(The Pillar/InfoCatólica) Una respuesta procesal del promotor de justicia del Estado de la Ciudad del Vaticano, Alessandro Diddi, a una petición sobre la validez de la renuncia de Benedicto XVI en 2013 se ha convertido en las últimas semanas en combustible para teorías conspirativas desacreditadas hace mucho, pese a que el propio Benedicto insistió en vida, de forma reiterada, en que su renuncia fue libre, válida y correctamente formulada.
Una petición y una respuesta burocrática
Según informa The Pillar, Diddi denegó el pasado 30 de marzo una solicitud de acceso al expediente relacionado con una petición formal presentada por Andrea Cionci, periodista italiano y autor del libro Codice Ratzinger (2022), en el que se postula la teoría de que Benedicto XVI introdujo deliberadamente una renuncia codificada e inválida. La solicitud de acceso fue remitida por el abogado Roberto Tieghi el 26 de marzo.
En su respuesta, Diddi indicó que no era posible conceder acceso durante la «fase instructora» y que su oficina «está llevando a cabo investigaciones y no es posible, en este momento, prever cuándo concluirán». Estas palabras han sido presentadas en determinados círculos como «un avance significativo en el debate en curso sobre la renuncia de 2013», y la afirmación se ha propagado con rapidez en redes sociales.
Sin embargo, como analiza The Pillar, la realidad procesal es considerablemente más prosaica.
Casi dos años de peticiones
Según informó LifeSiteNews, que verificó la cadena de custodia del documento de respuesta (Prot. N. 15/25 R.G.P.), la petición de Cionci tiene un recorrido largo. El periodista italiano presentó la querella original (protocolo 116/24), un escrito de 100 páginas, ante el Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano el 6 de junio de 2024. Posteriormente fue ampliada con un primer suplemento el 13 de febrero de 2025, un segundo el 11 de noviembre de 2025, y una queja adicional en febrero de 2026 relativa a una supuesta falsificación de la Declaratio.
LifeSiteNews informó asimismo de que Cionci fue interrogado personalmente por Diddi como testigo durante cuatro horas el 12 de abril de 2025, un dato que, de confirmarse, indicaría que la oficina del fiscal hizo algo más que archivar la petición y olvidarla. No obstante, incluso en ese caso, la toma de declaración forma parte de la fase de investigación preliminar y no implica que el caso tenga fundamento ni que se vaya a abrir un procedimiento formal.
Qué dijo realmente Benedicto XVI
El 11 de febrero de 2013, en un consistorio ordinario del Colegio Cardenalicio, Benedicto XVI leyó una declaración en latín en la que comunicaba una «decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia». Tras examinar repetidamente su conciencia ante Dios, había llegado a la certeza de que sus fuerzas, «debido a la edad avanzada», ya no eran adecuadas para el ejercicio del ministerio petrino.
«Con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue encomendado por los cardenales el 19 de abril de 2005, de manera que, a partir del 28 de febrero de 2013, a las 20:00 horas, la Sede de Roma, la Sede de San Pedro, quedará vacante», declaró.
Dos días más tarde, en la audiencia general del 13 de febrero, el Papa insistió en que había tomado la decisión «con plena libertad, por el bien de la Iglesia, tras mucha oración y habiendo examinado mi conciencia ante Dios, consciente de la gravedad de este acto».
La renuncia papal está contemplada expresamente en el Código de Derecho Canónico, que establece que para su validez se requiere que sea realizada libremente y manifestada de modo adecuado, sin que sea necesaria su aceptación por parte de nadie, puesto que no existe en la tierra autoridad superior al Romano Pontífice. Además, Benedicto XVI no fue el primero en renunciar: hubo al menos cinco renuncias papales anteriores a la suya, la última en 1415.
La tesis «benevacantista»
The Pillar examina los argumentos de quienes cuestionan la validez de la renuncia. El núcleo de la teoría se apoya en una distinción entre dos términos latinos: ministerium (ministerio) y munus (que puede significar oficio, función, deber o carisma). Puesto que Benedicto XVI declaró renunciar al ministerium del papado, algunos sostienen que no renunció al munus, es decir, al oficio mismo.
Los defensores de esta postura señalan unas declaraciones de 2016 del entonces secretario personal de Benedicto, el Arzobispo Georg Gänswein, que hablaron de un ministerio petrino «ampliado», con un «miembro activo» y otro «contemplativo». Aquel discurso generó confusión entre canonistas y teólogos, que criticaron su contenido como incoherente con la teología y la jurisprudencia del papado. Gänswein matizó posteriormente sus afirmaciones. Tanto él como Benedicto XVI rechazaron expresamente la conclusión de que estas distinciones invalidaran la renuncia o implicaran que Benedicto conservara el munus.
No obstante, antes de su fallecimiento, Benedicto XVI afirmó en múltiples ocasiones que su renuncia fue «una decisión consciente» y que había un solo Papa. Ninguna autoridad canónica de relevancia ha respaldado jamás los argumentos contra la validez de la renuncia.
