(AFP/InfoCatólica) No es una novela victoriana. Lo parece, pero pertenece a esa realidad que se quiere edulcorar e incluso se niega respecto a la acción de la masonería. El juicio contra una red mafiosa incrustada en una logia masónica de los suburbios de París arrancó este lunes en Francia con 22 acusados en el banquillo, trece de los cuales se enfrentan a cadena perpetua.
Entre los procesados figuran agentes de los servicios secretos, policías y empresarios. Hay que tener en cuenta que la masonería, especialmente la de obediencia francesa, es la más radicalmente anticatólica en todos los frentes. Del mismo modo que es bueno recordar la absoluta incompatibilidad, también canónica, entre ser católico y masón.
Los hechos: de la logia al crimen organizado
Según informa AFP, el caso tiene como epicentro la antigua logia masónica Athanor, radicada en Puteaux, en la periferia parisina. Según la investigación, varios de sus aproximadamente veinte miembros constituyeron una estructura criminal que encargaba agresiones, robos e incluso asesinatos a través de un escuadrón de sicarios.
Los presuntos cabecillas son tres masones de Athanor: Jean-Luc Bagur, de 69 años, descrito como «venerable maestro» de la logia y coach empresarial; Frédéric Vaglio, empresario de 53 años que habría actuado como intermediario; y Daniel Beaulieu, de 72, agente jubilado de la inteligencia interior francesa (DGSI). Junto a ellos se sienta Sébastien Leroy, jefe operativo del grupo de sicarios, que no pertenecía a la logia pero ejecutaba los encargos del trío.
Un asesinato fallido destapa la trama
La investigación se desencadenó en julio de 2020, cuando dos militares fueron detenidos con armas cerca del domicilio de Marie-Hélène Dini, coach empresarial y rival profesional de Bagur. Durante los interrogatorios, los detenidos declararon que creían haber recibido una misión del Estado francés para eliminar a Dini, supuestamente vinculada al Mossad israelí.
Los investigadores descubrieron que Bagur había encargado la eliminación de su competidora a Vaglio a cambio de 70.000 euros. Vaglio, a su vez, habría canalizado el encargo hacia el grupo de Beaulieu y Leroy.
Escalada criminal: del sabotaje al homicidio
Leroy admitió en custodia policial que él o sus asociados ejecutaron la mayoría de las agresiones, robos y asesinatos ordenados por la red. Según la investigación, los delitos encargados por la mafia masónica fueron escalando progresivamente desde ataques menores de represalia hasta el homicidio.
Entre los episodios documentados figuran el robo violento del ordenador de una empresaria en plena calle, en un caso de espionaje industrial; el incendio del vehículo de una asociada de Bagur en 2019, después de que esta descubriera indicios de fraude financiero en su empresa; y el asesinato del piloto de carreras Laurent Pasquali, cuyo cuerpo fue hallado en un bosque en 2018, presuntamente eliminado por una deuda impagada a allegados de Vaglio.
Agentes del Estado en el banquillo
Entre los 22 acusados hay cuatro militares del servicio de inteligencia exterior (DGSE), dos policías, un agente jubilado de la DGSI, un guardia de seguridad y dos ejecutivos. La mayoría, con edades comprendidas entre los 30 y los 73 años, carecen de antecedentes penales.
Leroy declaró que actuó en todo momento convencido de que trabajaba para el Gobierno, y denunció que Beaulieu le había «manipulado» con la promesa de convertirle en informante de la DGSI.
Jean-William Vézinet, abogado de Dini, resumió así la inquietud de su clienta: «Lo que mi clienta encontró aterrador es que las figuras clave de este caso, policías, exagentes de la DGSI y masones, son precisamente las personas que se supone que actúan por el bien de la sociedad».
Un juicio de al menos tres meses
El estado de salud de uno de los presuntos cabecillas añade incertidumbre al proceso. Beaulieu realizó un aparente intento de suicidio durante su custodia policial, que le dejó con una discapacidad y «concentración deteriorada», según su abogado. Se desconoce qué información podrá aportar durante el juicio, cuya duración estimada es de al menos tres meses.







