(InfoCatólica) La crisis de los abusos clericales, especialmente virulenta en los Estados Unidos, ha causado ya la quiebra de cuarenta diócesis católicas norteamericanas (aproximadamente el veinte por ciento del total), arruinadas por los pagos ordenados por los tribunales.
La más reciente, la diócesis de El Paso, en Texas, acaba de iniciar el procedimiento de quiebra, previendo que no podrá afrontar el pago de las indemnizaciones resultantes de los litigios que hay actualmente en curso por abusos presuntamente cometidos en las décadas de los cincuenta, sesenta, setenta y principios de los ochenta. Hay 18 demandas pendientes en total.
El obispo diocesano, Mark Seitz, indicó que hoy en día existen sólidas políticas y prácticas de protección infantil para prevenir estos delitos. También afirmó que la declaración de quiebra permitirá simplificar las indemnizaciones por abuso agrupándolas en un solo proceso supervisado por el tribunal de quiebras, lo que permitirá que la diócesis «siga adelante con estabilidad financiera». Así, la diócesis «continuará sirviendo al Señor con todo nuestro corazón en medio de las pruebas que puedan surgir». En efecto, veintidós diócesis católicas estadounidenses han salido ya del proceso de quiebra y han vuelto, en ese sentido, a la normalidad.
La última diócesis estadounidense en declararse en quiebra antes de la de El Paso fue la de Alexandria, en Luisiana. El Paso es la primera diócesis de Texas que se declara en bancarrota por denuncias de abusos (de un total de quince diócesis y archidiócesis en el estado sureño). Se trata de una diócesis con origen español, originalmente como parte de la diócesis de Durango, creada en 1620.
Misioneros españoles llevaron la fe a El Paso a finales del siglo XVII y establecieron la misión de Corpus Christi de la Isleta del Sur, considerada la parroquia más antigua en funcionamiento ininterrumpido de los Estados Unidos. Durante la revolución anticatólica en México, muchos sacerdotes, religiosos, seminaristas se refugiaron en la diócesis de El Paso, entre ellos el seminarista Pedro de Jesús Maldonado, que fue ordenado en El Paso antes de volver a México, donde fue martirizado en 1937. Fue canonizado por Juan Pablo II.








