Tras los devastadores temporales en Hawái, parroquias y grupos católicos se vuelcan en la ayuda a los damnificados
Voluntarios de EPIC Ministry limpian las casas de los residentes de North Shore, Oahu, afectados por las devastadoras tormentas de finales de marzo de 2026. | Crédito: Foto cortesía de Dallas Carter de EPIC Ministry.

Caridad católica ante la emergencia

Tras los devastadores temporales en Hawái, parroquias y grupos católicos se vuelcan en la ayuda a los damnificados

Las lluvias torrenciales y los fuertes vientos que azotaron Hawái entre el 20 y el 22 de marzo dejaron destrucción generalizada, al menos una víctima mortal y centenares de personas afectadas. En medio del desastre, parroquias, sacerdotes y organizaciones católicas han movilizado refugio, alimentos, agua, limpieza y acompañamiento espiritual.

(CWR/InfoCatólica) Hawái, tantas veces presentado como paraíso tropical, sufrió entre el 20 y el 22 de marzo un violento episodio de lluvias torrenciales y fuertes vientos provocado por dos sistemas de baja presión Kona. El temporal dejó una estela de destrucción en varias islas, con inundaciones, deslizamientos de tierra, graves daños en viviendas, negocios y explotaciones agrícolas, y al menos una muerte reportada.

Las zonas más golpeadas fueron la North Shore de Oahu y el sureste de Maui, donde en algunos lugares se registraron hasta 46 pulgadas de lluvia. La violencia del agua arrasó carreteras, desplazó vehículos, arrancó estructuras de sus cimientos y dejó a numerosas personas sin hogar. En las áreas afectadas, muchas de las construcciones que siguieron en pie quedaron inundadas y cubiertas de barro.

Entre las instalaciones católicas de las islas también se han registrado daños de distinta consideración, y desde los primeros momentos comenzaron las labores de socorro. En ese esfuerzo están desempeñando un papel destacado varias organizaciones católicas, entre ellas EPIC Ministry, los Caballeros de Colón y Catholic Charities Hawaii, además de numerosas parroquias.

Uno de los puntos más castigados fue la North Shore de Oahu. El padre Romple Emwalu, párroco de St. Michael Church en Waialua y responsable también de la misión parroquial de Sts. Peter and Paul, cerca de Waimea Bay, relató que durante tres días «hacía viento y llovía continuamente». La iglesia de St. Michael, al estar situada en una ladera, no sufrió inundaciones graves, pero muchas viviendas situadas justo debajo quedaron severamente dañadas y una de ellas fue arrastrada. También se anegaron las calles cercanas, el aparcamiento parroquial y el césped de la escuela parroquial. La iglesia de la misión de Sts. Peter and Paul evitó daños serios en el templo, pero los salones y oficinas que la rodean sí quedaron inundados.

Cuando remitió la tormenta, St. Michael se convirtió en centro de operaciones para varias organizaciones de ayuda. Allí se distribuyeron alimentos y agua potable, mientras los voluntarios comenzaban a despejar escombros y limpiar viviendas. El padre Emwalu explicó con crudeza la situación de muchos fieles: «Muchas de las casas de nuestros feligreses quedaron inhabitables, con hasta 4 pies de agua en el interior».

Entre los grupos católicos que acudieron a prestar ayuda figura EPIC Ministry, una asociación laical de fieles. Su presidente, Dallas Carter, explicó que su objetivo principal es «ayudar a los jóvenes adultos a encontrarse con Cristo», pero añadió que una segunda línea de su trabajo consiste en asistir a quienes pasan necesidad, incluidos los afectados por emergencias.

La organización ya había intervenido de forma importante durante el incendio de 2023 que causó 102 muertos y borró del mapa la localidad de Lahaina, en Maui. Entonces envió 300 voluntarios y reunió 500.000 dólares para ayudar a las víctimas. En esta ocasión, Carter, que vive en Oahu, participó directamente en las tareas de ayuda a los damnificados de la North Shore. Explicó que, cuando el agua comenzó a retirarse, las casas aparecieron llenas de barro que había echado a perder alfombras, muebles, electrodomésticos y ropa. Muchas de esas viviendas han quedado inhabitables y, en sus palabras, «la gente está viviendo de maletas».

