(LifeSiteNews/InfoCatólica) La ciudad de Boise ha retirado la bandera arcoíris LGBT de su ayuntamiento después de que una nueva ley estatal pusiera fin al intento del consistorio de esquivar la prohibición de exhibir banderas no oficiales en edificios públicos. La medida supone un golpe para la línea ideológica impulsada desde la alcaldía de la capital de Idaho, que había querido mantener ese emblema en la sede municipal a pesar de la legislación aprobada por el Estado.
El año pasado, Idaho aprobó una prohibición contra las banderas no oficiales en los edificios gubernamentales, con excepción de las escuelas. Ante esa norma, la alcaldesa de Boise, Lauren McLean, promovió en mayo una resolución para formalizar «qué banderas son consideradas las banderas oficiales de nuestra ciudad». A partir de esa iniciativa, el concejo municipal adoptó la bandera arcoíris como bandera oficial de Boise, de manera que pudiera encajar dentro de lo permitido por la ley.
En aquel momento, el entonces presidente del concejo municipal, Colin Nash, defendió la decisión con estas palabras: «Las banderas que la ciudad iza son una expresión de nuestros valores y responsabilidades, que incluyen un compromiso con la igualdad, la inclusión y el orgullo cívico. Esta es nuestra expresión legal de nuestra dedicación a garantizar que todos los miembros de nuestra comunidad se sientan vistos, respetados y bienvenidos».
Sin embargo, esta semana el gobernador republicano Brad Little firmó la ley HB 561, que deja sin efecto esa maniobra al exigir que toda bandera válida de una ciudad o de un condado haya sido «establecida antes del 1 de enero de 2023». Con esa modificación, la enseña aprobada por Boise el año pasado dejaba de poder acogerse a la excepción invocada por el consistorio.
La nueva norma añade además una sanción económica clara para quien desobedezca. Según el texto legal, «una entidad gubernamental que no cumpla las disposiciones de esta sección estará sujeta a una sanción civil de dos mil dólares por bandera y por cada día en que dicha bandera sea exhibida». Esa amenaza fue la que terminó forzando al ayuntamiento de Boise a retirar la bandera del orgullo LGBT.
La alcaldesa Lauren McLean reconoció la decisión y explicó que obedecía al peso de la sanción prevista por la nueva ley. «Como la ley incluye una sanción sustancial, una que en última instancia recaería sobre los contribuyentes de Boise, decidí retirar la bandera oficial del Orgullo de la ciudad», declaró. Pero al mismo tiempo quiso reafirmar la línea ideológica del consistorio, añadiendo: «Pero quiero dejar claro que los valores de Boise no han cambiado, y no están definidos por ninguna acción concreta adoptada en el Capitolio estatal».
También la actual presidenta del concejo municipal, Meredith Stead, salió en defensa de ese emblema. «La bandera del Orgullo no es una declaración política», afirmó. Y añadió: «Nuestro compromiso con cada persona que ha mirado esa bandera y se ha sentido vista no vacila ni por un solo momento». Con ello, el consistorio dejó claro que su retirada no responde a un cambio de convicciones, sino a la obligación de someterse a la nueva legislación estatal.
La información subraya que el orgullo LGBT sigue muy asentado en enclaves locales de izquierda, pero sostiene al mismo tiempo que hay señales de que pierde respaldo entre el público general. En esa línea, recuerda que el año pasado numerosas organizaciones del orgullo reconocieron que estaban reduciendo sus planes de actos debido a la caída de las donaciones y a una menor receptividad cultural.
Del mismo modo, se señala que muchas empresas de gran relevancia han retrocedido en sus políticas corporativas woke. La pieza añade además que los sondeos realizados después de las elecciones indican que la insistencia de la vicepresidenta demócrata Kamala Harris en los llamados asuntos transgénero fue una de las principales razones por las que los votantes optaron por el presidente Donald Trump.
Así, la retirada de la bandera arcoíris del ayuntamiento de Boise queda presentada no sólo como la consecuencia inmediata de una nueva ley estatal, sino también como un episodio más dentro del desgaste público de la agenda LGBT. La maniobra del consistorio para consagrar esa bandera como enseña oficial de la ciudad no ha resistido el cambio legislativo impulsado desde Idaho, y ha terminado cediendo ante una norma que castiga con dureza el desafío de los edificios públicos al ordenamiento estatal.








