Un tesoro escondido de fe y caridad: la obra de las religiosas vietnamitas entre los leprosos
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Aunque se ha registrado el mínimo de casos de lepra nadie cuida a los contagiados

Un tesoro escondido de fe y caridad: la obra de las religiosas vietnamitas entre los leprosos

Llevan décadas en zonas remotas, cuidando a quienes la sociedad olvidó. Las hermanas de congregaciones como las Amantes de la Cruz o las Franciscanas Misioneras sostienen más de diez centros para leprosos en Vietnam, una labor que ya reconoce hasta la prensa estatal.

(Fides/InfoCatólica) En Vietnam quedan cerca de 6.000 personas que arrastran las secuelas de la lepra: deformidades, ceguera, dolor crónico y, sobre todo, el peso del rechazo social. Para muchas de ellas, las únicas que se han quedado son unas mujeres de hábito.

Congregaciones como las Amantes de la Cruz o las Franciscanas Misioneras atienden a estos pacientes en más de diez centros repartidos por todo el país, conocidos como «colonias de leprosos». Las hermanas cuidan también a ancianos y niños huérfanos afectados por la enfermedad, en instalaciones fundadas en su mayoría entre comienzos del siglo XX y las décadas de 1960 y 1970, situadas en zonas remotas y con carencias básicas tanto materiales como psicológicas.

Una enfermedad casi erradicada, pero no olvidada

Los datos epidemiológicos reflejan un avance extraordinario. En 2025 se han registrado en Vietnam solo 38 casos nuevos de lepra, la cifra anual más baja de la historia del país, según informa Andrew Doan Thanh Phong para la Agencia Fides. Entre 2012 y 2016 se detectaban más de mil casos anuales; en el último lustro, apenas algunas decenas cada año. Todas las provincias y ciudades han sido oficialmente declaradas zonas libres de lepra.

Los expertos sanitarios vietnamitas atribuyen esta caída a protocolos de tratamiento eficaces y a una gestión oportuna de los casos. Sin embargo, la erradicación de la infección bacteriana no borra las huellas que dejó en quienes la padecieron. Los aproximadamente 6.000 pacientes que permanecen en los leprosarios no están enfermos en sentido estricto: son supervivientes que conviven con secuelas irreversibles.

«Pensé en huir al bosque para vivir allí el resto de mi vida»

La lepra no provoca solo sufrimiento físico. La marginación social que acompaña a la enfermedad puede ser igual de devastadora. Muchos de estos pacientes fueron apartados de sus comunidades siendo jóvenes y llevan cinco o seis décadas viviendo en los leprosarios sin un hogar al que volver.

Lo Thi Coc fue curada de la lepra, pero todavía sufre problemas de visión y fuertes dolores en las piernas, especialmente cuando cambia el tiempo. El recuerdo de la discriminación sigue presente: «En aquella época mi familia y yo lo pasábamos realmente mal, éramos muy pobres y nadie quería acercarse a nosotros por miedo al contagio. Pensé incluso en huir al bosque para vivir allí el resto de mi vida, pero gracias al apoyo incondicional y a la compañía de mi hijo cambié de idea».

Joseph That, de 78 años, paciente del leprosario de Ben San, en la localidad de Long Binh (provincia de Binh Duong, sur de Vietnam), describe su situación con sobriedad: «Aquí no tengo familia, pero las hermanas católicas y varias organizaciones me ayudan, así que la vida es un poco más fácil».

Las hermanas, «parte de nuestra familia»

En el leprosario de Quy Hoa, gestionado por las Franciscanas Misioneras en Qui Nhon (fundado en 1929), uno de los pacientes lo expresa con claridad: «Las hermanas luchan por nuestros derechos, por eso todos las respetamos y las consideramos parte de nuestra familia». Otro residente, que vive en el centro desde 1960, cuenta que decidió hacerse católico porque las religiosas lo cuidaron como a un hijo. Hoy permanece allí para cortar el cabello a los ancianos, visitarlos y consolarlos.

