El Papa llega a Guinea Ecuatorial y pide políticas centradas en el bien común
El Papa saluda a los fieles presentes y bendice a un niño fuera del Palacio Presidencial del Malabo | © Vatican Media

La universidad como espacio donde se decide la calidad de lo humano

El Papa llega a Guinea Ecuatorial y pide políticas centradas en el bien común

León XIV aterriza en Malabo e inaugura su estancia con un discurso ante las autoridades en el que denuncia la economía de la exclusión y pide el valor de «políticas contracorriente» centradas en el bien común.

(InfoCatólica) El Papa León XIV aterrizó este lunes en Malabo para iniciar la cuarta y última etapa de su viaje apostólico por África. En una jornada que incluyó un discurso ante las autoridades del país, la inauguración de un campus universitario y la visita a un hospital psiquiátrico, el Pontífice trazó un arco que conectó la exigencia ética en la vida política con una concepción del conocimiento como apertura a la verdad y una llamada a la civilización del amor hacia los más frágiles.

Despedida de Angola y recuerdo de Francisco en vuelo

La jornada comenzó en Luanda, donde León XIV fue despedido por el presidente angoleño, João Manuel Gonçalves Lourenço, en una ceremonia con honores militares e interpretación de himnos en el Aeropuerto Internacional «4 de Febrero». El avión papal despegó a las 9:19 hora local. En los bordes de la alfombra roja se colocaron pequeñas representaciones de «O Pensador», símbolo de la cultura nacional angoleña que representa el valor de los ancianos y su sabiduría para la sociedad.

Durante el vuelo, el Papa envió telegramas a los jefes de Estado de los países sobrevolados: Angola, República del Congo, Gabón y Camerún, invocando en cada caso bendiciones de paz, sabiduría y prosperidad.

Ya ante los periodistas a bordo del avión, León XIV dedicó sus primeras palabras al recuerdo del Papa Francisco en el primer aniversario de su muerte. «Ha dejado tanto en la Iglesia con su testimonio y su palabra», afirmó, evocando su cercanía a los más pobres, a los enfermos, a los niños y a los ancianos. El Pontífice destacó en particular dos legados: la fraternidad universal, entendida como «auténtico respeto por todos los hombres y mujeres», y el mensaje de la misericordia, que Francisco desplegó «desde aquella primera vez en el Ángelus» y con la celebración del Jubileo extraordinario. «Recemos para que ya esté gozando de la misericordia del Señor», concluyó.

Tres preguntas angoleñas: salud, cardenales y diócesis

En la breve rueda de prensa, tres periodistas angoleños plantearon cuestiones de interés para su país. Sobre la cooperación entre Iglesia y Estado en educación y sanidad, León XIV reveló que había conversado precisamente sobre ese tema con el presidente Lourenço, explorando vías de colaboración para la construcción de nuevos hospitales y estructuras, y subrayó la responsabilidad de la Iglesia de «reconocer los derechos de todos y ayudar a promover los derechos universales».

Preguntado sobre la posible creación de un cardenal para Angola tras la reciente muerte del suyo, respondió con cautela: «No está decidido todavía cuándo habrá creación de nuevos cardenales. Hay que ver la cuestión a nivel global». No obstante, dejó abierta la puerta: «Se podrá considerar la creación de un nuevo cardenal también para Angola», aunque «no en el futuro próximo, un poco más lejano».

Sobre la creación de nuevas diócesis ante el crecimiento de la Iglesia en Angola, el Papa se mostró receptivo. Celebró que la Iglesia angoleña esté creciendo y recordó que la evangelización no se hace por proselitismo, «como decía tantas veces el Papa Francisco, sino por la belleza, la atracción de la fe». Indicó que, con la propuesta de los propios obispos y la colaboración del nuncio apostólico, se podrá estudiar «concretamente dónde sería importante crear nuevas diócesis».

Bien común y política contracorriente en el Palacio Presidencial

El avión papal aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Malabo a las 12:31 hora local. Tras la ceremonia de bienvenida con el presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo y su esposa, Constancia Mangue de Obiang, y una breve reunión privada, León XIV se dirigió a las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Presidencial.

«Me alegra estar aquí para visitar al querido pueblo de Guinea Ecuatorial», abrió el Pontífice, que se presentó siguiendo los pasos de San Juan Pablo II, quien visitó el país hace 44 años, y del Concilio Vaticano II. Explicó que acudía «para confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en rápida transformación», porque «en el corazón de la Iglesia resuena el eco de cuanto ocurre aquí en la tierra, entre millones de hombres y mujeres por los cuales nuestro Señor Jesucristo dio su vida».

Apoyándose en San Agustín y en su modelo de las dos ciudades, el Papa señaló la necesidad de que todo ser humano «perciba la diferencia entre lo que perdura y lo que pasa, manteniéndose libre de la riqueza injusta y de la ilusión del dominio». Recordó el proyecto de construcción de la nueva capital del país, Ciudad de la Paz, y expresó su deseo de que ese nombre «haga reflexionar a cada conciencia sobre cuál es la ciudad a la que quiere servir».

Exclusión, tecnología y conflictos armados

León XIV comparó la época actual con aquella en la que el Papa León XIII promulgó la Rerum novarum y constató que «la exclusión es la nueva cara de la injusticia social». Subrayó la paradoja de un mundo en el que «la falta de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno coexiste con el acceso a las nuevas tecnologías que se difunden por todas partes a través de los mercados globalizados».

