El Cardenal Sarah: «La misericordia levanta al pecador; no cambia el nombre del pecado»
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Responde a «La Croix»

El Cardenal Sarah: «La misericordia levanta al pecador; no cambia el nombre del pecado»

El Cardenal Sarah responde a las críticas a su libro 2050: si la Iglesia habla del clima sin hablar del Creador o de migraciones sin invocar la dignidad sobrenatural del hombre, se convierte en una simple agencia moral.

(InfoCatólica) El Cardenal Robert Sarah ha respondido a las críticas que el diario francés La Croix dirigió a su último libro, 2050, en una entrevista publicada en el Journal du Dimanche (JDD) [extracto de Le Salon Beige]. A falta de ser interpelado por el propio rotativo que lo cuestionó, el purpurado guineano eligió ese semanario para desgranar su pensamiento sobre los grandes temas que aborda la obra: la centralidad de Dios en el discurso eclesial, la permanencia de la moral cristiana y las diferencias de sensibilidad religiosa entre África y Occidente.

Usted afirma que «las grandes líneas de la teología, los fundamentos de la fe, no deben desaparecer ante las modas pasajeras o las opiniones del momento», y son precisamente estas grandes líneas las que aborda en su libro. Entonces, ¿qué lugar deben ocupar «el clima, las migraciones y las exclusiones», como se pregunta La Croix: «No como temas políticos, sino como lugares teológicos»?

Estas realidades son graves. Afectan a vidas humanas, por lo que afectan al corazón de la Iglesia. Pero se convierten en problemáticas cuando eclipsan la centralidad de Dios y el discurso eclesial parece no tener otro horizonte que la agenda temporal. Sí, se puede hablar de «lugares teológicos», con una condición: que estos lugares estén iluminados por la fe y no se utilicen como sustitutos de la fe. El pobre no es solo un caso social: es el rostro de Cristo. El extranjero no es ante todo un expediente político: es un hermano que Dios confía a nuestra caridad. La creación no es un ídolo verde: es un don, confiado al hombre para que lo conserve con gratitud. Pero si se habla del clima sin hablar del Creador, si se habla de migraciones sin hablar de la dignidad sobrenatural del hombre, si se habla de exclusiones sin hablar del pecado y de la redención, entonces se convierte a la Iglesia en una agencia moral. La Iglesia nunca es más útil al mundo que cuando se entrega por completo a Dios.

En su libro recuerda que «la verdad del Evangelio no es relativa ni adaptable a las costumbres de la época». ¿Cómo explica que algunos deseen que la Iglesia evolucione, en particular en lo que respecta a la moral cristiana?

El hombre moderno teme la verdad cuando esta le obliga. Prefiere una moral «fluida», sin fronteras, en la que la conciencia se convierte en la medida última. Pero la conciencia no es un dios: debe ser formada por la verdad. La moral cristiana no es un catálogo de prohibiciones. Es la traducción concreta de un misterio: Dios creó al hombre; Dios lo redimió; Dios lo llama a la santidad. La complementariedad del hombre y la mujer no es una construcción cultural: está inscrita en la creación y elevada por el sacramento. El respeto por la vida, desde su concepción hasta su muerte natural, no es una opinión: es el reconocimiento de que la vida es un don. El celibato sacerdotal, en la Iglesia latina, no es una técnica de gestión: es un signo escatológico, una disponibilidad total, un amor indiviso. Quienes quieren adaptar el Evangelio a las costumbres de la época confunden misericordia con renuncia. La misericordia levanta al pecador; no renombra el pecado.

Esta tentación de «modelar la Iglesia a la medida de las contingencias históricas» es más significativa en Occidente, escribe usted, a diferencia del continente africano, que se reconoce más humildemente como heredero del depósito de la fe que hay que transmitir. ¿Cómo entender estas diferentes posturas?

Occidente ha sido herido por un orgullo particular: el de creerse tan adulto que ya no necesita a Dios. Ha sustituido la herencia por la desconfianza, la tradición por la sospecha, la autoridad por la contestación permanente. Quiere reinventar lo que ha recibido. En África, a pesar de las debilidades y las dificultades, a menudo permanece una conciencia más sencilla: somos herederos. Hemos recibido la fe como un tesoro. No se «moderniza» un tesoro: se guarda, se transmite, se hace fructificar. La verdadera humildad consiste en aceptar que la verdad nos precede. Esto no significa que África esté libre de tentaciones. Pero la postura fundamental difiere: en Occidente se quiere negociar con la fe; en África se recibe.

