La «Madre de los migrantes» de Bangladesh trae esperanza a los vulnerables
La Hermana Zita Rema, miembro de la Congregación de las Hermanas Salesianas de María Inmaculada, en la capilla de su convento en Monipuripara, Daca. | Crédito: Sumon Corraya

Testimonio en Bangladesh

La «Madre de los migrantes» de Bangladesh trae esperanza a los vulnerables

Sor Zita Rema, religiosa de las Salesianas de María Inmaculada, se ha convertido en una figura de referencia para miles de migrantes en la ciudad portuaria de Chattogram, en Bangladesh. Desde hace décadas acompaña a pobres, desplazados y olvidados, ofreciendo ayuda espiritual, apoyo material y defensa ante la injusticia.

(EWTN News/InfoCatólica) En la ciudad portuaria de Chattogram, en Bangladesh, donde miles de migrantes internos e internacionales luchan cada día por salir adelante, una religiosa católica de 67 años se ha convertido en la defensora más firme de muchos de ellos. Se trata de sor Zita Rema, de la congregación de las Salesianas de María Inmaculada, conocida en la ciudad como la «Madre de los migrantes», un título ganado tras largos años de servicio constante a los pobres, los desplazados y los olvidados.

Nacida en la diócesis de Mymensingh, sor Zita dirige actualmente la Oficina de Migrantes de la archidiócesis de Chattogram. La comunidad católica local reúne a unos 3.000 fieles, entre ellos trabajadores migrantes y expatriados procedentes de India, Sri Lanka, Filipinas, Nigeria, Uganda y Corea del Sur. Junto a ellos viven además más de 5.000 migrantes cristianos internos, empleados en fábricas de ropa, astilleros de desguace, talleres de bicicletas, plantas de oxígeno, salones de belleza y otros sectores.

Muchos de ellos padecen discriminación, condiciones laborales inseguras, inestabilidad económica y aislamiento emocional. Ante esa realidad, sor Zita les ofrece una presencia cercana y perseverante. «Los migrantes cargan con pesadas cargas. Camino con ellos para que nadie se sienta abandonado», afirma.

Su apostolado transcurre entre calles abarrotadas, barrios obreros y zonas fabriles. La religiosa visita hogares después de largas jornadas de trabajo, reza con las familias, orienta a los angustiados y defiende a quienes sufren acoso o injusticia. No pocos la llaman «Ma», una forma de dirigirse a ella que expresa afecto profundo y confianza filial.

Cuando sobreviene la tragedia, sor Zita suele estar entre las primeras personas en acudir. Así ocurrió el 4 de marzo de 2023, cuando una explosión en la planta de oxígeno Seema, en Sitakunda, causó la muerte de siete trabajadores, entre ellos dos católicos, y dejó 25 heridos. «Fui al hospital inmediatamente», recuerda. Durante varios días ayudó a conseguir atención médica, consoló a las familias y negoció compensaciones. Gracias a sus gestiones, el propietario de la fábrica y el gobierno entregaron más de un millón de takas en indemnizaciones. Mickey Nokrek, cuyo hijo murió en la explosión, lo resumió con estas palabras: «Sin sor Zita no habríamos recibido justicia».

Las penalidades de los migrantes no terminan con los accidentes laborales. Muchas familias ni siquiera pueden asumir el costo de trasladar el cuerpo de un ser querido fallecido para darle sepultura en su lugar de origen. «Puede costar entre 10.000 y 30.000 takas», explica la religiosa. Para responder a esa necesidad, moviliza a comités parroquiales y reúne los fondos necesarios, de modo que las familias puedan enterrar a sus difuntos con dignidad cristiana y humana.

Su misión alcanza también la lucha contra la trata de personas. Sor Zita ayudó a rescatar a siete niños cristianos que habían sido llevados a una madrasa de Daca con falsas promesas de educación y sometidos a presiones para convertirse. También ha intervenido en favor de jóvenes empleadas en salones de belleza que sufrían abusos, ayudándolas a buscar amparo legal. «Toda persona merece seguridad y dignidad», sostiene.

La atención sanitaria constituye otra de las bases de su labor. Muchas mujeres migrantes, especialmente embarazadas, acuden a ella en busca de orientación. La Oficina de Migrantes trabaja con dos médicos a tiempo parcial que ofrecen consultas gratuitas. Además, la religiosa pone en contacto a los pacientes con centros de diagnóstico asequibles y ha impulsado un pequeño fondo de seguro: cada miembro aporta 100 takas y ese dinero se usa para ayudar a quienes deben ser hospitalizados.

La inestabilidad económica ha agravado todavía más la situación de numerosos trabajadores. La guerra entre Rusia y Ucrania ha ralentizado la actividad en los astilleros de desguace, reduciendo el jornal diario a apenas 300 takas, y eso solo cuando hay trabajo disponible. Sor Zita acompaña con frecuencia a esos obreros, los anima en medio del desaliento y proporciona materiales escolares para sus hijos. «Sin apoyo, pierden la esperanza», advierte.

Entre quienes han encontrado amparo en esta misión se encuentra Papia Nokrek, una esteticista que perdió de repente su vivienda a causa del aumento del alquiler. Ella misma lo expresa de forma sencilla y elocuente: «La hermana me dio refugio cuando no tenía adónde ir. Verdaderamente es una madre para migrantes como yo».

A pesar de desarrollar su apostolado en una nación de mayoría musulmana, sor Zita asegura que nunca ha sufrido hostilidad. Su cruz manifiesta silenciosamente su identidad católica. «Mi testimonio es a través del amor», dice. Los empleados de los autobuses la saludan con respeto llamándola «Ma», y ella continúa enseñando catecismo y preparando cada año a los fieles para los sacramentos de la reconciliación, la Eucaristía y la confirmación.

Con ocasión del Día Internacional de la Mujer, celebrado el 8 de marzo con el lema «Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas», la religiosa subraya que la lucha por la seguridad sigue siendo urgente. «Las mujeres y los niños aún temen salir solos de sus casas. Mi esperanza es una Bangladesh donde cada mujer pueda caminar libremente, sin miedo». Cada año organiza además un programa para mujeres migrantes, con el fin de que puedan compartir sus sufrimientos y fortalecer su unidad.

Esa preocupación responde a una realidad muy dura. Según el grupo de derechos humanos Ain o Salish Kendra, entre enero y diciembre de 2025 se denunciaron 749 violaciones en Bangladesh, de las cuales 569 fueron violaciones individuales y 180 violaciones en grupo. Además, 193 mujeres fueron víctimas de acoso sexual. Para sor Zita, esas cifras muestran con crudeza la urgencia de defender los derechos y la dignidad de la mujer.

Al volver la mirada sobre décadas de servicio, la religiosa asegura sentirse colmada. «Durante 20 años he caminado con trabajadores migrantes, he escuchado sus historias, he llorado con ellos y he rezado con ellos. Su amor ha bendecido mi vida. Doy gracias a Dios por haberme elegido para esta misión». En esas palabras se resume una vocación entregada a los más frágiles, donde la caridad cristiana se convierte en consuelo, justicia y esperanza para quienes parecían condenados al olvido.

2 comentarios

José Manuel Guerrero C.
Migrantes??? ...la gramática al servicio de la ideología globalista y satánica. Solo migran las aves, para las cuales no existen fronteras. Palabro que metió con calzador en la Letanías el argentino impostor.
8/03/26 11:08 PM
Generalife
Que Dios bendiga esta labor y que reciban apoyo en su ayuda a emigrantes y vulnerables
9/03/26 10:20 PM

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