La denuncia alcanzó su punto más directo al vincular la especulación con las materias primas y la proliferación de conflictos armados. Haciendo suyo un llamamiento del Papa Francisco contenido en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, afirmó: «Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata». Y advirtió de que «uno de los principales motivos de la proliferación de los conflictos armados es la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos a la autodeterminación».

El Papa declaró que «sin un cambio de rumbo en la asunción de la responsabilidad política y sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales, el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido». Y pidió que el nombre de Dios «no sea profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación» ni «invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte».

Cerró el discurso con un llamamiento a dar espacio a los jóvenes: «En un mundo herido por la prepotencia, los pueblos tienen hambre y sed de justicia. Hay que valorar a quienes creen en la paz, y atreverse a aplicar políticas que vayan a contracorriente, centradas en el bien común».

La ceiba, el Génesis y la cruz: el saber según León XIV

Por la tarde, el Pontífice se trasladó al Campus Universitario «León XIV» de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial, rebautizado en febrero con vistas a esta visita. En el exterior, una amplia presencia de jóvenes aguardaba su llegada entre cantos y consignas de bienvenida. El acto estuvo precedido por las intervenciones del rector y de varios estudiantes.

León XIV rechazó desde el inicio toda reducción funcionalista de la universidad. La inauguración, dijo, «es más que un acto administrativo»: es «un gesto de confianza en el ser humano» y «una afirmación de que vale la pena seguir apostando por la formación de las nuevas generaciones». «Hoy se abre también un espacio para la esperanza, para el encuentro y para el progreso», añadió.

El hilo conductor del discurso fue la imagen del árbol, concretada en la ceiba, árbol nacional de Guinea Ecuatorial. En ella el Papa vio una parábola de la misión universitaria: «Una realidad bien arraigada en la seriedad del estudio, en la memoria viva de un pueblo y en la búsqueda perseverante de la verdad». Solo así, afirmó, la universidad podrá «ofrecer a las nuevas generaciones, además de instrumentos para el éxito profesional, razones para vivir, criterios para discernir y motivos para servir».

El Pontífice pasó entonces a los árboles del Génesis. En la coexistencia del árbol de la vida y del árbol del conocimiento del bien y del mal (cf. Gn 2,9) no vio una condena de la inteligencia, sino la advertencia de una posible desviación: un saber que «ya no busca corresponder a la realidad, sino plegarla a la propia medida». Cuando eso ocurre, «el conocimiento deja de ser apertura y se vuelve posesión».

Frente a esa deriva introdujo el árbol de la cruz, «no como negación de la inteligencia humana, sino como signo de su redención» (cf. Col 2,2-3). En la cruz, argumentó, «la verdad, lejos de imponerse por dominio, se ofrece por amor». La fe, por tanto, «lejos de clausurar la búsqueda, la purifica de la autosuficiencia y la abre a una plenitud hacia la que la razón tiende, aunque no pueda abarcarla por completo».

La conclusión enlazó con el criterio evangélico: «Por los frutos se conoce al árbol» (cf. Mt 7,20). Una universidad, sostuvo, «se mide por la calidad de los estudiantes que ofrece a la vida de su pueblo: más allá del número de graduados o de la extensión de su infraestructura».

«Ámanos tal como somos»: la visita al hospital psiquiátrico

La última etapa pública de la jornada llevó a León XIV al Hospital Psiquiátrico Jean-Pierre Olie de Malabo, un centro con seis pabellones que aspira a transformar el tratamiento de las enfermedades mentales en el país. El Papa fue recibido con bailes y canciones.

Tras escuchar varios testimonios, entre ellos el del director del centro, el profesor Bechir Ben Hadj Ali, el Pontífice confesó sus «sentimientos encontrados» al visitar un hospital: tristeza por los pacientes y sus familias, pero también admiración por el trabajo realizado «para servir a la vida humana». En esta ocasión, señaló, «prevalece la alegría».

León XIV hizo suya la reflexión del director: «Una sociedad verdaderamente grande no es aquella que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor». Y recordó que Jesús «vino al mundo para redimir y devolver la plena dignidad a quienes sufren el estigma de la discapacidad», pero necesita la colaboración humana, «tanto a nivel personal como social».

Un momento emotivo se produjo cuando el Papa recogió las palabras de Pedro Celestino, uno de los pacientes, que había concluido su testimonio agradeciendo al Santo Padre por «amarnos tal como somos». León XIV precisó que así es como Dios ama, «pero Él no quiere que nos quedemos así. No, Dios no quiere que sigamos enfermos para siempre; quiere curarnos». Un hospital con misión cristiana, subrayó, «es un lugar donde se acoge a la persona tal como es y se la respeta en su fragilidad, para que pueda recibir ayuda para mejorar según una visión holística».

Antes de la bendición final, el Papa destacó el poema escrito por Tarcisio, otro paciente, y señaló que en la vida cotidiana se escriben muchos poemas «ocultos», «no con palabras, sino con pequeños gestos, con consideración y amabilidad». «Este es un poema que solo Dios puede leer por completo», concluyó.

La jornada terminó con un encuentro privado y una cena con los obispos de Guinea Ecuatorial en la casa arzobispal.

 

1 comentario

José Manuel Guerrero C.
"La universidad como espacio donde se decide la calidad de lo humano"..

Se pasan todo el día inventando nuevos conceptos. Nuevas disonancias cognitivas. A la Universidad se va a estudiar una carrera, una profesión. Lo demás es enredar y crear confusión.
21/04/26 9:14 PM

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