(LifeSiteNews/InfoCatólica) El Papa León XIV recibió en audiencia privada a los profesores Stephen Bullivant y Stephen Cranney, dos sociólogos que han cobrado especial relevancia por una investigación sobre los católicos que asisten a la misa tradicional en latín en Estados Unidos. La audiencia tuvo lugar el 5 de marzo y figura en el boletín diario del Vaticano, aunque no ha trascendido qué asuntos se trataron durante el encuentro.
Ambos profesores son coautores del libro «Trads: Latin Mass Catholics in the United States», cuya publicación está prevista para noviembre de 2026. En preparación de ese volumen, dieron a conocer en 2024 un estudio centrado en la realidad doctrinal y eclesial de los fieles vinculados a la liturgia tradicional.
Esa investigación buscó comprobar con datos empíricos si la llamada comunidad de la misa tradicional era realmente, como se la ha presentado, un «foco cismático de actitudes negativas hacia el Vaticano II». Los resultados fueron muy distintos de esa caricatura. Un 49 por ciento de los encuestados respondió que estaba «de acuerdo» o «muy de acuerdo» con la afirmación de que acepta las enseñanzas del Concilio Vaticano II, mientras que solo un 11 por ciento dijo estar «en desacuerdo» o «muy en desacuerdo».
El estudio también mostró una fuerte adhesión a la doctrina católica. Apenas un 2 por ciento declaró no creer en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía. Ese dato resulta particularmente llamativo en un tiempo de grave confusión doctrinal y de debilitamiento de la fe eucarística en amplios sectores del mundo católico.
La investigación, sin embargo, no incluyó a católicos que asisten a capillas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. La razón ofrecida fue que existen muchas menos capillas de la Fraternidad que iglesias aprobadas por las diócesis en las que se celebra la misa tradicional.
La audiencia con Bullivant y Cranney reviste especial importancia porque León XIV todavía no ha tomado una decisión definitiva sobre el futuro de la misa tridentina. Hasta ahora, su pontificado ha dejado señales dispares sobre una posible flexibilización de las restricciones impuestas por Francisco mediante el motu proprio Traditionis Custodes de 2021.
Por una parte, León XIV permitió al cardenal Raymond Burke celebrar una misa tradicional dentro de la basílica de San Pedro durante la peregrinación Summorum Pontificum de 2025. Ese gesto contrastó con la prohibición vigente en las peregrinaciones de 2023 y 2024, cuando no se autorizó la celebración de esas misas dentro de la basílica.
Además, el Vaticano ha concedido prórrogas de dos años a dos celebraciones diocesanas de la misa tradicional en la diócesis de Cleveland y a una parroquia de Texas antes de su supresión en aplicación de Traditionis Custodes. A ello se suman los repetidos llamamientos del Papa a recuperar la reverencia litúrgica.
También se recuerda una conversación privada mantenida en diciembre con el obispo Athanasius Schneider, a quien León XIV dijo que había conocido a jóvenes convertidos a la fe gracias a su asistencia a la misa tradicional. Desde agosto de 2025, el Papa habría mantenido aproximadamente una audiencia mensual con figuras favorables a la liturgia tradicional, entre ellas el propio Schneider, el cardenal Burke y el cardenal Robert Sarah.
Pero, al mismo tiempo, bajo este pontificado varios obispos han podido imponer restricciones severas a la misa tradicional. Entre los casos citados figuran el del obispo Michael Martin en Charlotte y el del obispo Mark Beckman en Knoxville, Tennessee. En Charlotte se llegó incluso a prohibir el uso de comulgatorios y reclinatorios para recibir la sagrada Comunión.
A ello se añade la continuidad del cardenal Arthur Roche al frente del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, una figura central en la aplicación de Traditionis Custodes. Durante el consistorio extraordinario de enero, Roche distribuyó a los cardenales un documento que reafirmaba esas restricciones y sostenía que el Novus Ordo Missae es la única expresión del rito romano.
La situación se vuelve todavía más tensa por la relación del Vaticano con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X desde que esta anunció su intención de consagrar nuevos obispos en julio. En febrero se celebró una audiencia en el Vaticano entre el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y el padre Davide Pagliarani, superior general de la Fraternidad.
En ese encuentro, Fernández ofreció abrir un diálogo sobre diversas cuestiones discutidas, entre ellas el grado de autoridad vinculante de los documentos del Concilio Vaticano II. Pero ese diálogo exigía como condición previa que la Fraternidad suspendiera su propósito de consagrar obispos sin mandato pontificio. Además, Fernández advirtió a Pagliarani y a la Fraternidad con la acusación de cisma si las consagraciones seguían adelante.
Más tarde, en ese mismo mes, Pagliarani anunció en un comunicado que las consagraciones se realizarán según lo previsto. En sus palabras: «Aunque ciertamente me alegro de una nueva apertura al diálogo y de la respuesta positiva a mi propuesta de 2019, no puedo aceptar la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio ofrece reanudar el diálogo en la situación actual, ni tampoco el aplazamiento de la fecha del 1 de julio para las consagraciones episcopales».
El superior de la Fraternidad añadió además: «Cuando propuse una discusión en un momento sereno y pacífico, sin la presión o la amenaza de una posible excomunión, que habrían perjudicado el diálogo libre, como por desgracia ocurre hoy». Con ello dejó claro que rechaza un diálogo condicionado por amenazas canónicas.
La audiencia de León XIV con Bullivant y Cranney se sitúa, por tanto, en medio de una crisis litúrgica todavía abierta y de una fuerte disputa eclesial sobre la misa tradicional. El hecho de que el Papa haya recibido precisamente a dos investigadores cuyos datos contradicen la acusación de cisma lanzada contra muchos fieles ligados a esa liturgia otorga a este encuentro un peso evidente.
Lo que queda a la vista es que los católicos apegados a la misa tradicional no pueden ser reducidos sin más a un retrato de rebeldía doctrinal. Los datos presentados por estos profesores muestran, al menos en el ámbito estudiado, una notable aceptación de la doctrina católica, del Vaticano II y de la fe en la Presencia Real.








