(InfoCatólica) En el Domingo de la Divina Misericordia, León XIV ha recordado que la fe «necesita ser alimentada y sostenida» y ha subrayado el carácter indispensable de la Eucaristía dominical, en vísperas de su viaje apostólico a África.
Tomás y el encuentro con el Resucitado
Asomado al balcón del Palacio Apostólico ante los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, el Papa ha centrado su reflexión en el Evangelio de este segundo domingo de Pascua, que narra la aparición de Jesús resucitado al apóstol Tomás (cfr. Jn 20,19-31). «El hecho ocurre ocho días después de la Pascua, mientras la comunidad está reunida, y es allí donde Tomás se encuentra con el Maestro, quien lo invita a mirar los signos de los clavos, a meter la mano en la herida de su costado y a creer», ha explicado León XIV.
El Papa ha señalado que el evangelista san Juan ofrece indicaciones precisas: Tomás encuentra a Jesús el octavo día, en la comunidad reunida, y lo reconoce en los signos de su sacrificio. De esa experiencia brota su profesión de fe, «la más alta de todo el cuarto Evangelio»: «¡Señor mío y Dios mío!» (v. 29).
La fe necesita ser alimentada
«Ciertamente, creer no siempre es fácil. No lo fue para Tomás y tampoco lo es para nosotros», ha reconocido el Pontífice, subrayando que la fe «necesita ser alimentada y sostenida». Por ello, cada domingo, «el octavo día», la Iglesia invita a los fieles a reunirse y celebrar juntos la Eucaristía.
«En ella escuchamos las palabras de Jesús, oramos, profesamos nuestra fe, compartimos los dones de Dios en la caridad, ofrecemos nuestra vida en unión al Sacrificio de Cristo, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, para luego ser, también nosotros, testigos de su Resurrección, como indica el término «Misa», es decir, «envío», misión», ha detallado el Papa, citando el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1332).
Los mártires de Abitinia: «No podemos vivir sin el día del Señor»
León XIV ha evocado a los mártires de la Iglesia africana de los primeros siglos, los mártires de Abitinia, cuyo testimonio ha calificado de «bellísimo». «Ante la propuesta de salvar sus vidas a cambio de renunciar a celebrar la Eucaristía, respondieron que no podían vivir sin celebrar el día del Señor», ha recordado.
El Papa ha afirmado que es en la Eucaristía donde «se nutre y crece nuestra fe» y donde los esfuerzos de los fieles, «aunque limitados, por la gracia de Dios se funden como acciones de los miembros de un único cuerpo, el Cuerpo de Cristo, en la realización de un único gran proyecto de salvación que abarca a toda la humanidad». A través de ella, también nuestras manos se convierten en «manos del Resucitado», testigos de su presencia, «de su misericordia y de su paz, en los signos del trabajo, de los sacrificios, de la enfermedad, del paso de los años, que a menudo quedan grabados en ellas, como en la ternura de una caricia, de un apretón, de un gesto de caridad».
Llamamiento a la fidelidad eucarística
Antes de rezar el Regina Caeli, y en vísperas de su partida hacia África prevista para mañana lunes 13 de abril, el Papa ha lanzado un llamamiento a la fidelidad eucarística: «En un mundo que tanto necesita la paz, esto nos compromete más que nunca a ser asiduos y fieles a nuestro encuentro eucarístico con el Resucitado, para salir de él como testigos de la caridad y portadores de la reconciliación». Ha invocado la intercesión de la Virgen María, «bienaventurada porque fue la primera en creer sin ver» (cfr. Jn 20,29).








