(EWTN/InfoCatólica) Hace unos días era una diócesis de Bangladesh, donde los católicos son minoría, los que renunciaban a las ayudas económicas del Estado para poder mantener su independencia: aceptar ese dinero abriría la puerta a presiones políticas sobre la Iglesia.
Hoy recorre un camino inverso, y obligada por las circunstancias la Iglesia en Chequia.Desaparecerá el apoyo financiero del Estado y serán los fieles quienes mantengan a su Iglesia. Y ya la propia jeraquía ve los beneficios.
Eso sí, han tenido tiempo y se han preparado. Ineludiblemente, en otras partes del mundo existe la legítima duda tanto si la Iglesia está preparada como si ve los «beneficios». Lógicamente está la contrapartida, unos fieles que quizá exigen que no les den gato por liebre y que el sacerdote actúe como tal y enseñe lo que enseña la Iglesia.
Más de 6.100 donantes en la Arquidiócesis de Olomouc financian ya a través de internet los salarios de sus sacerdotes. La iniciativa forma parte de un esfuerzo de mayor calado: en 2030 desaparecerá por completo el apoyo financiero que el Estado checo ha venido prestando a las iglesias durante décadas.
La plataforma Donátor nació en la Diócesis de Brno para financiar proyectos parroquiales diversos. Tras un año de funcionamiento en Olomouc, se ha convertido, según datos del propio arzobispado, en un instrumento central del proceso de autosuficiencia económica que atraviesa la Iglesia checa.
El P. Jan Berka, párroco en Valašské Meziříčí e integrante de los consejos pastoral y presbiteral de la arquidiócesis, ha descrito la herramienta como «una forma sencilla y eficaz» de sostener los salarios sacerdotales. «Me sorprendió lo rápido que una parte relativamente grande de personas se involucró. Siento el apoyo de los feligreses a mi ministerio y estoy agradecido», declaró a EWTN News. El sacerdote subrayó que la participación es anónima, lo que evita presiones sobre quienes prefieren no contribuir: «Para ser sincero, no estoy seguro de quién contribuye y quién no. No lo reviso de ninguna manera».
Berka observó también que los sacerdotes que promovieron activamente la plataforma atrajeron más donantes, mientras que quienes no lo hicieron obtuvieron menos respaldo. La mayoría de sus colegas, según relata, valoran el proyecto como «un buen instrumento que conduce a una mayor corresponsabilidad de los feligreses en la gestión de la parroquia». A futuro, añadió, si una comunidad supera el objetivo fijado, el excedente queda a disposición de la propia parroquia.
El fin de un modelo heredado del poscomunismo
El marco legal que explica esta transición se remonta a 2012, cuando el Parlamento checo aprobó la Ley de Arreglo de Propiedades con las Iglesias y Sociedades Religiosas, tras años de debate iniciados con la caída del comunismo en 1989. La norma contempló la devolución de bienes históricos, una compensación financiera global y un sistema de subvenciones estatales de carácter transitorio, que entró en vigor en 2013.
En virtud de ese acuerdo, las iglesias recibirán un total de 59.000 millones de coronas checas (alrededor de 2.500 millones de euros) hasta 2043 como compensación por las propiedades confiscadas por el régimen comunista entre 1948 y 1989 que no pueden ser restituidas físicamente. Las contribuciones estatales ordinarias, en cambio, irán reduciéndose año a año hasta cesar completamente en 2030. Diecisiete comunidades religiosas están acogidas a la ley, entre ellas la Federación de Comunidades Judías. La Iglesia Católica, como mayor organismo religioso del país, renunció a una parte de sus reclamaciones para facilitar que las comunidades más pequeñas también pudieran beneficiarse.
Martin Pirkl, economista de la Arquidiócesis de Olomouc, resume el imperativo con claridad: «Sería un shock si nos hubiéramos quedado dormidos en los últimos diez años». Para Pirkl, la independencia financiera no es solo una necesidad práctica, sino una cuestión de «libertad y responsabilidad». La arquidiócesis está construyendo una cartera de inversiones en agricultura, silvicultura, bienes raíces y productos financieros. Aun así, advierte que la transición exigirá «una revisión de todos los gastos», lo que califica de «prueba de madurez». Será imposible, reconoce, «mantener cada iglesia rural en estado de deterioro». Si la Iglesia «prioriza de manera racional y coopera con el Estado y los municipios para salvar el patrimonio cultural», podrá, a su juicio, «cumplir su misión principal».
La Diócesis de Ostrava-Opava trabaja ya en un fondo similar, tomando como referencia las mejores prácticas de Olomouc. Pirkl señala además que las diócesis con más recursos ya contribuyen a las más vulnerables, en particular las situadas en las regiones fronterizas, a través de la Conferencia Episcopal Checa.
Entre los planes de negocio y las personas
Jakub Kříž, abogado y profesor de la Facultad de Teología Católica de la Universidad Carolina de Praga, califica el cambio de «revolucionario» y estima que, aunque el impacto inmediato será limitado, a largo plazo la Iglesia deberá encontrar nuevas fórmulas para cubrir sus costes. La secularización del país, uno de los más descristianizados de Europa, agravará el reto: a menor número de creyentes, menor capacidad de sostenimiento económico.
Kříž apunta a una tensión de fondo en el interior de la Iglesia checa entre dos visiones: la que prioriza los «planes de negocio» –invertir para generar rendimientos– y la que sitúa a las personas en el centro. «El dinero siempre se encontrará, incluso si la inversión no tiene éxito; y cuando no hay personas, el dinero no es necesario», sintetizó, describiendo la segunda postura.
En cuanto a los conflictos más previsibles en el futuro, Kříž no los sitúa ya en el terreno de la propiedad, sino en el ético: «Las críticas desde el lado «woke» ciertamente llegarán, pero no se referirán a cuestiones de propiedad, sino más bien a cuestiones éticas».
El exministro de Cultura Daniel Herman ya anticipó en 2017 que la separación financiera formal no pondría fin a la cooperación entre el Estado y las comunidades religiosas, especialmente en lo relativo a la preservación del patrimonio cultural, gran parte del cual –capillas, monasterios, iglesias– es de titularidad sacra: «Siempre serán plataformas de cooperación», afirmó, describiendo «un modelo cooperativo» llamado a perdurar.








