(El Debate/InfoCatólica) La familia del fallecido teniente coronel Antonio Tejero Molina no solo no podrá despedirle con una misa de exequias en la Catedral Castrense de Madrid, sino que ha recibido la negativa de al menos ocho parroquias más de la capital, según relata El Debate. Algunas de ellas no dependen del Arzobispado de Madrid, sino de congregaciones religiosas o prelaturas, pero han invocado motivos similares a los del Arzobispado Castrense para rechazar la celebración.
En una de ellas, la autorización habría llegado condicionada a exigencias que la familia calificó de «inaceptables»: ninguna homilía o con censura previa, ningún canto y ninguna posibilidad de que sonara el himno nacional.
Una situación y una excusas que han generado escándalo e incomprensión entre muchos fieles y la pregunta ineludible de qué otras cosas se dejan de hacer para que no haya o haya habido «riesgo de connotaciones ajenas».
La justificación del Arzobispado Castrense
El Arzobispado Castrense de España hizo pública su posición en una nota remitida desde Málaga, donde se encuentran reunidos capellanes castrenses en unas jornadas, a una hora ciertamente poco habitual: al filo de la medianoche del jueves. En el comunicado, la archidiócesis señala que «la solicitud para la celebración del funeral de don Antonio para el 25 de marzo en la Catedral Castrense no se consultó ni con su Rector ni con el Arzobispado».
El texto institucional añade que el arzobispo general castrense, Monseñor Juan Antonio Aznárez Cobo, se entrevistó personalmente con un miembro de la familia para comunicarle la situación y «proponerle alternativas en otras parroquias de Madrid». La razón de fondo que el Arzobispado hace explícita es «el riesgo, no deseado por la familia de don Antonio, de darle a una Misa por su eterno descanso oficiada en la Catedral Castrense, connotaciones ajenas al estricto significado religioso de dicha celebración».
NOTA DEL ARZOBISPADO CASTRENSE DE ESPAÑA
Málaga, a 5 de marzo de 2026
Con el objetivo de aclarar algunas informaciones contenidas en el comunicado de la familia de don Antonio Tejero Molina, hecho público hoy, este Arzobispado manifiesta:
La solicitud para la celebración del funeral de don Antonio para el 25 de marzo en la Catedral Castrense no se consultó ni con su Rector ni con el Arzobispado.
En el dı́a de ayer, el Arzobispo se entrevistó con un miembro de la familia de don Antonio para comentarle este hecho y para proponerle alternativas en otras parroquias de Madrid.
El motivo principal de esta decisión fue el riesgo, no deseado por la familia de don Antonio, de darle a una Misa por su eterno descanso oficiada en la Catedral Castrense, connotaciones ajenas al estricto significado religioso de dicha celebración.
La familia, con «el corazón herido»
La justificación institucional contrasta abiertamente con lo manifestado por los propios familiares. En un comunicado previo, la familia había revelado que fue el propio arzobispo quien les comunicó «personalmente su decisión de denegar la celebración de las exequias fúnebres por el alma de nuestro padre Don Antonio Tejero Molina, en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas».
En ese mismo texto, los familiares expresaron tener «el corazón herido» y denunciaron que la negativa «afecta a la caridad cristiana al ser la despedida de un ser querido un acto de misericordia y un derecho espiritual, el cual parece haberse visto supeditado a consideraciones de índole temporal o política». Los Tejero sostienen además que la decisión «contradice el espíritu evangélico» y lamentaron que «el temor humano parece prevalecer sobre los principios de justicia y verdad que deben regir esta institución».
Sobre el fundamento canónico de la negativa, la familia fue taxativa: «Entendemos que dicha prohibición carece totalmente de fundamentos al no trasladarnos ninguna razón eclesial que sustente privar a un fiel del sufragio de la Iglesia en su propia sede diocesana».
La acumulación de negativas por parte de distintas iglesias y la publicidad que ha alcanzado el caso han convertido el funeral de un fiel difunto en una cuestión de debate público, precisamente el escenario que el Arzobispado Castrense afirmaba querer evitar.








