León XIV se despide de Camerún con una misa ante 200.000 fieles y llega a Angola
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Sexta jornada del viaje apostólico a África

León XIV se despide de Camerún con una misa ante 200.000 fieles y llega a Angola

El Papa cerró la etapa camerunesa con un llamamiento a transformar las instituciones en instrumentos del bien común y aclaró en el vuelo que no pretende polemizar con Trump. Aterrizó en Angola, donde pidió a las autoridades no apagar «las aspiraciones de los jóvenes».

(InfoCatólica) El Papa León XIV se despidió este sábado de Camerún con una multitudinaria misa ante 200.000 fieles en el aeropuerto de Yaundé-Ville y aterrizó por la tarde en Luanda para iniciar la tercera etapa de su viaje apostólico por África. En su primer discurso en suelo angoleño, el Pontífice pidió a las autoridades del país que no apaguen «las aspiraciones de los jóvenes» y que antepongan el bien común a los intereses particulares. Durante el vuelo, el Papa aclaró a los periodistas que sus discursos fueron preparados semanas antes del viaje y que no deben interpretarse como un intento de polemizar con el presidente estadounidense Donald Trump.

Jesús camina con nosotros en la tormenta

La jornada comenzó con la celebración de la Misa votiva de María Virgen, Reina de los Apóstoles, en el aeropuerto de Yaundé-Ville. En la homilía, pronunciada en francés, León XIV centró su reflexión en el capítulo 6 del Evangelio de Juan, donde Jesús camina sobre las aguas. «La fe no nos libra del desasosiego y las tribulaciones», afirmó, «y en algunos momentos puede parecer que el miedo nos venza. Sin embargo, nosotros sabemos que incluso en esos momentos, tal como les sucedió a los discípulos en el mar de Galilea, Jesús no nos abandona».

El Papa recorrió las tres versiones del episodio que ofrecen los sinópticos y el cuarto evangelio. San Marcos presenta a un Señor que alcanza a los discípulos mientras reman contra el viento; San Mateo añade la escena de Pedro hundiéndose tras dejarse vencer por el miedo; y San Juan recoge las palabras del Salvador: «Soy yo, no teman». León XIV explicó el simbolismo del agua en la tradición judía, donde las profundidades aluden «al mundo de los infiernos, al caos, al peligro, a la muerte», pero también, por el recuerdo del Éxodo, se perciben «como un lugar de paso, un cruce a través del cual Dios, con poder, libera a su pueblo de la esclavitud».

La Iglesia, recordó el Pontífice, ha experimentado a lo largo de los siglos «tormentas y vientos contrarios», y los fieles, como los discípulos, sienten «miedo y duda». Sin embargo, aseguró que «Jesús está con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal; en cada tormenta nos alcanza y nos repite: "Yo estoy aquí contigo, no tengas miedo"».

Nunca dejar a nadie solo

León XIV citó al Papa Francisco para recordar a los hombres y mujeres que honran al pueblo y a la Iglesia porque son «fuertes al llevar adelante su vida, su familia, su trabajo, su fe». Subrayó que Jesús no calma las tormentas «inmediatamente», sino que viene al encuentro de los suyos en medio del peligro y los invita a «permanecer juntos y solidarios en la misma barca». «Nunca hay que dejar a nadie solo frente a las adversidades de la vida», afirmó, e instó a las comunidades a «crear y sostener estructuras de solidaridad y ayuda mutua» en las que, ante las crisis (sociales, políticas, sanitarias o económicas), todos puedan dar y recibir ayuda.

El Papa señaló que las palabras de Jesús, «soy yo», recuerdan que en una sociedad basada en el respeto a la dignidad de la persona «la aportación de todos es importante y tiene un valor único, independientemente del estatus o la posición de cada uno a los ojos del mundo». La exhortación «no teman» adquiere así, según el Pontífice, «una dimensión amplia, incluso a nivel social y político», como estímulo para afrontar juntos los problemas y los desafíos, «especialmente los relacionados con la pobreza y la justicia».

Instituciones al servicio del bien común

En la parte central de la homilía, el Papa pidió «una decisión común, que integre la dimensión espiritual y ética del Evangelio en el corazón de las instituciones y las estructuras, convirtiéndolas en instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas estériles».

A continuación se detuvo en la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles (capítulo 6), donde la Iglesia primitiva afronta su «primera crisis de crecimiento». El aumento de discípulos había generado dificultades en el ejercicio de la caridad y una sensación de injusticia que amenazaba la unidad. Los apóstoles respondieron eligiendo «hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría» para un servicio que era a la vez práctico y espiritual. «A veces, la vida de una familia y de una sociedad también exige esto: el valor de cambiar hábitos y estructuras, de modo que la dignidad de la persona siga siendo fundamental y se superen las desigualdades y la marginación», afirmó León XIV, recordando que «al hacerse hombre, Dios se identificó con los más desfavorecidos, y esto hace que la atención preferencial por los pobres sea una opción fundamental para nuestra identidad cristiana».