El padre Emwalu añadió que St. Michael ha ofrecido refugio temporal a personas desplazadas, mientras otras han tenido que marcharse con familiares a otros puntos de las islas o acudir a albergues para indigentes. A la falta de vivienda se suma el problema del transporte, ya que muchas carreteras quedaron inundadas y numerosos coches terminaron cubiertos por el agua.

Pese a la magnitud del golpe, el sacerdote subrayó que también hay motivos para la esperanza. Muchos voluntarios se han presentado para ayudar y han comenzado a llegar donativos. «Tragedias como esta realmente pueden sacar lo mejor de la gente», afirmó. Y añadió: «Es maravilloso ver a la gente trabajando unida para ayudarse unos a otros».

Otra de las áreas especialmente castigadas fue Kihei, en Maui. El padre William Kunisch, párroco de St. Theresa Parish, declaró: «He vivido en Hawái durante 35 años, y es la peor tormenta que he visto nunca. La lluvia era torrencial». La iglesia parroquial se inundó y parte del aparcamiento quedó bajo el agua durante una semana. La comunidad que rodea la parroquia sufrió una devastación extensa, con carreteras destruidas, postes telefónicos derribados, cortes generalizados de electricidad y viviendas arrasadas.

El sacerdote explicó que algunos feligreses vieron cómo el agua les llegaba hasta la cintura dentro de sus casas. También acudió, junto con otros responsables religiosos, a un centro de ayuda de la Cruz Roja para ofrecer apoyo espiritual a los damnificados. Allí pudo comprobar el estado anímico de muchas personas. «La gente estaba traumatizada. Estaban desconcertados, confundidos y sobrepasados», recordó. Y, aludiendo al incendio de Lahaina, añadió: «La gente está soportando mucho».

Karen Powers, directora de formación en la fe en St. Theresa, dijo que las tormentas Kona le recordaron las inundaciones repentinas que había vivido anteriormente en Arizona. «Ya había visto antes algo así y lo devastador que puede ser; mucha gente que vive en Kihei no», señaló. Describió además las dificultades de transporte en la zona, después de que tramos de South Kihei, la principal carretera costera, quedaran afectados por socavones, mientras vehículos estacionados en la vía eran arrastrados por el agua.

Los comercios locales también han sufrido con dureza el temporal. Powers explicó que «los empleados tenían miedo de conducir sus vehículos por la carretera, preocupados de que el agua los empujara hacia el océano». La paralización de la actividad y el temor de la población han agravado así el impacto material del desastre.

Monseñor Terry Watanabe, vicario para Maui y párroco de St. Anthony Parish en Wailuku, nacido y criado en la isla, aseguró igualmente que nunca había visto algo semejante. «Fue la peor lluvia que he visto en mi vida; caían de 1 a 2 pulgadas por hora. El viento también era fuerte. Fue algo muy inusual». Aunque los daños en St. Anthony fueron mínimos, dentro de los límites de su parroquia hubo pérdidas catastróficas.

Entre ellas figura la primera muerte reportada por la tormenta: una mujer de 71 años que cayó al río Wailuku y fue arrastrada hasta el mar. Monseñor Watanabe relató asimismo que unos amigos de un feligrés, que habían construido una casa en esa misma zona pocos años antes, vieron cómo la estructura era arrastrada mar adentro.

El sacerdote señaló también que la región depende en gran medida del turismo y que muchos visitantes estaban cancelando sus viajes por la lluvia o marchándose antes de tiempo. «Tuve unos amigos de Kentucky que vinieron de visita y se fueron 10 días antes por la lluvia», contó. El golpe económico del temporal, por tanto, se suma al sufrimiento humano inmediato.

En Lahaina, el padre Kuriakose Nadooparambil, MF, párroco de Maria Lanakila Church, expresó su gratitud porque allí las inundaciones fueron mínimas. Ese templo ya había permanecido milagrosamente intacto en el incendio de 2023, pese a la destrucción de los edificios de alrededor. En esta nueva emergencia, el sacerdote afirmó: «Somos bendecidos. El buen Señor sigue protegiéndonos».

Mientras prosiguen las labores de limpieza y asistencia, St. Michael Parish ha puesto en marcha un fondo de ayuda para asistir a las víctimas de las inundaciones. EPIC Ministry también está recibiendo donativos para sus trabajos de socorro. En medio del barro, de las carreteras rotas y de las casas perdidas, la respuesta de la Iglesia en Hawái está siendo la de una caridad activa, concreta y perseverante, volcada en sostener a quienes han quedado golpeados por una tragedia de enormes proporciones.

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