Una tradición centenaria devuelve a muchos jóvenes filipinos a la iglesia en torno a la Pasión de Cristo
Foto cortesía del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Fátima/Facebook

Semana Santa en Filipinas

Una tradición centenaria devuelve a muchos jóvenes filipinos a la iglesia en torno a la Pasión de Cristo

El Senakulo, representación tradicional filipina de la Pasión del Señor, vuelve a atraer a numerosos jóvenes en distintas parroquias de Filipinas.

(UCANews/InfoCatólica) A los seis años, Shekinah Fuentes apenas conoce los dolores profundos de la vida. Sin embargo, sobre el escenario, su rostro se contrajo de dolor de tal manera que conmovió hasta las lágrimas a muchos adultos, entre ellos sus propios padres. Durante una representación de casi dos horas celebrada el Martes Santo, la niña interpretó a una de las mujeres de Jerusalén que lloran al encontrarse con Jesucristo en su camino hacia el Calvario.

Aquella misma tarde, en otra parte del escenario, aparecía Leo Llorca, un joven de 28 años que trabaja repartiendo agua. A él le correspondió representar a Caifás, el sumo sacerdote que conspiró para entregar a Cristo a la muerte. Tanto Shekinah como Llorca formaban parte de un grupo de alrededor de cien jóvenes que participaron en el Senakulo en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Fátima, en la ciudad de Valenzuela, al norte de la región capitalina de Filipinas.

El Senakulo es una representación tradicional filipina de la Pasión de Cristo. Sus raíces se remontan al siglo XVII, cuando Filipinas se hallaba bajo dominio colonial español. De ordinario, esta escenificación se desarrolla en iglesias o en las calles, donde los vecinos se reúnen para asistir durante una o dos horas al relato dramático de la Pasión del Señor.

Lejos de extinguirse, esta tradición ha sabido mantenerse viva porque ha pasado de una generación a otra. Ahora, además, se apoya en equipos profesionales y en música contemporánea para hacerse más atractiva a la llamada generación Z. De ese modo, está consiguiendo atraer a miles de jóvenes filipinos de nuevo a la Iglesia en un momento en que la asistencia a los templos viene descendiendo.

La historia de la pequeña Shekinah muestra con claridad ese carácter familiar y transmisor de la tradición. Su padre, Jaycee Fuentes, de 35 años, participa de forma habitual en el Senakulo desde 2010. Este año no pudo intervenir por obligaciones laborales, pero se alegró de que su hija de seis años ocupara su lugar. Según explicó, la niña ama la interpretación desde que tenía tres años.

La preparación para la representación comenzó en casa. Jaycee y su esposa, Ruan Badajos, enseñaron a su hija el sentido del Vía Crucis para ayudarla a comprender el sufrimiento de Cristo. El padre explicó: «Le resulta muy fácil conectar con esas emociones porque ve y siente el sufrimiento de Jesús. Antes de que participara en el Senakulo, realmente le abrimos los ojos a la manera en que Jesús sufrió».

El fruto de esa educación religiosa no se limita al escenario. Según su padre, Shekinah está creciendo como una niña piadosa, hasta el punto de ser ella quien dirige las oraciones en el desayuno, el almuerzo y la cena. Preguntada por su oración a Dios, la pequeña respondió con sencillez: «Señor, gracias por los dones que nos has dado. Amén».

También Leo Llorca habló de su compromiso con esta representación. Todavía vestido con el traje de Caifás mientras era entrevistado, explicó que había reservado tiempo para los ensayos a pesar de sus obligaciones laborales. Por la mañana trabaja, y por la tarde presta servicio como miembro del coro parroquial. Lleva ya cinco años participando en el Senakulo y resumió así el motivo de su entrega: «Esta es mi promesa a Dios cada año». Y añadió: «Es mi manera de mostrar gratitud por las gracias dadas por Dios».

El párroco de Nuestra Señora de Fátima, el padre Elmer Ignacio, aseguró que el Senakulo es una forma de acercar a los jóvenes a la Iglesia y de ayudarles a desarrollar sus talentos. Subrayó además que esta representación escénica resulta eficaz para mostrar la importancia de la Semana Santa, haciendo visible ante los ojos de los fieles el drama de la Pasión del Señor.

El vicario parroquial, el padre Jan Brian Samson, que además actuó como asesor espiritual de los participantes, confesó que lloró mientras contemplaba la representación del Martes Santo. A su juicio, la obra devolvió nueva vida a las palabras de la Pasión del Señor, haciéndolas resonar con fuerza renovada en quienes la contemplaban.

Por su parte, el padre Nicanor Lalog II, capellán de la cercana Universidad Nuestra Señora de Fátima, destacó que el Senakulo permite a los jóvenes ofrecer «su propia interpretación de la Pasión de Cristo». Y expresó esa realidad con una fórmula particularmente significativa: «Esta es la palabra haciéndose carne en ellos. Esta es la homilía de los niños».

Esa «homilía de los niños» adoptó una forma distinta en la ciudad de Manila, en otra zona de la región capitalina, donde el Miércoles Santo se celebró otra versión contemporánea del Senakulo. En el Santuario Nacional y Parroquia de Nuestra Señora de Loreto, la representación interpretó la Pasión de Cristo a la luz de problemas actuales como la pobreza, la desinformación y la violencia provocada por la guerra contra las drogas impulsada por el expresidente Rodrigo Duterte.

La puesta en escena seguía primero las escenas tradicionales de la Pasión, como las falsas acusaciones levantadas por escribas y fariseos contra Jesús. Después, los actores mostraban cómo formas semejantes de sufrimiento afligen hoy a la gente común. Entre los ejemplos señalados figuraban los miles de sospechosos de narcotráfico que murieron en la campaña de Duterte sin haber podido defenderse ante un tribunal.

El párroco de Nuestra Señora de Loreto, el padre Eric Adoviso, explicó que eligieron ese enfoque por el vínculo profundo entre el tiempo de Cristo y el tiempo presente. Lo expresó de forma directa: «Las cosas que le ocurrieron a Jesús siguen ocurriendo hoy».

Ante la posibilidad de que las referencias a la guerra contra las drogas suscitaran controversia, el sacerdote insistió en que la enseñanza de la Iglesia es sencilla: «No matarás», y recordó que la Iglesia debe mantenerse siempre fiel a ese mandato. Añadió además que el propio Jesucristo fue víctima de la pena de muerte, a la que la Iglesia se opone.

En cualquier caso, el padre Adoviso manifestó la alegría de su parroquia por la implicación de los jóvenes en el Senakulo. «Queremos que nuestra Iglesia sea inclusiva», afirmó. Desde esa perspectiva, la representación de la Pasión no aparece solo como una costumbre religiosa heredada, sino también como un espacio concreto en el que muchos jóvenes encuentran un lugar en la vida eclesial.

Bryan Agir, encargado del guion del Senakulo de este año en Loreto, expresó igualmente su admiración por el resultado alcanzado. Dijo contemplar «un futuro brillante, un presente brillante». Y añadió: «Ver a los jóvenes responder a obras así de la Iglesia —especialmente porque la recompensa no es muy grande, y a veces incluso es inmaterial— nos llena de esperanza».

Así, en medio de una cultura contemporánea frecuentemente marcada por la dispersión y la pérdida del sentido religioso, esta antigua tradición de Semana Santa sigue mostrando una fuerza singular. El Senakulo, lejos de ser una reliquia folclórica, se confirma en Filipinas como una herramienta viva de transmisión de la fe, de catequesis y de retorno a la Iglesia, especialmente para las nuevas generaciones que vuelven a encontrarse con Cristo contemplando su Pasión.

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.