La Santa Sede pide a la ONU medidas para acabar con la gestación subrogada

Para proteger a mujeres y niños

La Santa Sede pide a la ONU medidas para acabar con la gestación subrogada

La Misión Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas ha reclamado nuevas medidas para poner fin a la gestación subrogada en todas sus formas.

(Vatican News/InfoCatólica) La Santa Sede ha instado a las Naciones Unidas a adoptar nuevas medidas para poner fin a la gestación subrogada en todas sus formas y a todos los niveles, con el fin de proteger a las mujeres y a los niños frente a la explotación y la violencia. El llamamiento fue formulado por la Misión Permanente de la Santa Sede ante la ONU durante un evento paralelo de la 70.ª Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, dedicado a la protección de mujeres y niños ante los abusos vinculados a esta práctica.

La declaración parte de una advertencia severa: en este terreno, «la tecnología y la práctica han superado con creces la ley y la ética». Aunque reconoce que muchas personas presentan la gestación subrogada como «una solución compasiva para quienes desean ser padres», la Santa Sede sostiene que no puede juzgarse esta cuestión sin tener en cuenta el contexto completo y sin examinar si es compatible con «el respeto a la dignidad y los derechos de las mujeres y los niños».

Uno de los puntos centrales del texto es la dimensión económica del fenómeno. Muchas mujeres que aceptan convertirse en madres subrogadas citan la «necesidad económica como la razón principal» de su decisión. La nota destaca que abundan los casos de «personas ricas y famosas que recurren a la gestación subrogada», mientras que resultan raras las historias de «mujeres adineradas que se ofrecen como madres subrogadas». Esa desproporción revela con crudeza quién suele beneficiarse del sistema y quién queda expuesto a la explotación.

La Santa Sede advierte además de que la demanda de niños nacidos mediante esta práctica «ya supera la oferta». Añade que medidas como la «protección social, la educación y las oportunidades económicas», que podrían reducir el riesgo de explotación, probablemente disuadirían a muchas mujeres de participar en estos acuerdos. De ahí la pregunta planteada en la declaración: «¿podría sobrevivir la industria de la gestación subrogada si se erradicara la pobreza?».

En los lugares donde se permiten acuerdos comerciales, las posibles madres subrogadas pueden verse atrapadas en una «competencia perversa por los padres que las contratan». Y aun en países donde la gestación subrogada comercial está prohibida, la compensación económica o los supuestos «regalos» pueden encubrir pagos. El texto añade que algunas mujeres que no desean participar pueden ser «presionadas o incluso coaccionadas» por miembros de su propia familia, mientras que las más pobres apenas pueden costearse «asesoramiento legal o médico independiente».

La declaración también pone el foco en los derechos de los niños. Cita casos concretos en los que se encontraron «más de una docena de niños» al cuidado de niñeras en casas alquiladas, mientras los padres contratantes seguían recurriendo a nuevas madres subrogadas. Ese cuadro refleja hasta qué punto el niño puede quedar reducido a objeto de encargo dentro de una lógica industrial y deshumanizada.

La mercantilización de los niños aparece también ligada a prejuicios y prácticas eugenésicas. En particular, se menciona el riesgo de que, ante diagnósticos prenatales de discapacidad, el niño sea considerado «un “producto” defectuoso o un problema que hay que resolver», en vez de ser acogido como «un regalo que debe ser recibido y apreciado». Esa mentalidad, además de cruel, choca frontalmente con una sociedad justa y con la dignidad inviolable de toda vida humana.

La Santa Sede recuerda que los niños tienen derechos e intereses que deben ser respetados, comenzando por el «derecho moral a ser concebidos en un acto de amor». Añade que, según la Convención sobre los Derechos del Niño, los menores tienen también «derecho a conocer a sus padres y a ser cuidados por ellos». Y subraya que el hecho de que este derecho no siempre pueda hacerse efectivo «no debe utilizarse para justificar una práctica que lo vulnere deliberadamente».

Aunque la declaración reconoce «el deseo real y comprensible de tener hijos», sostiene que los problemas asociados a la gestación subrogada no pueden resolverse simplemente mediante una regulación jurídica. En esa línea, valora positivamente la decisión de la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado de no continuar, al menos por el momento, con la elaboración de un convenio sobre la filiación jurídica en casos de gestación subrogada.

La posición de la Santa Sede se apoya también en palabras del Papa León XIV, citadas en el documento, cuando afirma que «al transformar la gestación en un servicio negociable, [la gestación subrogada] viola la dignidad tanto del niño, reducido a un “producto”, como de la madre, explotando su cuerpo y el proceso procreativo, y distorsionando la vocación relacional original de la familia». La nota recuerda igualmente una afirmación del Papa Francisco: «un niño es siempre un don y nunca objeto de un contrato comercial».

Con esta intervención ante la ONU, la Santa Sede vuelve a denunciar con claridad una práctica intrínsecamente injusta, que presenta como ayuda compasiva lo que en realidad se traduce en explotación del cuerpo femenino, separación deliberada entre maternidad y filiación, y reducción del hijo a objeto de deseo, de encargo y de comercio. La petición final es inequívoca: que la comunidad internacional actúe para erradicar esta práctica y defienda de manera efectiva la dignidad de las mujeres, de los niños y de la familia.

1 comentario

Pepita
Opino que el mayor mal está en la creación de embriones que van a ser congelados o manipulados para fines extraños, ajenos a ellos mismos.
La subrogación permite la vida de algunos pero la creación de embriones que van a ser tratados como cosas debe prohibirse en absoluto. Además, se crean masivamente y nunca van a ser implantados.
16/03/26 11:05 AM

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