(Agencias/InfoCatólica) El padre Pierre El Rahi, párroco de la localidad cristiana de Qlayaa, en el sur del Líbano, murió este lunes, 9 de marzo, cuando acudía a auxiliar a un feligrés herido por un primer ataque israelí y un segundo proyectil impactó sobre la misma casa. Tenía cincuenta años. El Papa León XIV expresó esa misma noche su «profundo dolor» por la noticia, en un comunicado difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
La muerte del párroco de Qlayaa
El ataque ocurrió a las 14:00, hora local de Beirut, exactamente una semana después del inicio de la intensificación de los bombardeos israelíes sobre el sur del país. La secuencia de los hechos fue reconstruida por teléfono por el padre Toufic Bou Merhi, franciscano de la Custodia de Tierra Santa y párroco de los latinos en las comunidades de Tiro y Deirmimas, quien comunicó la tragedia a los medios vaticanos aún conmocionado.
«Hubo un primer ataque que alcanzó una casa cerca de su parroquia, en las montañas, hiriendo a uno de los feligreses», relató el franciscano. «El padre Pierre corrió con decenas de jóvenes a ayudar al feligrés; fue entonces cuando se produjo otro ataque, otro bombardeo sobre la misma casa. El párroco resultó herido. Fue trasladado a un hospital local, pero falleció. Murió casi en la puerta del hospital».
La semana anterior, recordó el padre Bou Merhi, la casa de otro sacerdote de la zona también había sido atacada directamente. La comunidad cristiana resistió entonces. Ahora, con la muerte del padre Pierre, la situación ha cambiado de forma irreversible para muchos.
La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) confirmó la muerte y advirtió que los informes procedentes de la zona son «muy inquietantes». La organización católica francesa L'Œuvre d'Orient condenó con firmeza el ataque, calificándolo de «nueva escalada de violencia ciega» y denunciando que su objetivo es «desestabilizar todo el Líbano y matar a civiles inocentes».
El Papa expresa su dolor
En el comunicado difundido por la Santa Sede, el Papa León XIV «expresa su profundo dolor por todas las víctimas de los bombardeos de estos días en Oriente Medio, por los muchos inocentes, incluidos numerosos niños, y por quienes los auxiliaban, como el Padre Pierre El Rahi, sacerdote maronita asesinado esta tarde en Qlayaa». El Pontífice, añade el mensaje, «sigue los acontecimientos con preocupación y reza por el pronto fin de todas las hostilidades».
La muerte del padre Pierre se produce en un contexto de crecientes llamamientos del Papa al cese de la violencia en la región. En su discurso del Ángelus del 1 de marzo había advertido de que se estaba gestando «una tragedia de proporciones enormes», insistiendo en que «la estabilidad y la paz no se logran mediante amenazas mutuas ni con el uso de armas, que siembran destrucción, sufrimiento y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, sincero y responsable». Una semana después volvió a alzar la voz para pedir que cese «el estruendo de las bombas» y se abra «un espacio para el diálogo en el que pueda escucharse la voz de los pueblos».
El dolor de la comunidad y la crisis humanitaria
El padre Bou Merhi describió la situación de la comunidad cristiana del sur del Líbano con palabras de angustia y esperanza a la vez. «Están de luto por la tragedia y, al mismo tiempo, tienen mucho miedo», dijo. Hasta ahora, muchos habían resistido las advertencias de evacuación del Ejército israelí, negándose a abandonar sus hogares en los pueblos cristianos. Con la muerte del párroco, explicó, «todo ha cambiado. Dejar el hogar significa vivir en la calle o intentar alquilar otra vivienda, pero la gente no puede permitírselo, sobre todo dada la ya de por sí precaria situación económica del país».
El franciscano situó la magnitud de la crisis humanitaria con cifras que hablan por sí solas: solo en Beirut hay cerca de 500.000 personas desplazadas; casi 300.000 han abandonado el sur del país y decenas de miles más han salido de la región de la Bekaa. El convento franciscano en Tiro acoge actualmente a unas 200 personas desplazadas, todas ellas musulmanas. «¿Dónde pueden encontrar refugio quienes lo necesitan en esta situación?», preguntó el padre Bou Merhi. «No estábamos preparados para acoger a casi una cuarta parte de la población».
A pesar de todo, el franciscano se aferró a un mensaje que dice repetir sin cesar a su comunidad: «Lo último que no debe morir en nosotros es la esperanza en el Señor, que siempre nos da la fuerza para continuar». Y recogió el grito que sube desde el Líbano: «Basta de guerra, basta de violencia. Las armas, como ha dicho el Papa, no generan paz; generan masacres y odio. Lo único que pedimos es vivir con un poco de dignidad».
El cardenal Mathieu, evacuado de Irán
En este mismo contexto de tensión regional, este lunes se supo también que el cardenal Dominique Mathieu, OFM Conv., arzobispo de Teherán-Isfahán, ha abandonado Irán. Lo confirmó él mismo al medio católico belga CathoBel: «Llegué ayer a Roma, no sin pesar ni tristeza por nuestros hermanos y hermanas en Irán, como parte de la evacuación completa de la Embajada de Italia, sede de la archidiócesis. Hasta que regrese, recen por la conversión de los corazones a la paz interior».
El cardenal había llegado a Roma el 8 de marzo, dos días antes de que sus propios hermanos franciscanos confirmaran públicamente su salida. El contacto con Mathieu se había perdido desde el 28 de febrero, cuando comenzaron los ataques estadounidenses e israelíes sobre Irán. La Orden de los Frailes Menores Conventuales precisó el 9 de marzo que el cardenal «está a salvo».
Mathieu, religioso franciscano conventual, fue nombrado arzobispo de Teherán-Isfahán en 2021 y fue creado cardenal en el último consistorio celebrado por el Papa Francisco, en diciembre de 2024. Según el medio CathoBel, ejercía como único sacerdote para las cinco parroquias de la archidiócesis. En los próximos días se reunirá con funcionarios de la Santa Sede para informar sobre la situación en el país.
La Iglesia católica en Irán representa una minoría muy reducida: las estimaciones más conservadoras sitúan en torno a 3.500 el número de fieles, aunque otras fuentes elevan esa cifra hasta los 20.000. El país figura de forma consistente entre los más peligrosos del mundo para los cristianos, con restricciones severas al culto, prohibición de distribuir la Biblia en persa y condenas documentadas a miembros de minorías religiosas.







