(InfoCatólica) «Allí donde nosotros no vemos nada, la gracia ya está actuando y los frutos están listos para ser recogidos». Con estas palabras, el Papa León XIV invitó hoy a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro a «levantar los ojos» y reconocer la acción de Dios en el mundo, antes del rezo dominical del Ángelus correspondiente al III Domingo de Cuaresma.
El Pontífice centró su reflexión en uno de los diálogos más célebres del Evangelio de Juan: el encuentro de Jesús con la mujer samaritana en el pozo. Un episodio que, junto a la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, ha iluminado desde los primeros siglos de la Iglesia el camino de quienes se preparan para recibir el Bautismo en Pascua. «Estas grandes páginas del Evangelio se ofrecen a los catecúmenos, pero al mismo tiempo son escuchadas nuevamente por toda la comunidad», explicó León XIV, «porque ayudan a convertirse en cristianos o, si ya lo somos, a serlo con mayor autenticidad y alegría».
«Liberar el corazón»: la Cuaresma como don
La figura de la samaritana sirve al Papa para hablar de una sed interior que atraviesa a toda persona. «Jesús es la respuesta de Dios a nuestra sed», afirmó. El encuentro con él, según explicó, «activa en lo profundo de cada uno un «manantial que brotará hasta la Vida eterna» (Jn 4,14). Para ilustrar esa búsqueda universal, León XIV recurrió a un texto de la escritora judía neerlandesa Etty Hillesum, quien anotaba en su diario: «A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo».
«No hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón», subrayó el Pontífice. «Por eso, la Cuaresma es un don: entramos en la tercera semana y ya podemos intensificar el camino».
La actitud de Jesús: modelo para la Iglesia
León XIV se detuvo en la reacción de los discípulos ante la escena narrada en el Evangelio: su sorpresa al ver a Jesús conversando con una mujer que las costumbres de la época simplemente habrían mandado ignorar. «Jesús le habla, la escucha, le da confianza sin segundas intenciones y sin desprecio», recordó el Papa, quien en esa actitud ve un modelo de misión para la Iglesia de hoy.
La pregunta que planteó a los fieles fue directa: «¿Cuántas personas buscan en la Iglesia esa misma delicadeza, esa disponibilidad?». Y añadió que la entrega plena a quien se tiene delante tiene su ejemplo más alto en el propio Jesús, que «incluso olvidaba comer, porque lo alimentaba la voluntad de Dios de llegar al corazón de todos» (cf. Jn 4,34).
De marginada a evangelizadora
El Pontífice subrayó la dimensión misionera que emerge del relato. La samaritana no solo es transformada por su encuentro con Jesús: «se convierte en la primera de muchas evangelizadoras». Desde una aldea de «despreciados y marginados», su testimonio lleva a muchos al encuentro con Cristo, «y también en ellos la fe brota como agua pura».
Antes de la oración del Ángelus, León XIV concluyó su reflexión pidiendo a María, Madre de la Iglesia, «poder servir, con Jesús y como Jesús, a la humanidad sedienta de verdad y de justicia», recordando que «no es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre »nosotros« y »los otros»: los adoradores que Dios busca, citando el Evangelio, «son hombres y mujeres de paz, que lo adoran en Espíritu y en verdad» (cf. Jn 4,23-24).
Oriente Medio y el Día de la Mujer
Tras el rezo mariano, el Papa expresó su «profunda consternación» por las noticias llegadas desde Irán y el resto de Oriente Medio. Ante los «episodios de violencia y devastación» y el «difundido clima de odio y miedo», León XIV alertó del riesgo de que el conflicto se amplíe a países de la región, mencionando expresamente al «querido Líbano». Encomendó la intención a María, Reina de la paz, pidiendo que «cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo».
El Pontífice recordó también que el 8 de marzo es el Día de la Mujer, y renovó «el compromiso, que para nosotros los cristianos se basa en el Evangelio, de reconocer la igual dignidad del hombre y de la mujer». Mostró su solidaridad con quienes, «desde la infancia, siguen siendo discriminadas y sufren diversas formas de violencia».








