(InfoCatólica) Más de 21.000 jóvenes y adultos recibieron el bautismo en Francia durante la Vigilia Pascual de 2026, una cifra que no deja de crecer año tras año y que ha llevado a las diócesis de la región de Île-de-France a convocar un concilio provincial dedicado al catecumenado. El Obispo Matthieu Rougé, de la diócesis de Nanterre, explica en una entrevista concedida a la revista Communio las claves de este fenómeno y las expectativas que la Iglesia francesa deposita en esa asamblea.
Un crecimiento que desafía los pronósticos
Mons. Rougé sitúa el auge de los bautismos de adultos en el cruce de dos dinámicas que ya describió el Cardenal Jean-Marie Lustiger, Arzobispo de París entre 1981 y 2005: «el desvanecimiento de un catolicismo de pertenencia y la aparición de un catolicismo de compromiso». El obispo reconoce que no conviene hablar precipitadamente de un revival religioso masivo, ya que el fenómeno «es todavía frágil y se encuentra en fase de gestación». Sin embargo, subraya que aproximadamente la mitad de los catecúmenos procede de ambientes ateos o de otras religiones, lo que revela «una auténtica atracción de Cristo y de la fe católica».
Preguntado por las críticas de algunos sociólogos que reducen estas conversiones a «bautismos infantiles aplazados», Rougé responde con claridad: «El afán de algunos sociólogos por desacreditar aquello que contradice sus pronósticos resulta sorprendente y plantea interrogantes sobre la objetividad de sus métodos».
Caminos diversos hacia la fe
Los catecúmenos escriben al obispo para solicitar los sacramentos de la iniciación cristiana, y sus relatos, según Rougé, son «especialmente impresionantes». Muchos han encontrado en Cristo y en el Evangelio «una fuente decisiva de luz y de consuelo» en medio de pruebas personales, familiares, profesionales o migratorias. «Sin saberlo, han vivido una experiencia del misterio pascual y desean ahora avanzar por el camino de la gracia», explica.
Los itinerarios de acceso a la Iglesia son variados: algunos entraron en un templo y experimentaron una sensación de paz; otros quedaron conmovidos por la lectura de los Evangelios o por la belleza de la liturgia; otros se sintieron impresionados por el testimonio de caridad y oración de los católicos que encontraron en su camino. El obispo señala también la influencia de iniciativas parroquiales nacidas de la dinámica misionera y destaca el papel creciente de las redes sociales, aunque advierte de que estas «no sustituyen la gran necesidad de acogida concreta y de fraternidad».
Un concilio provincial para el catecumenado
Las diócesis de Île-de-France han convocado un concilio provincial para profundizar en este fenómeno. Mons. Rougé detalla los objetivos: crear conciencia sobre el papel central del catecumenado en la vida parroquial, compartir buenas prácticas en la acogida y acompañamiento de catecúmenos y neófitos, reflexionar sobre situaciones delicadas (personas psicológicamente frágiles o que han roto con su familia o su comunidad religiosa de origen) y profundizar teológica y espiritualmente en la iniciación cristiana.
El proceso incluye una fase de consultas amplias en parroquias, equipos de catecumenado y servicios diocesanos, a partir de la cual se elaborará un instrumento de trabajo. Este documento servirá de base para una asamblea de 400 personas que trabajará también en comisiones temáticas.
Vincular sacramentos y vida cristiana
El obispo subraya una preocupación teológica que considera prioritaria: «Debemos vincular mejor los sacramentos y la vida cristiana. Algunos equipos de acompañamiento se centran tanto en la preparación del bautismo que casi olvidan que se trata de introducir en una vida cristiana». Rougé insiste en recuperar la dinámica unitaria de los tres sacramentos de la iniciación (bautismo, confirmación y eucaristía) y en comprender mejor cómo la gracia sacramental actúa a lo largo del tiempo, exigiendo «una disposición permanente a cooperar».
La integración de los neófitos, reto central
Una de las cuestiones que motivan el concilio es precisamente la integración de los recién bautizados en la vida comunitaria. La diócesis de Nanterre cuenta con equipos de catecumenado en cada parroquia y, de forma creciente, con equipos específicos para neófitos, apoyados por servicios diocesanos de formación. «La Iglesia es consciente de que no debe decepcionar a quienes llaman a su puerta», afirma Rougé. Entre los desafíos pendientes, el obispo destaca la necesidad de aumentar el número de acompañantes bien formados, tanto en capacidades catequéticas como en competencia interpersonal.
Perfiles diversos, no una cuestión partidista
Ante la hipótesis, frecuente en el debate alemán, de que los conversos responden mayoritariamente a un perfil conservador o vinculado a la derecha política, Rougé matiza, da la sensación de que él también está desconcertado: «Los perfiles son muy diversos. Algunos se acercan a la Iglesia buscando identidad, especialmente cultural. Pero esa búsqueda no siempre tiene una dimensión política, y cuando la tiene, puede adoptar formas muy variadas». El obispo concluye con una llamada a la apertura: «Se trata de acoger con benevolencia y corazón abierto a quienes el Señor nos envía, para recorrer juntos el camino del Evangelio. En esta como en otras cuestiones, el miedo nunca es un buen consejero».






