(ACI/InfoCatólica) La Diócesis de Valledupar inauguró el 25 de marzo el memorial «María, Madre de los niños no nacidos», que se convierte en el tercero levantado en Colombia. La ceremonia se celebró con motivo del Día Internacional del Niño por Nacer y tuvo lugar en el Cementerio Jardines del Eccehomo, bajo la presidencia del Obispo de Valledupar, Mons. Óscar José Vélez Isaza.
El memorial «María, Madre de los niños no nacidos» forma parte de un apostolado internacional cuyo representante en Colombia es el P. Jorge Arias Toro. La imagen instalada en Valledupar es una réplica de la escultura creada por la artista italiana Magda Matteucci e instalada en 1991 en el Cementerio de L’Aquila, en Italia. Se trata de una representación de la Santísima Virgen María acogiendo en sus brazos a varios niños, una imagen de fuerte contenido espiritual y profundamente vinculada a la defensa de los no nacidos.
Con el paso de los años, varias réplicas de este memorial fueron colocadas en cementerios de Italia, Polonia, Perú, Ecuador, Chile, México y Venezuela. Colombia se incorporó a esta iniciativa en 2024, cuando se levantaron dos memoriales: uno en el municipio de Choachí, perteneciente a la Arquidiócesis de Bogotá, y otro en el Jardín Cementerio de Fontibón, en la diócesis del mismo nombre. La inauguración de Valledupar confirma así la continuidad de esta presencia provida en el país.
La Iglesia Católica en Colombia inauguró en Valledupar el memorial “María, Madre de los niños no nacidos”, pidiendo a la Virgen que acompañe y proteja a todas las mujeres embarazadas. Crédito: Fundación Domus Colombia. @aciprensa pic.twitter.com/d826u7cXJC
— Eduardo Berdejo (@eberdejor) March 26, 2026
Mons. Vélez Isaza destacó durante el acto que la inauguración se realizara precisamente en la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Para el prelado, esa coincidencia encierra un sentido espiritual profundo, porque enlaza directamente el memorial con el momento en que la Virgen aceptó la voluntad de Dios. En sus palabras, se trata de un hecho providente porque «una cosa va con la otra: es celebrar el “sí” de María a la voluntad de Dios sobre su vida».
El obispo quiso detenerse también en el carácter concreto y exigente de ese «sí» de Nuestra Señora. Recordó que no fue algo fácil, dadas las circunstancias personales en que se encontraba la Virgen. Por eso explicó: «También un “sí” que sabemos que no fue fácil, en la coyuntura especial de lo que era la Virgen María, de lo que era su momento personal, de lo que era su compromiso también matrimonial en ese momento, en fin, de lo que eran sus planes de vida, sus proyectos».
Lejos de presentar la respuesta de María como algo superficial o automático, Mons. Vélez Isaza subrayó que el consentimiento de la Virgen se produjo en medio de una prueba real y de una oscuridad que humanamente podía suscitar temor. Sin embargo, afirmó que la acción de Dios abrió su voluntad y la llevó a abrazar plenamente el designio divino. Así lo expresó: «Las dificultades, por muchas que fueran en ese momento, por muchas que fuera la oscuridad en ese momento, también para María, la incidencia de Dios, la acción de Dios que le promete que va a estar con ella, que no la va a dejar sola, que para Dios nada es imposible, abre también la voluntad de María para decir el “sí”, el “hágase en mí según tu palabra”».
Desde esa contemplación del misterio de la Anunciación, el obispo animó a encomendar a la Virgen la protección y el acompañamiento de todas las mujeres que atraviesan dificultades durante el embarazo. Se refirió en concreto a quienes padecen «problemas ante situaciones de embarazos, no pensados, no planeados, no deseados», para que también ellas puedan abrirse al don de la vida.
El prelado expresó el deseo de que esas mujeres encuentren en la Madre de Dios fortaleza, luz y apoyo para acoger al hijo concebido. En esa línea afirmó que puedan «decir sí a la vida y dar una criatura al mundo». Y añadió una reflexión aún más directa sobre la maternidad: «Ese sí que abrirá verdaderamente las puertas para la verdadera felicidad y plenitud de la mujer al tener un hijo, al darlo a luz y al entregarlo al mundo como lo entregó María».
Ante las autoridades y fieles presentes, Mons. Vélez Isaza elevó además una súplica a la Santísima Virgen, invocándola como Madre de los no nacidos. Pidió que «acompañe también todo nuestro caminar eclesial, y en este caso el de nuestra diócesis, para promover cada día más la defensa y el cultivo de la vida humana». La frase resume el sentido espiritual y pastoral del memorial: no se trata solo de una escultura, sino de un signo público que llama a la oración, a la reparación y al compromiso concreto con la defensa de toda vida humana inocente.
Los organizadores explicaron que la instalación del primer memorial, en 1991, fue una respuesta a las consecuencias que ya había producido en Italia la ley que legalizó el aborto en 1978. Es decir, esta obra nació desde el principio como una reacción explícita ante la cultura de la muerte y como una afirmación visible de la dignidad de los niños no nacidos.
También señalaron que «el memorial nace como respuesta a las oraciones ofrecidas por integrantes del movimiento Armata Bianca Internacionale quienes en su tiempo vieron la necesidad de tomar acciones». De esta forma, la iniciativa aparece unida tanto a la oración como a la voluntad de dar una respuesta concreta frente al drama del aborto.
Posteriormente, en 2021, la Asociación Laica Armata Bianca de Italia permitió al laico Andrés Negri Valarezo impulsar la difusión de estos memoriales, «pidiendo que sea mantenida en el mismo espíritu y en unión fraternal de intenciones». Ese dato muestra que la expansión internacional de esta obra no responde a una simple reproducción artística, sino a la continuidad de una intención espiritual claramente definida.
La instalación de cada memorial debe contar con el respaldo del obispo local, lo que subraya su carácter eclesial. En el caso de Valledupar, esa dimensión quedó manifiesta no solo por la presencia de Mons. Vélez Isaza, sino también por el contenido de sus palabras, centradas en María, en la acogida de la vida y en la necesidad de promover cada día más la defensa de la vida humana.
La inauguración del memorial en Valledupar se convierte así en un nuevo acto de testimonio católico en favor de los no nacidos. En un tiempo en que el aborto es presentado con frecuencia como derecho y solución, esta obra recuerda que toda criatura concebida posee una dignidad que merece ser reconocida, amada y protegida. Bajo la mirada de la Virgen María, el nuevo memorial levanta en Colombia una señal pública de oración, de esperanza y de fidelidad a la vida.