12 comentarios

G Flavius
"... somos herederos. Hemos recibido la fe como un tesoro. No se «moderniza» un tesoro: se guarda, se transmite, se hace fructificar. La verdadera humildad consiste en aceptar que la verdad nos precede."
Estas líneas son para enmarcarlas. Lo que pierde al hombre es la soberbia. Así ocurrió con Adán y así sigue siendo ahora. ¡Cuánta humildad (nos) hace falta!
11/03/26 9:10 AM
pipo
Este reporte está incompleto, incompletísimo. La Croix directamente acusa a Sarah de que el libro es una crítica a Francisco, a quién Sarah jamás nombra. Y en la entrevista de Journal de Dimanche aparece claramente una pregunta sobre por qué en el libro no menciona a Francisco. Si la memoria no me falla, el cardenal comienza respondiendo que "el Papa es el Papa, llámese como se llame".
11/03/26 1:06 PM
Raffis
Muchas gracias Cardenal Sarah!
11/03/26 4:25 PM
Marta de Jesús
Maravillosas palabras del cardenal.

Creo que se nos olvida que tras la laxitud respecto el pecado, luego viene el peso de la otra ley, la adámica. La de Dios solo se puede vivir estando en Dios. Con su Gracia y su Perdón. Sin exageraciones, sin excesos que nada tienen que ver con lo agradable al Cielo. La adámica solo se puede cumplir estando en sintonía con el caído y en su dirección. Pensamos inocentemente en pecado como sinónimo de fiesta. Pueda ser en un principio. Incluso puede que haya personas que no quieran mudarse, por aquellas cosas que más les cuestan. Pero para quienes amamos a Dios es una carga que lleva al abismo y que no queremos. Unas cadenas que impiden ascender, con las que no se puede vivir plenamente. Una jovencita que solo quiere un buen chico para casarse y formar una familia, pero a quien la ley adámica exige hacer esto o lo otro para conseguir novio (cargas insoportables que no nombraré para no ser desagradable)... Un caballero que aspira a ser un buen político para contribuir con el bienestar de la población de su país, pero a quien la ley adámica le exige ciertos delitos para poder conseguirlo... Un matrimonio que aspira a montar un negocio, pero al que le resulta imposible por no querer venderse a la deshonestidad... Si no se puede vivir sin corrupción, ésta se vuelve (cuasi)obligatoria. Lo que en principio era bajar el listón, al darle la vuelta y pretender obligar a todos, se convierte en un listón altísimo, pero de inmundicia. Por mucho qu
11/03/26 5:28 PM
Wancha
Gracias Cardenal Sarah por Confirmarnos en la fe. Alabado sea Jesucristo.
11/03/26 5:47 PM
Luis I. Amorós
Qué gran papa se ha perdido la Iglesia con Robert Sarah
11/03/26 6:15 PM
Juan Castro
"La misericordia levanta al pecador; no renombra el pecado"
Significa esto que Dios nos perdona, pero debemos vivir con las consecuencias del pecado, aunque, cuando lo practicáramos, fuésemos ignorantes de dichas consecuencias, porque no estábamos convertidos; vivíamos en estupor existencial, de absoluta impiedad, soberbia e incrédulos, sin sacramentos alguno.
Entonces Cristo vino a rescatarnos de aquellas lepras, de aquella ceguera y soldera moral, ética y espiritual, para hacernos saber que nos ama, nos redime, pero no puede revertir el pasado, pero sí resucitarnos en una vida hasta el destierro, pero donde las consecuencias son las cruces que debemos cargar, negándonos y siguiéndolo.
Es difícil, pero así vivió San Pablo, porque Cristo le dijo: con mi gracia te basta, pero muchas veces nosotros no nos bastamos, no obstante, la oración y demás Sacramentos están allí, para buscar al Señor y la Virgen María, en nuestro propio Calvario, donde ellos nos consuelan y son nuestros Cirineos y Verónica.
Gracias Cardenal Sarah, buena reflexión esta.
11/03/26 7:01 PM
MARCELO
Como decimos en ARGENTINA,El CARDENAL SARAH "LA TIENE CLARA".
Larga vida a este SÍ ,QUE EMINENTÍSIMO CARDENAL
11/03/26 11:19 PM
maria
Este pastor, si que nos habla claro.
Nos habla de lo que El Señor quiere que hagamos para vivir en paz y finalmente llegar al Cielo.
12/03/26 8:08 AM
Charo Burgos
A mí también me hubiera gustado que hubiese sido elegido Papa el cardenal Sarah.
12/03/26 12:52 PM
Mariana


La misericordia de Dios no nos puede llevar a olvidar Mateo 24, los signos de los tiempos y la desolación de la abominación instalado en el lugar santo.

Porqué no predican sobre los signos de los tiempos? Porque se encuentran inmersos en defender su postura?
Particularmente no me esperaba esto del Cardenal Sarah. Hubiera preferido su silencio. Ya se que el director de Infocatolica censura y dispone lo que se debe publicar. Dios lo perdone.
12/03/26 6:20 PM
Giacomo Arlecchi
Cardenal Sarah: usted es nuestra voz... ojalá el Señor le conserve y puedan abrir su corazón los jerarcas eclesiásticos superiores a usted.
12/03/26 9:36 PM

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