Despedida de una Iglesia «viva, joven y rica en dones»

Antes de concluir, el Pontífice elogió a la Iglesia camerunesa: «Está viva, es joven, rica en dones y entusiasmo, vibrante en su diversidad y maravillosa en su armonía». Invitó a los fieles a mantener vivo el recuerdo de los momentos compartidos y a seguir «abriéndole espacio a Jesús» incluso en medio de las dificultades, para que «también los vientos contrarios, que nunca faltan en la vida, sean ocasión de crecimiento en el servicio gozoso a Dios y a los hermanos».

Tras la misa, se celebró la ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de Yaundé-Nsimalen. León XIV, acompañado por el primer ministro Joseph Dion Ngute, pasó revista a la Guardia de Honor y saludó a las autoridades institucionales y eclesiásticas presentes antes de subir al avión, que despegó a las 12:47 hora local. Durante el vuelo, el Papa envió telegramas al presidente de la República de Camerún, agradeciéndole «los numerosos y amables gestos de fraternidad», y a los jefes de Estado de Guinea Ecuatorial, Gabón y la República del Congo, cuyos cielos sobrevoló.

«No me interesa en absoluto debatir con Trump»

Ya a bordo del avión, León XIV se dirigió a los periodistas para hacer un balance de la etapa camerunesa y aclarar lo que calificó como una «narrativa no del todo exacta» surgida en los últimos días. El Papa explicó que, tras las declaraciones del presidente Trump a principios de semana, él mismo había respondido en el vuelo de ida, pero que desde entonces consideraba el asunto cerrado. «Gran parte de lo que se ha escrito desde entonces no es más que un comentario sobre otro comentario, en un intento de interpretar lo que se dijo», señaló.

Como ejemplo, citó el discurso pronunciado en el Encuentro de oración por la paz del 16 de abril, que «se había preparado dos semanas antes, mucho antes de que el presidente comentara sobre mí y sobre el mensaje de paz que estoy promoviendo. Sin embargo, se interpretó como si estuviera tratando de debatir de nuevo con el presidente, algo que no me interesa en absoluto».

El Pontífice reiteró su misión: «Vengo a África principalmente como pastor, como jefe de la Iglesia católica, para estar con todos los católicos africanos, para celebrar con ellos, para animarlos y acompañarlos». Recordó también el «excelente encuentro» con un grupo de imanes en la Nunciatura de Yaundé y la necesidad de «seguir promoviendo el diálogo, la promoción de la fraternidad, la comprensión, la aceptación y la construcción de la paz con personas de todas las confesiones». A través del periodista camerunés Charles Ebune, de Cameroon Radio Television (CRTV), envió su gratitud al pueblo de Camerún «por la maravillosa acogida, el gran entusiasmo y la alegría de la gente».

Llegada a Angola: «Vengo como peregrino»

El avión papal aterrizó en el aeropuerto internacional «4 de Fevereiro» de Luanda a las 14:45 hora local, tras un vuelo de aproximadamente dos horas y media. León XIV permanecerá en Angola hasta el martes 21 de abril, antes de concluir su tercer viaje apostólico en Guinea Ecuatorial. El lema de la etapa angoleña es: «El Papa León XIV, peregrino de esperanza, reconciliación y paz, bendice a Angola».

El primer acto público en suelo angoleño fue el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Presidencial de Luanda, tras la visita de cortesía al presidente João Manuel Gonçalves Lourenço. «Vengo a vosotros para encontrarme con vuestro pueblo, como un peregrino que busca las huellas del paso de Dios en esta tierra amada por Él», dijo el Papa al inicio de su discurso.

León XIV dedicó un momento a las recientes inundaciones en la provincia de Benguela, asegurando su «oración por las víctimas» y expresando «cercanía a las familias que han perdido sus hogares». Destacó que los angoleños están «unidos en una gran cadena de solidaridad en apoyo de los afectados».

«No apaguen las aspiraciones de los jóvenes»

El Papa describió los recursos humanos de Angola como su mayor riqueza: «Vuestro pueblo posee tesoros que no se pueden vender ni robar». Elogió la resiliencia de los angoleños y una «alegría que ni siquiera las circunstancias más adversas han podido extinguir», pero advirtió contra los patrones de explotación económica: «Con demasiada frecuencia vuestras regiones han sido, y siguen siendo, consideradas con el fin de dar, o, más a menudo, de quitar algo».

Sobre África en general, el Pontífice la describió como «una reserva de alegría y esperanza», y señaló especialmente a las generaciones jóvenes: «Sus jóvenes y sus pobres siguen soñando, siguen esperando, no se conforman con lo que ya existe». Criticó los modelos económicos extractivos, que han provocado «sufrimiento, muertes y desastres sociales y medioambientales», y citó a San Pablo VI para denunciar una «civilización comercial, hedonista y materialista» que se presenta como el futuro pese a ser «completamente anacrónica».

Dirigiéndose a quienes ocupan puestos de responsabilidad, León XIV les animó a no «temer el desacuerdo» y a «anteponer el bien común a los intereses particulares, sin confundir nunca la propia parte con el todo». Advirtió, citando de nuevo a Francisco, contra las estrategias políticas basadas en «sembrar la desesperanza y la desconfianza constante», que conducen a la «polarización» y debilitan la cohesión social. «Sin alegría no hay renovación; sin encuentro no hay política; sin el otro no hay justicia», concluyó.

La jornada se cerró con un encuentro privado del Papa con los obispos de Angola, del que a la hora de esta crónica no han trascendido detalles.

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