(InfoCatólica) Luego de su asunción como presidente de Chile, José Antonio Kast acudió en la mañana del jueves a la Catedral Metropolitana de Santiago para participar en la tradicional Oración Ecuménica por Chile y el Nuevo Gobierno, un acto oficial en el que se encomienda a Dios la gestión de las nuevas autoridades del país.
La ceremonia estuvo presidida por el Arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali, y reunió a ministros de Estado, representantes de los tres poderes, autoridades civiles y militares, delegaciones diplomáticas, invitados especiales y líderes de distintas comunidades religiosas presentes en Chile.
Tras el saludo inicial y la liturgia de la Palabra, el cardenal reflexionó sobre el Evangelio de las Bodas de Caná y centró su mensaje en el valor de la democracia, la necesidad de custodiarla y la responsabilidad que recae sobre quienes han recibido autoridad para gobernar.
El purpurado definió el cambio de mando presidencial como «un momento trascendente en la vida de una nación», capaz de invitar a toda la sociedad «a renovar la esperanza y la responsabilidad por el futuro del país».
Al referirse a las últimas elecciones, las describió como una verdadera fiesta cívica vivida con respeto y espíritu democrático. Desde esa constatación, advirtió que «la democracia es un bien que se gana a gotas, pero se pierde a litros si no se cuida», y llamó a preservar el diálogo, el respeto y el compromiso con el bien común.
Su exhortación se dirigió a ensanchar la mirada por amor a la patria y a perseverar con sabiduría y prudencia en medio de un escenario internacional complejo. En ese marco afirmó: «Lo importante es ampliar la mirada desde el amor a la patria y seguir adelante con sabiduría y prudencia, porque el bien común lo exige, así como las complejidades geopolíticas en las que el mundo se encuentra. Siempre el todo es más que las partes y desde esa convicción debemos continuar con un sano pensamiento crítico, con mucha fe y esperanza».
El cardenal sostuvo además que Chile no puede reducirse a una circunstancia pasajera, sino que posee una tradición de superación y un pueblo creyente y patriota que ama y defiende a su nación. Con ese trasfondo, expresó: «El país es más que una situación coyuntural, el país tiene una larga tradición de superar las dificultades, el país tiene un pueblo creyente y patriota que lo ama y defiende». Y añadió: «Todo ello nos habla de un país cuyo corazón –deseoso de bien– late con fuerza desde lo más profundo de la sociedad. ¡Cuidemos ese tesoro maravilloso!».
A partir del pasaje evangélico de Caná, interpretó el agua y el vino como figura de los recursos naturales y del trabajo humano, realidades que deben orientarse al servicio de una sociedad más justa y fraterna. Desde ahí propuso que las políticas públicas conviertan los bienes materiales y humanos del país en una «cultura de la vida, del respeto y del amor; en una cultura que extraiga lo mejor de cada ser humano para ponerlo al servicio de los demás; en una cultura superior donde no haya espacio para la vulgaridad, las injustas discriminaciones ni los discursos de odio».
Al citar la expresión evangélica «No tienen vino», comparó esa carencia con la situación concreta de muchos chilenos. «En nuestro país también faltan muchas cosas», dijo, al tiempo que exhortó a construir una sociedad que respete la dignidad humana, promueva la justicia y supere las desigualdades.
El mensaje insistió también en que Chile está llamado al encuentro y no al enfrentamiento. En ese sentido, el arzobispo afirmó: «Nuestro país tiene vocación de encuentro y no de enfrentamiento», y agregó que «es mejor alargar la mesa que dejar a algunos comensales fuera de ella», porque «en Chile nadie sobra», mientras que el deseo de construir es infinitamente mayor que la «absurda inclinación por destruir».
Entre los desafíos inmediatos del nuevo ciclo político, el cardenal llamó a combatir la corrupción, superar la pobreza y fortalecer la educación y la seguridad pública. Junto a ello puso el foco en la necesidad de vencer el individualismo y recuperar una visión más honda del desarrollo humano. «Nos hicieron creer que para ser felices se requería tener más, pero olvidamos que se requiere ser más», subrayó.
En continuidad con el llamado del Papa León XIV a cuidar el lenguaje y buscar acuerdos para edificar una realidad común, el purpurado invitó a priorizar el diálogo en la vida política y social. Dirigiéndose a las nuevas autoridades, pidió que la política no se degradara en ambición o dominio, sino que se entendiera como servicio. «Esperamos que el poder se convierta en un servicio generoso hacia los demás, porque no somos dueños de él, sino administradores llamados a buscar el bien de todos», expresó.
Terminada la homilía, representantes de distintas confesiones elevaron intenciones por las autoridades, los niños y jóvenes, los trabajadores, las familias, los más vulnerables y el cuidado de la creación. El acto concluyó con una oración final por Chile, la bendición impartida por el cardenal Chomali y la interpretación del Himno Nacional.
Después de la ceremonia, el presidente Kast, acompañado por su familia y escoltado por el arzobispo de Santiago, se dirigió al Santuario de la Virgen del Carmen, situado junto a la Catedral, donde permaneció unos momentos en oración ante la Patrona de Chile.
La intervención del cardenal dejó planteado con claridad que el futuro del país no podrá edificarse sobre la corrupción, el egoísmo ni la confrontación estéril. Chile necesita autoridades que gobiernen con honestidad, sentido de justicia y verdadera vocación de servicio, poniendo el poder al servicio del bien común y no de intereses particulares.







