(InfoCatólica) El Obispo de Passau, Stefan Oster, ha condicionado su participación en la proyectada Conferencia Sinodal alemana a que el Vaticano apruebe la nueva estructura. «Si lo hacemos de acuerdo con la Iglesia universal, entonces participaré», declaró en una entrevista conjunta de katholisch.de y la Agencia Católica de Noticias (KNA). El prelado, que en su día abandonó el Camino Sinodal, abre así la puerta a una eventual reincorporación, aunque sin renunciar a sus reservas de fondo.
Un proceso condicionado a Roma
La Conferencia Episcopal Alemana aprobó recientemente en Würzburg los estatutos de la Conferencia Sinodal, concebida como órgano permanente en el que 27 obispos diocesanos, 27 representantes laicos y otros 27 miembros electos deliberarían y aprobarían resoluciones sobre el futuro de la Iglesia en Alemania. Los estatutos establecen que todos los miembros «tienen el mismo derecho de voto» y que «no están vinculados por instrucción alguna en el ejercicio de sus derechos».
Oster reconoce que espera con «cierta expectación» la respuesta vaticana. «Los romanos también tienen interés en que todos salven la cara», señaló, expresando su convicción de que el proceso no se bloqueará de plano. A su juicio, los más de dos años de diálogo entre la parte alemana y la Santa Sede han generado una «reciprocidad» que impide un choque frontal. El expediente se encuentra actualmente bajo revisión en el Dicasterio para los Obispos, con aportaciones del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y la Secretaría de Estado. El Papa León XIV ha sido informado en varias ocasiones.
Las reservas del Obispo de Passau
Pese a ese optimismo relativo, las objeciones de Oster son de calado. Participó en noviembre en las últimas conversaciones celebradas en Roma, en las que la delegación alemana intentó precisar que «adoptar resoluciones» es algo distinto a «decidir». El prelado admite aguardar la reacción vaticana sobre esa distinción terminológica.
Mayor preocupación le genera el mecanismo de seguimiento previsto, que evaluaría en qué medida los obispados aplican las resoluciones del Camino Sinodal. «La problemática está en que la mayoría de los puntos de ese seguimiento presuponen ya una antropología modificada», argumentó. «Yo soy católico, represento la antropología católica, y por eso no quiero que se "supervise" si en nuestra diócesis damos pasos que la Iglesia universal no ha dado ni permite». Añadió que tampoco está claro si ese seguimiento entraría realmente en el ámbito de competencia de la Conferencia Sinodal.
En su propio obispado, Oster ha sometido la cuestión a sus organismos diocesanos. El consejo de gobierno del obispado le dio su respaldo mayoritario en caso de que decida no participar.
La unanimidad, un espejismo
El prelado apuntó también a tensiones internas que el Camino Sinodal ha tendido a disimular. Recordó que, en las asambleas sinodales en las que las votaciones eran públicas y nominales, algunos obispos auxiliares le habían reconocido en privado haber votado en contra de sus propias convicciones a causa de la presión del entorno. «El punto más importante es que nos escuchemos realmente en un espacio protegido», reivindicó, abogando por un proceso libre de cálculo político y coerción pública.
En cuanto al nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, el Obispo Heiner Wilmer de Hildesheim, que respaldó los principales textos de reforma del Camino Sinodal, Oster dijo confiar en su capacidad de liderazgo: «Estoy convencido de que asumirá la tarea de llevar las resoluciones del Camino Sinodal a Roma, pero también de decir que no todo fue tan unánime como quizás algunos esperaban».
Sinodalidad y doctrina: una distinción fundamental
Oster subrayó la diferencia entre la sinodalidad tal como la entiende Roma y el uso que se ha hecho de ella en Alemania. «El Papa Francisco dijo claramente: la sinodalidad no consiste en cambiar la doctrina. Se trata de llevar nuestra fe y su doctrina al mundo de hoy y vivirla». En su valoración, el debate alemán ha estado excesivamente centrado en la modificación doctrinal, desvirtuando ese propósito.
Una crisis vocacional histórica
La entrevista se produce en un contexto de grave crisis vocacional en la Iglesia alemana. En 2024, solo 29 sacerdotes diocesanos fueron ordenados en todo el país; en 2025, la cifra ronda los 25, según datos de la Conferencia Episcopal Alemana. Numerosas diócesis, entre ellas varias bávaras y de Alemania oriental, registraron años sin ninguna ordenación. Tréveris fue la que más aportó en 2024, con cuatro nuevos sacerdotes.
La diócesis de Passau presenta números modestos pero más estables: una ordenación en 2024 (Christoph Mader), una en 2023 (Tobias Asbeck), tres en 2022, y actualmente unos tres seminaristas en formación en el Seminario Mayor de San Esteban.
El fenómeno de los jóvenes que vuelven
Frente a ese panorama, Oster llamó la atención sobre una corriente contracultural discreta pero significativa: jóvenes adultos que se acercan al catolicismo a través de plataformas digitales, foros de Internet y contenidos en vídeo. «El fenómeno existe», afirmó, reconociendo que cientos de miles abandonan formalmente la Iglesia cada año, pero señalando que otros, en sentido contrario, buscan «liturgia, tradición y, sobre todo, identidad creyente en Cristo».
El prelado llamó a abrir espacios de acogida adaptados a este perfil, distinto al del feligrés parroquial ordinario, y expresó su esperanza de que estos impulsos contribuyan a una renovación eclesial genuina. En su visión de fondo, el futuro de la Iglesia en Alemania pasa menos por las asambleas de reforma que por el culto reverente y la claridad doctrinal.
Los próximos meses dirán si la Conferencia Sinodal prospera tal como está redactada, si Roma exige enmiendas sustanciales o si la rechaza en su forma actual. Su primera reunión está prevista para noviembre de 2026.








