(InfoCatólica) El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida comunicó el pasado 27 de marzo la cancelación de la II Jornada Mundial de los Niños, que estaba prevista en Roma del 25 al 27 de septiembre de 2026. La decisión fue adoptada «después de una atenta reflexión y de acuerdo» con el Papa León XIV, según el texto del comunicado, y pone fin a la totalidad de una iniciativa impulsada por el Papa Francisco apenas dos años antes.
El dicasterio ha optado por un modelo descentralizado: «Todas las iniciativas dirigidas a la atención pastoral de los niños podrán celebrarse, a discreción de los ordinarios, a nivel diocesano o parroquial y con la participación de las familias, lugar natural del crecimiento humano y espiritual de cada niño». El organismo vaticano reafirmó además su «compromiso de promover la pastoral de la familia en todos sus componentes».
Un desmantelamiento en tres actos
La cancelación de la Jornada es el último paso de un proceso que el analista vaticano Luis Badilla describe como gradual y deliberado. Según Badilla, la estrategia seguida fue «proceder rápidamente, con firmeza, pero por grados», evitando una supresión abrupta que pudiera generar controversia.
El primer acto tuvo lugar el 9 de agosto de 2025, cuando León XIV firmó un rescriptum que colocaba el Pontificio Comité para la Jornada Mundial de los Niños dentro del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Hasta ese momento, el comité funcionaba como una estructura autónoma difícilmente encuadrable en el organigrama de la Santa Sede, dependiente en exclusiva de la voluntad del Papa Francisco. Esa autonomía, señala Badilla, se había desvanecido tras la muerte de Bergoglio, pues el comité tenía «un único y exclusivo referente: el Papa Francisco».
El segundo acto llegó el 13 de febrero de 2026, cuando un quirógrafo papal disolvió el comité, sus estatutos y todos los elementos vinculados. Cesaron automáticamente en sus funciones el presidente, el vicepresidente y todos los miembros, incluido el P. Enzo Fortunato, que hasta entonces había presidido el organismo. La responsabilidad plena pasó al dicasterio encabezado por el Cardenal Kevin Farrell, a quien el Papa confió la coordinación general y la presentación del balance final de liquidación ante la Secretaría para la Economía. En aquel momento, sin embargo, la Jornada en sí quedaba en pie. Como recuerda Badilla, los medios vaticanos subrayaron este extremo y en el Vaticano se consideraba positivo mantenerla.
El tercer y definitivo acto es la decisión del 27 de marzo, que suprime también la Jornada misma. Se da la circunstancia de que fue el propio León XIV quien, el 19 de noviembre de 2025, había anunciado públicamente la fecha del evento durante una audiencia: «Mi pensamiento va también a los niños, a los que tendré la alegría de encontrar en la Jornada a ellos dedicada, prevista del 25 al 27 de septiembre de 2026». El cambio de rumbo en apenas cuatro meses resulta, como subraya Badilla, poco habitual en el Vaticano, «en particular en el caso de una Jornada Mundial».
Una primera edición cuestionada
La I Jornada Mundial de los Niños se celebró en el Estadio Olímpico de Roma el 25 de mayo de 2024, convocada por el Papa Francisco, quien había publicado un mensaje especial el 2 de marzo de ese año. Según el análisis de Badilla, el evento se reveló insuficiente para poner en marcha una cita pastoral de alcance mundial. La prensa italiana habló genéricamente de 70.000 asistentes, pero otras fuentes situaron la cifra entre 25.000 y 50.000.
Badilla sostiene que el acto resultó excesivamente carnavalesco y carente del ethos necesario, y que muchas de las delegaciones presentadas como «niños de todo el mundo» eran en realidad menores residentes en Roma: hijos del cuerpo diplomático, familias de la Comunidad de Sant'Egidio y de otros movimientos eclesiales, o alumnos de colegios católicos internacionales. La ausencia de implicación real de las diócesis, ni siquiera las italianas, era evidente, argumenta el analista.
Los interrogantes abiertos
Badilla plantea varias preguntas que la supresión deja sin respuesta. La principal, a su juicio: qué había realmente detrás de la iniciativa de la Jornada, con un comité organizador «pontificio» dotado de amplios márgenes también en la captación de fondos y bajo el control directo del Papa. El analista señala que esta historia debería reconstruirse en el contexto de los últimos años del pontificado de Francisco, donde, sostiene, «se insertaron grupos restringidos y figuras opacas, a veces indicados como "los de Santa Marta"».
Badilla también apunta al silencio de la prensa ante la cancelación, que califica de llamativo tratándose de una materia sobre la que se debatió ampliamente tras la disolución del comité en febrero. Finalmente, se pregunta si un destino similar podría alcanzar a la Asamblea Eclesial Mundial sobre la Sinodalidad prevista para 2028, otro evento heredado por León XIV cuya gestación, argumenta, fue igualmente discutida y poco transparente.






