconciliación».

Insistió en que «la vida no solo se define por los errores cometidos» y en que la cárcel, aunque pueda parecer un lugar de soledad y desolación, «puede convertirse en un tiempo de reflexión, de reconciliación y de crecimiento personal». Pidió a los reclusos que piensen en los jóvenes de Guinea Ecuatorial, que «necesitan ejemplos de perseverancia, de responsabilidad y de fe», y les aseguró que «Dios nunca los abandonará y la Iglesia estará a su lado».

El encuentro concluyó con la entrega al Papa de una cruz de madera elaborada por los propios detenidos, un momento de oración y la bendición apostólica. En la oración, León XIV invocó: «Señor Jesús, Tú que dijiste: "Estuve en la cárcel y me visitasteis", permanece cercano a estos hermanos y hermanas nuestros».

Oración ante el monumento a las víctimas de la explosión de 2021

Al salir de la prisión, a las 17:25, el Papa se detuvo ante el monumento conmemorativo de las víctimas de la explosión del 7 de marzo de 2021 en Bata para un momento de oración. La tragedia, provocada por una cadena de explosiones en un cuartel militar, causó numerosos muertos y heridos en la ciudad.

50.000 personas en el estadio de Bata: la cultura del esfuerzo frente al éxito fácil

La jornada culminó a las 18:10 en el estadio de Bata, donde unas 50.000 personas, entre jóvenes, familias, seminaristas, sacerdotes y fieles llegados incluso desde Gabón, recibieron al Papa con música, cantos y un ambiente festivo. El obispo administrador apostólico de Bata, Mons. Miguel Ángel Nguema Bee, dio la bienvenida al Pontífice, que agradeció el afecto y dijo que «la luz más resplandeciente ahora es la de sus ojos, sus rostros, sus sonrisas y sus cantos, en los que todo da testimonio de que Cristo es alegría, sentido, inspiración y belleza para nuestra vida».

Los jóvenes llevaron objetos sencillos (un bastón, una red, la reproducción de una isla, una barca, un instrumento musical) que simbolizaban los valores de servicio, unidad, hospitalidad, confianza y fiesta. El discurso del Papa fue hilado por los testimonios de varios participantes, a los que respondió uno a uno.

A Alicia, que habló de la importancia del trabajo digno y del reto de ser mujer en el ámbito laboral, el Papa le respondió con un llamamiento a «la cultura del esfuerzo, de la disciplina, del trabajo bien hecho», frente al «éxito fácil». Al seminarista Francisco Martín, que compartió las tribulaciones y la alegría de su vocación, le aseguró que «una vida entregada a Dios es una vida feliz» y animó a quienes sientan la llamada de Cristo a una consagración especial a «no tener miedo de seguir sus pasos».

A los esposos Purificación y Jaime Antonio, les recordó que «ser esposos y padres es una misión apasionante, una alianza que hay que vivir día a día, en la que se redescubren siempre nuevos el uno para el otro, hacedores, junto con Dios, del milagro de la vida y constructores de felicidad». Les pidió que se preparen para vivir esa llamada como «un camino de amor verdadero, que crece en la libertad» y «un camino de santidad que busca siempre el bien y la felicidad del otro».

El momento más emotivo llegó con el testimonio de Víctor Antonio, un adolescente de 13 años, hijo de madre soltera y abandonado por su padre. El Papa dijo que sus palabras «deben animarnos a construir un mundo mejor, basado en el respeto por la vida que nace y crece» y subrayó lo «importante que es proteger y cuidar a la familia y los valores que se aprenden en ella».

León XIV cerró el encuentro pidiendo que «cada persona se sienta respetada y nadie sea olvidado» y exhortando a ser «testigos cada día de que amar es hermoso, de que las alegrías más grandes, en todos los ámbitos, provienen de saber dar y de entregarse, especialmente cuando servimos a los más necesitados». El Papa regresó en avión a Malabo, donde aterrizó a las 20:30.

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