Fisuras entre los propios defensores de la tesis
Incluso entre quienes inicialmente acogieron con interés la investigación de Cionci se han producido fracturas significativas. Según informó LifeSiteNews (que debió corregir una versión anterior del artículo a petición del interesado), el P. Giorgio Maria Faré, sacerdote carmelita con doctorado en teología fundamental por la Universidad Pontificia Gregoriana, se inspiró inicialmente en la investigación de Cionci para elaborar su propio estudio sobre la renuncia de Benedicto XVI, publicado en octubre de 2024, y participó en tres actos públicos organizados por el periodista a finales de ese año.
Sin embargo, sus posiciones han divergido progresivamente. El P. Faré no comparte la interpretación más reciente de Cionci, que presenta la Declaratio como una decisio canónica, y se ha distanciado expresamente de la campaña promovida por el periodista que insta a los fieles a no participar en celebraciones eucarísticas una cum en las que se nombre a León XIV (o, anteriormente, a Francisco). El caso ilustra la fragilidad interna de una tesis que no logra mantener la cohesión ni siquiera entre sus simpatizantes más cualificados.
Por qué el fiscal vaticano no es la instancia competente
Como señala The Pillar, la cuestión de si el Obispo de Roma renunció válidamente a su oficio conforme al Derecho Canónico es una materia estrictamente eclesiástica y canónica. La oficina de Diddi, en cuanto fiscal del Estado de la Ciudad del Vaticano, no es ordinariamente competente para investigar asuntos de naturaleza canónica.
Autoridades más apropiadas para tramitar una petición de este tipo serían el Dicasterio para los Textos Legislativos, el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica o las oficinas del Decano del Colegio Cardenalicio o del Camarlengo. La explicación más sencilla de que la queja acabara en el despacho de Diddi, según el análisis, es que ninguna de esas instancias canónicas más competentes se habría prestado a dar trámite a semejante petición.
Qué significa realmente «fase instructora»
En derecho canónico, cuando una autoridad competente recibe noticia de un posible acto ilícito, está obligada a abrir un expediente y realizar una «investigación preliminar». Sin embargo, estas diligencias previas no equivalen a la preparación de un caso ni a la formulación de cargos: son una simple verificación de si las alegaciones tienen «apariencia de verdad», un estándar de prueba definido en la jurisprudencia canónica como «no manifiestamente falso ni frívolo».
Si la petición no supera esta criba básica, se desestima sumariamente y se cierra el expediente. La respuesta de Diddi, al indicar que la petición se encuentra en «fase instructora», significa únicamente que esa determinación elemental aún no se ha producido.
Para algunos, el hecho de que una petición presentada en junio de 2024 siga sin resolverse en marzo de 2026 sugiere que el fiscal la está tomando en serio. Pero, como advierte The Pillar, esto no es necesariamente así. Cabe igualmente la posibilidad de que, una vez recibida la petición, nadie en la oficina de Diddi haya hecho otra cosa que abrir el sobre y archivarla en algún lugar, lo cual constituiría técnicamente una «fase instructora abierta». Del mismo modo, si el expediente fue reenviado a una instancia más cualificada (como el Dicasterio para los Textos Legislativos o la Signatura Apostólica) y allí nunca se contestó, eso también contaría como una «investigación abierta».
En palabras del análisis, teóricamente, si Diddi hubiera recibido la petición y la hubiera pasado por la oficina para que todos se rieran antes de perderla en una mesa, podría haber enviado exactamente la misma respuesta.
El perfil mediático de Diddi
The Pillar subraya que Alessandro Diddi es conocido por su gusto por la atención mediática. Antes de trasladarse a la fiscalía vaticana era un célebre abogado defensor de casos de mafia en Italia. Su gestión del juicio por delitos financieros del Vaticano (el llamado «juicio del siglo», centrado en la inversión de 350 millones de euros en un inmueble en Londres) ha sido vista por algunos observadores como más eficaz en términos de relaciones públicas que de verdadera acusación. De hecho, su conducta en aquel proceso fue cuestionada repetidamente, hasta el punto de que se vio obligado a recusarse del caso en fase de apelación.
El análisis recuerda también que en 2023 Diddi reabrió la investigación sobre la desaparición no resuelta de Emanuela Orlandi, una niña de 12 años residente en la Ciudad del Vaticano que desapareció en 1983. El caso Orlandi ha alimentado conjeturas y teorías conspirativas en los medios italianos durante décadas. Aunque Diddi insinuó el hallazgo de archivos confidenciales vaticanos y nueva información, la investigación no produjo resultados. Fuentes cercanas a su oficina sugirieron entonces a The Pillar que su interés tenía menos que ver con la petición de la familia y más con una serie de Netflix sobre el caso que había tenido gran repercusión en aquel momento.
Tras su salida del caso más célebre del Vaticano, algunos observadores se preguntan si Diddi busca un camino de regreso a los titulares a través de la teoría conspirativa del «benevacantismo».






