(LSN/InfoCatólica) El Reino Unido ha ampliado su proyecto de ley sobre Crimen y Policía con nuevas medidas dirigidas a prohibir pornografía en línea que normaliza la violencia y el abuso sexual infantil. La Cámara de los Lores aprobó un conjunto de enmiendas que extienden las restricciones ya previstas en la norma y endurecen la respuesta legal frente a materiales pornográficos especialmente degradantes.
La ampliación afecta a contenidos que muestran incesto, tortura o a mayores de 18 años representados como si fueran niños prepúberes. Con ello, el Parlamento británico da un nuevo paso dentro de una ofensiva legislativa que ya había incluido la prohibición de la llamada pornografía de estrangulamiento, un género difundido con gran amplitud en las principales plataformas pornográficas.
Ese material ya figuraba en el proyecto del Gobierno laborista como contenido cuya publicación y posesión debían quedar prohibidas. Además, las plataformas tecnológicas debían bloquearlo. Este tipo de pornografía fue clasificado como «delito prioritario», al mismo nivel que el material de abuso infantil y el contenido terrorista.
La ampliación ahora aprobada prohíbe pornografía en línea que normaliza la violencia y el abuso sexual infantil. Bajo las enmiendas respaldadas por los pares, quedará vetado el contenido pornográfico que represente incesto, tortura o a adultos presentados como si fueran niños prepúberes.
La baronesa Bertin describió con dureza el alcance del problema tras la revisión que dirigió para el Gobierno. Afirmó: «The review I led for the Government showed me corners of this world that you simply cannot unsee». También declaró: «Online pornography is now so extreme and pervasive that it does not just reflect sexual tastes; it shapes them. It normalises violence, distorts intimacy, grooms men and boys to perpetrate sexual violence and has driven child sexual abuse as well as child-on-child sexual abuse».
La misma baronesa subrayó además que no se trata de contenidos marginales ni escondidos en lugares oscuros de internet. Dijo: «To be clear, this is not niche content on the dark web. As a team, we looked for further evidence of this kind of content. It was everywhere». Y añadió: «Including on the home pages of mainstream sites, searchable in seconds».
Junto a estas medidas, el Gobierno británico planea prohibir también las aplicaciones de «nudificación», herramientas que permiten desnudar digitalmente a otras personas en fotografías mediante tecnología de inteligencia artificial. La decisión muestra que la preocupación no se limita a ciertos géneros pornográficos ya consolidados, sino que alcanza también nuevas formas de explotación y degradación sexual facilitadas por la técnica.
La ampliación de la ley llega después de que ya se hubiera señalado la importancia de prohibir la pornografía de estrangulamiento como un posible punto de inflexión en el debate público sobre los efectos de la pornografía en los jóvenes y en la cultura. La novedad ahora es que esa línea no solo se mantiene, sino que se ensancha con nuevas prohibiciones.
El trasfondo del debate es que la pornografía ha dejado de ser presentada únicamente como un vicio privado sin consecuencias sociales. El razonamiento expuesto en torno a esta legislación parte de que la pornografía extrema no solo refleja desviaciones ya existentes, sino que las alimenta, las difunde y termina moldeando la manera en que muchos entienden la intimidad y la sexualidad.
Esa preocupación resulta especialmente grave cuando se constata que ciertos contenidos han contribuido a normalizar prácticas violentas dentro de las relaciones sexuales. La llamada pornografía de estrangulamiento ha sido presentada precisamente como un ejemplo de cómo la industria pornográfica puede acostumbrar a una generación a aceptar como normal lo que en realidad supone una perversión de la sexualidad y una grave degradación de la dignidad humana.
También se ha insistido en que desde hace años viene creciendo una violencia sexual inspirada por la pornografía. La alarma social ha aumentado a medida que esa violencia se ha vuelto más visible y más común en las relaciones. De ahí que algunos legisladores hayan comenzado a asumir que ningún programa educativo ni ningún currículo sexual puede competir con la influencia masiva de las grandes plataformas pornográficas.
La conclusión que se desprende de este avance legislativo es tajante: si se quiere impedir que los jóvenes sean sexualmente corrompidos por la industria pornográfica, hay que cortarles el acceso a ese material. Por eso, la ampliación del proyecto británico es presentada no como la meta final, sino como un primer paso en una lucha más amplia contra una industria que trivializa la violencia, destruye la inocencia y extiende una visión profundamente desordenada de la sexualidad humana.







