(Crux/InfoCatólica) El Vaticano ha iniciado una intervención de mantenimiento sobre el «Juicio Final» de Miguel Ángel, el gran fresco que ocupa el muro del altar de la Capilla Sixtina. El objetivo inmediato es retirar una película blanca y calcárea de sal que se ha ido acumulando sobre la superficie desde la gran restauración de hace aproximadamente tres décadas y que estaba afectando a la claridad visual, la viveza del color y la lectura de detalles.
Los responsables presentaron la intervención durante una visita a los andamios realizada un sábado. Explicaron que, aunque se trata de una limpieza en su método, el trabajo resulta importante por las consecuencias que ese velo blanquecino puede tener sobre una obra de referencia para el patrimonio artístico de la Iglesia.
Para realizar la limpieza se ha instalado un andamiaje fijo que va del suelo al techo, colocado delante del fresco. Esa estructura cubre en gran parte la visión directa del mural mientras duren los trabajos, pero se indicó que la Capilla Sixtina permanecerá abierta al público. Para evitar que el visitante se quede sin referencia visual, se ha colocado una pantalla sobre el andamiaje en la que se muestra una reproducción del «Juicio Final».
Los responsables vaticanos relacionaron el problema con la presión del turismo. Se mencionó una cifra cercana a 25.000 visitantes al día atravesando los Museos Vaticanos, un flujo que incrementa la humedad ambiental y favorece la formación de depósitos sobre los muros.
El científico Fabio Moresi, responsable del equipo de investigación científica de los Museos Vaticanos que supervisa la intervención, explicó el origen del fenómeno en términos químicos: «Esta sal se crea porque, sobre todo, cuando sudamos emitimos ácido láctico, y por desgracia el ácido láctico reacciona con el carbonato cálcico presente en la pared». También señaló que el clima influye, ya que cuando los visitantes sudan más aumenta la humedad y se favorecen nuevas reacciones sobre la superficie del fresco.
La directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, describió esa película como una «catarata» y afirmó que, por su naturaleza, puede retirarse con un procedimiento relativamente sencillo si se realiza con el cuidado debido. La técnica consiste en sumergir hojas de papel de arroz japonés en agua destilada, aplicarlas sobre la zona a tratar y, después, retirar y limpiar con extrema delicadeza para levantar el depósito sin dañar la pintura.
Durante la visita se destacó que la diferencia entre las zonas ya limpiadas y las que aún no lo han sido es visible. Allí donde permanece el depósito, el mural parece cubierto por una pátina blanquecina; donde se ha trabajado reaparecen con más fuerza el color, el contraste y el detalle. Se mencionó como ejemplo la figura de Jesucristo en el centro de la composición, donde se distingue con mayor nitidez la representación del cabello y de las heridas de la crucifixión.
Se recordó además el antecedente de la gran restauración de la Capilla Sixtina realizada entre 1979 y 1999, cuando se retiraron acumulaciones históricas de suciedad, humo y cera. En la capilla se dejaron pequeños fragmentos sin restaurar para mostrar el contraste con las zonas intervenidas y evidenciar el oscurecimiento previo.
A diferencia de la limpieza anual de los frescos de la Capilla Sixtina, que suele realizarse por la noche con elevadores que pueden retirarse antes de la llegada de los visitantes, el «Juicio Final» plantea una dificultad específica. Al estar detrás del altar y hallarse el altar elevado por escalones de mármol, esos medios no permiten alcanzar toda la superficie, lo que ha hecho necesario el andamiaje fijo.
En cuanto al calendario, se informó de que los trabajos deberían concluir para Pascua, en la primera semana de abril. Por último, se indicó que, en lugar de reducir drásticamente el número de visitantes, el Vaticano estudia medidas para gestionar la humedad mediante sistemas de filtración y otras tecnologías, con el fin de disminuir la posibilidad de que estos depósitos vuelvan a formarse.