Algunos de estos testimonios han trascendido el ámbito eclesial. Anna Nguyen Thi Xuan, nacida en 1957, lleva casi cuarenta años al cuidado de los pacientes del poblado de leprosos de Qua Cam, en la diócesis de Bac Ninh (norte del país). Por su dedicación recibió la Medalla al Trabajo de Tercera Clase, otorgada por el presidente de Vietnam, y fue reconocida entre las cincuenta personas distinguidas por el Primer Ministro por sus logros en el ámbito del bienestar social. Su labor ha sido elogiada incluso por la prensa estatal.

La Iglesia, próxima a los que sufren

Las comunidades católicas de todo el país organizan regularmente visitas y campañas de recogida de donativos para los leprosarios como signo de cercanía. La más reciente tuvo lugar el 5 de febrero, durante el Año Nuevo lunar, cuando la diócesis de Thai Binh celebró un encuentro y una fiesta con los enfermos de lepra en la capilla de Dong Tho, en la parroquia de Thai Sa.

En esa ocasión, el Obispo Dominic Dang Van Cau invitó a los fieles a «acoger, amar y acompañar a quienes padecen la enfermedad». El prelado recordó que la diócesis está construyendo una nueva casa para estos enfermos, destinada a ofrecerles un espacio de vida estable, seguro y acogedor. «Este es un acto de misericordia y también una manera concreta de vivir el misterio de la comunión en la Iglesia», afirmó.

4 comentarios

Marta de Jesús
Jesús les dirá, #a mí me lo hicisteis, vengan a mi derecha#. Benditas obras de caridad hechas con el corazón a los que más sufren, a los rechazados, a los enfermos.. Creo haber comentado en otra ocasión que sin ser de ningún grupo eclesial siento mi corazón vicenciano. Las Hijas de la Caridad se dedican a labores asistenciales similares. Descubrir en sus casas la felicidad en el servicio desinteresado fue fundamental en mi vida espiritual, incluso cuando mi fe era mucho menor y estaba alejada totalmente de la Iglesia. Señor, aumenta nuestra Fe.

Mis oraciones para esas hermanas. Dios las bendiga.
9/03/26 10:01 PM
Fernando Cavanillas
¿Dónde están las ONG´s buenistas y los políticos de izquierdas? ¿no es chic ni hay dónde ponerse medallas con los verdaderamente abandonados por todos?... al final sólo la fe verdadera te da la fuerza para la caridad, y si estás bautizado católico entonces Caridad con C mayúscula.

Al final sólo las monjitas se ocupan, y gratis, y trasmitiendo la fe y evangelizando al mismo tiempo, porque llenar estómagos ó cuidar cuerpos dejando el alma negra y vacía no se sostiene ni es la Verdad.

Los políticos vaciaron de contenido la Caridad que siempre hizo la Iglesia, con voluntarios y donantes, pero los políticos con funcionarios a sueldo (del partido muchas veces), burócratas, burocracia y amplios impuestos para "gestionar" jugosos fondos, que según los políticos socialistas "no son de nadie". Al final sólo están las monjitas... ¡Bravo por ellas! y ¡Bendito sea Dios y venga a nosotros Su Reino!, que cura cuerpos, mentes, y sobre todo ALMAS.
10/03/26 11:16 AM
anawim
"¿Dónde están las ONG´s buenistas y los políticos de izquierdas?".
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El trabajo que se está haciendo con estas personas en la foto del post se está haciendo en servicios de nuestros hospitales y residencias de la Tercera Edad, incluso yo he visto casos infinitamente peores, no eran secuelas de lepra, pero hay enfermedades que son devastadoras. Por supuesto las personas que trabajan en estos centros tienen un sueldo. Por supuesto. Pero en este tipo de trabajos no hay dinero en el mundo que pueda pagarlos. Y estoy hablando de la ciudad de Madrid que es lo que conozco, podría hablar de cualquier ciudad. Buenísima gente, buenísimos profesionales que hacen este trabajo estupendamente y por un salario simbólico para el trabajo que realizan. Dicho esto, mis felicitaciones para estas religiosas, pero no crean ustedes que son las únicas que entregan sus vidas al cuidado de otros. Lo de la leprosería siempre nos llega porque es una enfermedad bíblica, pero hay enfermedades con secuelas devastadoras tanto y más que la lepra.
10/03/26 2:04 PM
Generalife
Dios las bendiga y a su hermosa labor
10/03/26 3:43 PM

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