(The Catholic Weekly/InfoCatólica) El 54 por ciento de los jóvenes australianos y el 14 por ciento de las jóvenes ven pornografía al menos una vez por semana, según una encuesta publicada en una revista académica de referencia. Para el padre Robert Steele, sacerdote neozelandés que conoce de primera mano el poder destructivo de la adicción, estas cifras confirman lo que lleva tiempo advirtiendo: «la casa está ardiendo».
Steele acaba de publicar A Journey of Hope: Combating Pornography on the Internet («Un camino de esperanza: combatir la pornografía en internet»), una guía que combina estrategias espirituales y prácticas para ayudar a quienes luchan por liberarse de este tipo de adicción. El libro surge de una convicción forjada desde el ministerio pastoral y desde la experiencia personal de haber superado el alcoholismo, cuenta Michel Cook en The Catholic Weekly.
Una crisis de salud pública y espiritual
Lo que preocupa al padre Steele no son solo las estadísticas, sino la edad del primer contacto. «Muchos chicos se encuentran con la pornografía a los 9, 10 u 11 años», señala. «A esa edad, su cerebro y su marco moral no están ni remotamente preparados para procesar lo que están viendo.»
Las consecuencias son graves en todos los planos. Desde el punto de vista de la salud pública, la pornografía está vinculada a la ansiedad, la depresión, la disfunción sexual, la ruptura de relaciones y los patrones crecientes de adicción. A nivel neurológico, «reconfigura los circuitos de recompensa de una manera sorprendentemente similar a las drogas». Y en el plano espiritual, «entrena al corazón para consumir en lugar de amar», erosionando la capacidad de entrega, la fidelidad y el respeto al cuerpo.
El sacerdote advierte también del impacto en la vida de fe y en las vocaciones: «Cuando los hombres viven en la vergüenza crónica, el secreto y la conducta sexual compulsiva, se les hace mucho más difícil imaginar el sacerdocio, el matrimonio o el compromiso profundo con Dios.»
De la adicción al altar
La trayectoria vital del padre Steele da peso a sus palabras. Criado en un ambiente obrero, en su vida adulta joven derivó hacia conductas adictivas. «El alcohol era mi principal lucha, pero debajo había cuestiones más profundas: soledad y heridas sin resolver», recuerda. Trabajó durante años en el sector turístico y la hostelería, llegando a ser profesor universitario en esa área, sin encontrar la paz.
El punto de inflexión llegó cuando admitió que no podía arreglarse solo. «Entré en recuperación, abracé la sobriedad y emprendí un largo y honesto proceso de sanación interior. Llevo 25 años sobrio.» A medida que avanzaba en ese camino, afloró una vocación sacerdotal que dormitaba en él. Fue ordenado en 2008, a los 57 años. «Descubrí que Dios no había desperdiciado mi quebrantamiento. Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi llamada pastoral», explica. En la actualidad ejerce como párroco de la iglesia de San Patricio de Pukekohe, en la región de Auckland.
La confesión como ancla
Frente a una adicción accesible desde cualquier teléfono móvil, el padre Steele propone un abordaje en tres dimensiones: neurológica, emocional y espiritual. Su convicción central es que «la libertad duradera no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad; es un camino de gracia».
Las herramientas son las que la Iglesia lleva siglos proponiendo: confesión frecuente, la Eucaristía, la dirección espiritual, el ayuno y la devoción a la Santísima Virgen. Las terapias, el software de control parental y los grupos de apoyo resultan útiles, pero «sin la fe falta algo esencial: significado, perdón, esperanza y trascendencia».
La confesión ocupa un lugar central en su propuesta. «La vergüenza nos dice que nos escondamos, pero la confesión nos llama a salir de las sombras hacia la luz, donde comienza la sanación», escribe en el libro. La recepción frecuente, semanal o quincenal, «construye resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado sino que derrama gracia sacramental». Muchos adictos en recuperación, señala, la describen como su «botón de reinicio».
«Sed pronto y honestos»
El padre Steele interpela también a los sacerdotes, que con frecuencia guardan silencio sobre este tema por temor a avergonzar a los feligreses o por no sentirse preparados. «El silencio tiene un coste», advierte. «Necesitamos más predicación, más catequesis y más honestidad pastoral. No de manera moralista o vergonzante, sino de forma sanadora, esperanzadora y veraz.»
A los padres les resume su consejo en cuatro palabras: «Sed pronto y honestos». Deben dar por hecho que sus hijos se encontrarán con la pornografía, no preguntarse si podría ocurrir. Los filtros y las aplicaciones de control ayudan, pero «ningún filtro sustituye a una relación sólida y un diálogo abierto».
Como complemento a su libro, el padre Steele ha publicado también una novela, Michael's Journey: A Novel of Struggle, Grace and Freedom («El camino de Miguel: una novela de lucha, gracia y libertad»), que narra la historia de un joven atrapado por la pornografía que encuentra la libertad gracias a la oración y el acompañamiento de un sacerdote comprensivo.
Ante la pregunta de si existe un patrón de santidad para esta lucha específica, Steele menciona a San Carlo Acutis, venerado por su pureza, su devoción eucarística y su uso de la tecnología para el bien. Y añade: «Creo genuinamente que Dios está levantando testigos modernos que algún día serán reconocidos como santos de esta batalla. Vivimos en un nuevo campo de batalla espiritual, y el cielo siempre provee nuevos héroes.»







