(Agencias/InfoCatólica) El rey Felipe VI ha formalizado este viernes su vinculación con la Basílica de Santa María la Mayor mediante una ceremonia solemne en la que ha tomado posesión del título de protocanónigo honorario del cabildo, un privilegio reservado en exclusiva al jefe del Estado español. El acto, celebrado en el templo mariano más antiguo de Occidente, da continuidad a una relación histórica y espiritual de siglos entre España y esta basílica papal de Roma, y se ha producido tras la reunión privada de los Reyes con el Papa León XIV en el Palacio Apostólico del Vaticano.
Cincuenta minutos a solas con el Papa
La jornada comenzó en el Patio de San Dámaso del Palacio Apostólico, donde el coche oficial de los Reyes llegó a las 10:14 de la mañana, con la bandera española ondeando según el protocolo reservado a las visitas de jefes de Estado. Tras ser recibidos por el vicerregente de la Casa Pontificia, el P. Edward Daniang Daleng, y saludar al cortejo de gentilhombres, los monarcas fueron escoltados por la Guardia Suiza a través de la Sala Clementina hasta la Biblioteca privada, donde el Santo Padre los esperaba en la Sala del Tronetto.
Según informó la Casa Real, los Reyes conversaron a solas con León XIV durante 50 minutos. La reunión ha servido como antesala del próximo viaje apostólico del Pontífice a España, previsto para junio y que incluirá Madrid, Barcelona y Canarias. Será la primera visita de un Papa al país en quince años, desde que Benedicto XVI acudió a la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, cuando Felipe VI era aún príncipe.
La Reina Letizia vistió de blanco, haciendo uso del llamado privilège du blanc, reservado a las reinas católicas, aunque sin mantilla ni peineta.
Regalos cargados de simbolismo
En un gesto de marcado significado histórico, el Rey obsequió a León XIV con un facsímil del Libro de Horas de Felipe II, manuscrito devocional del siglo XVI conservado en el Real Monasterio de El Escorial. La obra, escrita en latín sobre pergamino y ricamente iluminada con miniaturas y detalles en oro, fue elaborada hacia 1568 por los frailes Andrés de León, Julián de la Fuente el Saz y Martín de Palencia, y contiene entre 35 y 45 miniaturas inspiradas en modelos del miniaturista renacentista Giulio Clovio. Los Reyes también regalaron al Papa una manta de butaca elaborada artesanalmente en lana merina y seda natural por el taller Ábbatte, vinculado a la iniciativa «Alianza por la Lana» y ubicado en el entorno del antiguo monasterio cisterciense de Santa María de la Sierra, en la sierra de Segovia.
Por su parte, el Papa regaló a los Reyes una reproducción de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, considerada la devoción mariana más antigua de la Basílica de San Pedro, junto con su mensaje para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz.
«Cordiales conversaciones» en la Secretaría de Estado
Tras la audiencia, los monarcas mantuvieron una reunión en la Secretaría de Estado con el Cardenal Pietro Parolin, acompañado por Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados. La delegación española incluía al ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y a la embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celáa.
Según el comunicado vaticano, durante las «cordiales conversaciones» ambas partes expresaron satisfacción por las buenas relaciones bilaterales y abordaron cuestiones de actualidad sobre la situación del país, el papel de la Iglesia en la sociedad española y temas de carácter regional e internacional, con especial atención al compromiso en favor de la paz.
La ceremonia en Santa María la Mayor
Ya en la basílica, Sus Majestades fueron recibidos en la Puerta de Bronce por el canónigo español del Cabildo Liberiano, Mons. José Jaime Brosel, y en el pórtico por el arcipreste del templo, el Cardenal Rolandas Makrickas, ante la estatua de Felipe IV diseñada por Gian Lorenzo Bernini.
Tras recorrer la nave central al son del Ave María, los Reyes ocuparon su lugar de honor a la derecha del altar. La ceremonia comenzó con un saludo litúrgico y una oración en latín, seguida de la lectura de un pasaje del Libro de la Sabiduría.
El Cardenal Makrickas subrayó en su alocución que «la tradición auténtica no es inmovilismo, sino transmisión viva de un don que atraviesa el tiempo y que se renueva en cada generación», y recordó que a esta basílica está encomendada «la súplica perseverante por la nación española y por quien la sirve como jefe de Estado».
«Claridad de obra y de palabra»
En su discurso de respuesta, Felipe VI reafirmó el compromiso de la Corona con esta institución y evocó la leyenda de la nevicata miracolosa que, según la tradición, trazó el perímetro del templo sobre el monte Esquilino. El monarca ensalzó el legado del Papa Francisco como «un faro ético de compasión y sabiduría», cualidades que también reconoció en León XIV, «a quien tendremos el honor y la alegría de recibir en España el próximo mes de junio».
El Rey señaló que con el Pontífice había reflexionado sobre «el tiempo que nos toca vivir; estos días en los que tanta claridad necesitamos: claridad de obra y de palabra, claridad de corazón y de conciencia». Ante esa necesidad, exhortó a superar el egoísmo y la indiferencia para convertirse en pequeños faros «de concordia y generosidad» entregados «a la causa del bien común».
Durante el rito se leyeron fragmentos de la bula Hispaniarum fidelitas, con la que Pío XII confirmó en 1953 los honores y privilegios del jefe del Estado español en las funciones sagradas del templo, tres semanas antes de la firma del concordato entre España y la Santa Sede. Tras la invitación al Rey a ocupar su lugar entre los canónigos, la ceremonia concluyó con el rezo del Padre Nuestro y la bendición, ambos en latín.
Recogimiento ante la tumba de Francisco
Al término del acto, los Reyes se dirigieron a la Capilla Paulina al son del canto mariano Tota Pulchra, donde visitaron la imagen de la Salus Populi Romani, patrona de Roma, una tabla de madera de cedro que la tradición atribuye a San Lucas. Asimismo, guardaron un momento de recogimiento ante la sepultura del Papa Francisco, enterrado en esta basílica en abril del año pasado por su especial devoción mariana.
La figura del protocanónigo no constituye un nombramiento nuevo, sino que el rey de España ostenta esta condición de forma inherente al cargo desde el inicio de su reinado. La relación se sustenta en hitos como la protección real otorgada por Felipe III en 1603, la creación de la Opera Pia por Felipe IV en 1647, las donaciones de los Reyes Católicos para el artesonado de la basílica, y la renovación del vínculo por Alfonso XIII en 1923 y por Juan Carlos I en 1977. Anualmente se celebran en el templo tres misas solemnes por la prosperidad del pueblo español y su jefe de Estado, en las festividades de San Fernando, la Asunción y la Inmaculada Concepción.







