(LifeNews/InfoCatólica) El Health Service Executive (HSE) de Irlanda ha reconocido, en respuesta a una pregunta parlamentaria, que 108 bebés nacieron vivos después de abortos en el periodo de cinco años comprendido entre 2019 y 2023. La revelación se produjo tras una pregunta formal presentada por el diputado independiente Mattie McGrath, y la información se apoya tanto en esa contestación oficial como en los informes anuales publicados por el National Perinatal Epidemiology Centre (NPEC).
Según se indica en los datos divulgados, estas cifras muestran un número «sustancialmente mayor» de bebés nacidos vivos tras abortos del que había sido públicamente reconocido hasta ahora. La información también apunta a una tendencia especialmente grave en el año más reciente con datos disponibles: 2023 fue el año con el mayor número de bebés que sobrevivieron a un aborto desde la entrada en vigor de la nueva legislación. En ese año, 29 bebés sobrevivieron al procedimiento.
El desglose aportado incluye además una observación que, por su gravedad, ha suscitado especial alarma: las cifras permiten inferir que, en el periodo 2019-2023, hubo cuatro bebés de más de 24 semanas y/o con un peso al nacer de 500 gramos que sobrevivieron al aborto «sin indicación de ninguna anomalía congénita». El texto subraya que esto sugiere que podrían haber sido bebés sanos y que, en todo caso, estaban en una edad gestacional en la que «la supervivencia con una salud razonable a largo plazo es posible».
Ante estos datos, la Pro Life Campaign ha denunciado no solo el hecho de que los bebés nacieran vivos tras un aborto, sino también lo ocurrido después. Afirma que, independientemente de la condición de salud de esos 108 bebés, «ninguno merecía morir de la forma horrible en que lo hicieron: primero por el aborto y luego, tras sobrevivir, por la ausencia de atención médica para sostener sus vidas». Con ese planteamiento, la entidad presenta el asunto como una cuestión humanitaria de máxima urgencia y reclama que la situación no continúe sin control.
La Pro Life Campaign califica el trato dispensado a estos bebés como «bárbaro e inhumano» y denuncia que se tomen decisiones de vida o muerte «a puerta cerrada» por médicos que facilitan abortos, de quienes —según la acusación— no se exigiría justificar sus decisiones ni los juicios de valor que hacen sobre vidas que deberían esforzarse por preservar. Por ello, insiste en la necesidad de «escrutinio adecuado, rendición de cuentas y supervisión» y afirma que es imprescindible seguir sacando a la luz lo que está ocurriendo.
El texto recuerda, además, un episodio político anterior. En 2018, poco después del referéndum sobre el aborto, el entonces ministro de Sanidad Simon Harris acusó a diputados del Dáil de emplear «tácticas de impacto» cuando expresaron su preocupación por la posibilidad de que hubiera bebés nacidos vivos después de abortos y por el tipo de cuidados que podrían recibir —o que podrían serles negados—. La Pro Life Campaign sostiene ahora que, a la vista de los datos, queda claro que aquellas preocupaciones «estaban enraizadas en la realidad» y que no debieron ser despachadas ni minimizadas.
Finalmente, la entidad expresa su agradecimiento al diputado McGrath por haber presentado la pregunta parlamentaria, así como a otros miembros del Oireachtas que formulan cuestiones similares. Según afirma, esa persistencia está permitiendo que, paso a paso, vaya emergiendo la transparencia y la rendición de cuentas que muchos ciudadanos reclaman ante una realidad que, con estas cifras, adquiere un carácter aún más dramático.








