Los socialistas europeos proponen trasladar el Foro de la Mujer de la ONU a Europa para esquivar la oposición conservadora

Se consiguió que el término «gender» en los documentos de la ONU como referido exclusivamente a «hombres y mujeres»

Los socialistas europeos proponen trasladar el Foro de la Mujer de la ONU a Europa para esquivar la oposición conservadora

El Grupo Socialista del Parlamento Europeo propone acoger en Europa la Comisión de la Mujer de la ONU después de que los grupos provida y Estados Unidos bloquearan su agenda sobre aborto e ideología de género.

(C-Fam/InfoCatólica) El Grupo de los Socialistas y Demócratas (S&D) del Parlamento Europeo ha propuesto que la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU (CSW, por sus siglas en inglés) se traslade de Nueva York a Europa si las políticas estadounidenses impiden su celebración habitual. La iniciativa responde, según el propio grupo, a los avances logrados por las organizaciones provida y profamilia en el bloqueo de la agenda progresista en la sede neoyorquina.

«A medida que el giro global hacia la derecha amenaza directamente décadas de progreso en los derechos de las mujeres, la Unión Europea debe dar un paso adelante y liderar», ha declarado el grupo S&D, que con 137 eurodiputados es la segunda fuerza del Parlamento Europeo.

Estados Unidos votó contra el documento final de la CSW

La CSW es una de las reuniones anuales de mayor envergadura en el sistema de Naciones Unidas: congrega cientos de eventos paralelos y concluye con unas Agreed Conclusions (conclusiones acordadas) negociadas por los Estados miembros. En la 70.ª sesión, celebrada del 9 al 19 de marzo de este año con el tema «Garantizar y reforzar el acceso a la justicia para todas las mujeres y niñas», Estados Unidos fue el único país que votó en contra del documento final, con 37 votos a favor y 6 abstenciones (Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Egipto, Mali, Mauritania y Arabia Saudí).

La delegación estadounidense presentó ocho enmiendas al texto en las que objetaba, en concreto, la terminología ambigua que promueve la ideología de género, los compromisos sobre salud sexual y reproductiva que pueden interpretarse como un reconocimiento implícito del acceso al aborto, y las disposiciones sobre regulación de la inteligencia artificial, que Washington consideró una forma de censura. Al ser rechazadas las enmiendas en bloque, Estados Unidos forzó una votación formal sobre el documento completo, rompiendo por primera vez en los 70 años de historia de la CSW la tradición de adopción por consenso.

Además, en la última jornada de la sesión, Estados Unidos presentó un borrador de resolución para redefinir el término gender en los documentos de la ONU como referido exclusivamente a hombres y mujeres. Bélgica, en nombre de 26 Estados miembros de la UE, bloqueó la propuesta mediante una moción de «no acción» aprobada por 23 votos a favor, 3 en contra y 17 abstenciones.

Lina Gálvez, miembro del S&D y presidenta del comité FEMM del Parlamento Europeo, ha afirmado que «no podemos permitir que el foro más importante del mundo sobre los derechos de las mujeres se convierta en víctima colateral de la ideología de extrema derecha». Por su parte, Heléne Fritzon, vicepresidenta del S&D responsable de Feminist Europe, ha sostenido que «los líderes autoritarios y los movimientos de extrema derecha están atacando los derechos sexuales y reproductivos, desmantelando la igualdad de género y dejando sin financiación a las organizaciones de mujeres».

Etiquetas contra los grupos provida

Según informa C-Fam, expresiones como «ideología de extrema derecha», «reacción antigénero» o «antiderechos» son las etiquetas que la Unión Europea emplea habitualmente en los foros de la ONU para referirse a los grupos conservadores que rechazan la definición del aborto como derecho humano y que se oponen a la ideología de género. Durante la CSW de este año, los países europeos organizaron múltiples eventos en los que advirtieron contra los grupos provida y profamilia y compartieron estrategias para contrarrestar su influencia.

Un traslado que perjudicaría a los países del Sur y a las organizaciones con menos recursos

La CSW existe como comisión desde 1946, pero su formato actual –con un documento final negociado y adoptado por los Estados miembros– arranca de la Conferencia de Pekín sobre la Mujer de 1995, que produjo la Declaración de Pekín y la Plataforma de Acción, marco normativo de referencia para toda la agenda de género en el sistema de Naciones Unidas. Es en los textos de Pekín donde se consolidó la expresión «salud sexual y reproductiva» como paraguas que, en la práctica de los organismos de la ONU, ha ido incorporando el acceso al aborto, y donde se fijó la definición del término gender que la delegación estadounidense intentó invocar este año para restringir su alcance.

Pekín fue también la conferencia que movilizó por primera vez a gran escala a las organizaciones provida y profamilia para participar en las negociaciones internacionales, muchas de las cuales tienen su sede en Estados Unidos y cuentan con una financiación limitada. Trasladar la CSW fuera de Nueva York supondría, según los críticos, un intento de marginar precisamente a estas organizaciones.

Las delegaciones más pequeñas del hemisferio sur, que suelen oponerse a la terminología progresista en materia de aborto e ideología de género, han advertido en repetidas ocasiones contra el traslado de foros importantes a Europa, ya que carecen de recursos para mantener la misma presencia y capacidad de negociación que tienen en Nueva York.

La ONU ya trabaja en la descentralización de sus agencias

La propuesta del S&D se enmarca en un proceso más amplio de descentralización impulsado por la propia ONU. ONU Mujeres, UNICEF y el UNFPA tienen previsto trasladarse a Nairobi (Kenia) antes de finales de 2026, mientras que el PNUD busca instalarse en Alemania. La ONU aduce restricciones presupuestarias y el deseo de sustituir enfoques centralizados por soluciones localizadas, pero los críticos advierten de que la dispersión geográfica podría reducir la transparencia y la supervisión pública, permitiendo que la promoción del aborto y la ideología de género se intensifique al operar las agencias en compartimentos estancos, lejos del escrutinio concentrado en Nueva York.

 

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