(InfoCatólica) El presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha sumado su voz a la del Papa León XIV para reclamar con urgencia una desescalada diplomática en Oriente Medio, tras los ataques conjuntos lanzados el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, que costaron la vida al líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, de 86 años.
Los bombardeos desencadenaron una oleada de represalias iraníes en toda la región que ha dejado muertos y heridos en todos los bandos, entre ellos al menos tres militares estadounidenses, avivando el temor a una conflagración a escala regional.
«El momento es crítico»
En una declaración fechada el 1 de marzo, el Arzobispo Paul S. Coakley de Oklahoma City, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), advirtió de que «el conflicto creciente corre el riesgo de degenerar en una guerra regional más amplia». Evocando la intervención del Papa en el Ángelus del mismo día, en la que el Romano Pontífice alertó de que la violencia podría abrir «un abismo insalvable», el Arzobispo subrayó que «nos enfrentamos a la posibilidad de una tragedia de inmensas proporciones».
Coakley hizo suyas las palabras del Papa para reclamar un alto a la espiral de violencia: «Mis hermanos obispos y yo unimos nuestra voz a la de nuestro Santo Padre y lanzamos un llamamiento sincero a todas las partes implicadas para que la diplomacia recupere su papel propio». Citando expresamente al Pontífice, pidió «un retorno al compromiso diplomático multilateral que busque preservar el bienestar de los pueblos, que anhelan una existencia pacífica fundada en la justicia».
Llamada a la comunidad internacional
El presidente de la USCCB fue explícito en la responsabilidad que recae sobre la comunidad internacional: «Todas las naciones, los organismos internacionales y los socios comprometidos con la paz deben desplegar todos los esfuerzos posibles para impedir una nueva escalada».
Calificando el momento actual de «crítico», Coakley invitó a los católicos y a «todas las personas de buena voluntad» a mantener «fervientes oraciones por la paz en Oriente Medio, por la seguridad de nuestras tropas y de los inocentes, para que los dirigentes elijan el diálogo en lugar de la destrucción y busquen el bien común en lugar de la tragedia de la guerra».
Su declaración incluye una remisión a un llamamiento formulado en junio de 2025 por el Obispo A. Elias Zaidan, presidente del Comité de Justicia y Paz Internacional de la USCCB y responsable de la Eparquía Maronita de Nuestra Señora del Líbano de Los Ángeles, tras los ataques de precisión que Estados Unidos había lanzado ese año contra las instalaciones nucleares iraníes. En aquella ocasión, el Obispo Zaidan ya había pedido «un compromiso diplomático multilateral para lograr una paz duradera entre Israel e Irán».
Encomienda a María, Reina de la Paz
El Arzobispo Coakley cerró su declaración con una invocación mariana, implorando «la intercesión de nuestra Bienaventurada Madre, María, Reina de la Paz, para que ore por nuestro mundo atribulado y por una paz duradera».








