(InfoCatólica) La prohibición de las llamadas «terapias de conversión»de la homosexualidad que se ha introducido en muchas legislaciones europeas corre el riesgo de convertirse en un arma antirreligiosa indiscriminada en manos de gobiernos laicistas. Islandia ha proporcionado el ejemplo más reciente de este riesgo al iniciar una investigación sobre las declaraciones de un sacerdote católico
La policía de Reikiavik está realizando una investigación de las palabras del sacerdote católico Jakob Rolland, canciller de la diócesis de Reikiavik,en una entrevista con la emisora islandesa RÚV, para determinar si vulneran la ley islandesa contra las terapias de conversión. Dicha ley se aprobó en 2024 de manera prácticamente unánime en el parlamento islandés.
En la ley se prohíbe a cualquier persona realizar u ofrecer terapias destinadas a transformar o suprimir tanto la orientación sexual como la identidad de género o la expresión de género. Se trata de una formulación tan amplia que podría interpretarse como una prohibición de casi cualquier catequesis, indicación moral o consejo pastoral en relación con ese tema.
La prohibición de las «terapias de conversión» es común a la Unión Europea y una prioridad de la Estrategia de Igualdad LGBTIQ+ de la UE para 2026-2030.
En la entrevista mencionada, el P. Rolland afirmó expresamente que la Iglesia no ofrece terapias organizadas dirigidas a cambiar la orientación sexual de nadie. Aun así, acoge al que viene con «sus problemas y pecados, luchando en cierta medida contra malas tendencias». Por lo tanto, la Iglesia no rechaza a las personas homosexuales que busquen consejo y orientación moral y les ofrece participar en la vida diaria de la comunidad, el culto y la oración.
«La orientación sexual es solo uno de los muchos factores que influyen en las tendencias individuales hacia un estilo de vida que no es bueno ni para el individuo ni para la sociedad». Esto no es algo específico de las personas con atracción por el mismo sexo, sino que la «conversión es una palabra clave en la vida diaria de los católicos. Constantemente nos encontramos en la posición de apartarnos del mal y acercarnos al bien».
Como informa The Icelandic Review, las declaraciones del P. Rolland suscitaron inmediatamente el rechazo de la MInistra de Asuntos Exteriores de Islandia, Thorgerdur Katrín Gunnarsdóttir, que se considera católica. «Pido a mi Iglesia que no siga por ahí», escribió la Ministra en Facebook. «Hablar sobre la homosexualidad como un problema que debe arreglarse o cambiarse no solo es ofensivo, sino también peligrosos. Es imposible no interpretar esto como un fomento de la represión». «Rechazo completamente la interpretación de que el deseo de Jesucristo es que los homosexuales cambien lo que son», añadió.
El Catecismo de la Iglesia Católica (2357-2359) enseña que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados […] Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso». Asimismo, a la vez que pide evitar «todo signo de discriminación injusta» contra las personas homosexuales, también recuerda que «están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana».
La legislación islandesa y la de otros países europeos, sin embargo, podría interpretarse de forma que esas enseñanzas de la Iglesia se consideren una promoción de las «terapias de conversión». ¿Llegará el día en que el Catecismo esté prohibido en Islandia? ¿O en toda la Unión Europea?







