Mauricio Giraldo: «La fe no es para guardarla en lo privado, también debe iluminar la vida pública»
El senador colombiano Mauricio Giraldo durante una entrevista. Captura de pantalla de Youtube

En un panorama que califica de «desafiante»

Mauricio Giraldo: «La fe no es para guardarla en lo privado, también debe iluminar la vida pública»

El senador colombiano Mauricio Giraldo, candidato nuevamente al Parlamento, sostiene que Colombia necesita más católicos presentes en la política. Advierte que, si los fieles se repliegan, otros ocuparán esos espacios con agendas que pueden limitar la libertad religiosa y debilitar la defensa de la vida y la familia.

(Hora 13 Noticias/InfoCatólica) El senador colombiano Mauricio Giraldo, que postula nuevamente a un escaño en el Parlamento el próximo 8 de marzo, afirma que la fe católica no puede encerrarse en el ámbito íntimo. «La fe no es para guardarla en lo privado», sostiene, sino que «también debe iluminar la vida pública». Desde esa convicción, considera que Colombia necesita más católicos dispuestos a entrar en la vida política, porque de lo contrario «otros ocuparán esos espacios con agendas que pueden terminar restringiendo la libertad para profesar la fe y debilitando la defensa de la vida y la familia».

Giraldo, miembro del Partido Conservador, integra la Bancada Provida que durante el periodo 2022-2026 promovió iniciativas a favor de la vida y la familia y que, a la vez, evitó la aprobación de la ley de la eutanasia, del consumo de marihuana o la llamada Ley Trans. En su propio caso, explica que la fe actúa como guía de criterio y de responsabilidad: es su «brújula». «No es un discurso, es un criterio. Me recuerda que el poder es servicio, que la autoridad es responsabilidad y que las decisiones públicas tienen consecuencias reales sobre las familias», afirma.

En esa línea, insiste en que la acción política debe someterse al bien común y al orden moral objetivo. «La fe me ayuda a no perder de vista que la política debe estar al servicio del bien común y de la ley natural, no de ideologías pasajeras», añade. Por eso reitera su llamado a una presencia católica clara y sin complejos en los espacios de decisión: «Colombia necesita católicos formados, valientes y coherentes en todos los niveles de decisión».

El senador subraya que, lejos de ser indiferentes, las normas configuran el país y penetran la vida social. «Las leyes no son neutras», advierte, porque «lo que se aprueba en el Congreso termina impactando la educación, la cultura y la vida cotidiana de las familias». De ahí deriva una advertencia moral sobre la responsabilidad del voto: «si elegimos representantes que no defiendan la vida, la familia y la fe, esas convicciones quedarán por fuera de las decisiones públicas. Elegir bien no es solo una decisión política, es una decisión moral que define el rumbo del país».

Al describir el contexto nacional, Giraldo afirma que el panorama en Colombia «es desafiante. Hemos visto avances de una cultura que relativiza la vida, debilita la patria potestad y promueve ideologías en los colegios. Pero también veo algo positivo: cada vez más ciudadanos están despertando y entendiendo lo que está en juego». En ese marco, recuerda que durante el periodo que termina hubo ataques a la fe católica desde el Estado, al ser «vista como un problema para ciertas agendas ideológicas».

Como ejemplos, menciona el intento de «gravar con impuestos la labor social de la Iglesia, que es la que atiende a los más pobres», así como proyectos orientados a equiparar el catolicismo con prácticas como la brujería o la chamanería, y otros para eliminar los delitos contra el sentimiento religioso. También señala que, en el Senado, se logró detener «lo que llamamos ‘convenciones mordaza’: tratados internacionales que, bajo el discurso de no discriminación, podían terminar limitando la libertad para profesar la fe y hasta la posibilidad de expresar públicamente convicciones frente a ciertas ideologías».

En el mismo recuento, afirma: «También vivimos amenazas contra la capilla del Congreso y del aeropuerto, y vimos ataques reiterados contra templos católicos sin una defensa contundente del Estado». Para Giraldo, el punto de fondo es que la libertad religiosa no puede depender de coyunturas políticas: «La libertad para profesar la fe —reiteró— no puede reducirse al ámbito privado ni depender del gobierno de turno. Es un derecho fundamental que incluye vivirla, expresarla y anunciarla sin miedo. Y eso hoy ha estado en tensión».

En el capítulo de la protección de la vida humana, el candidato sostiene que la despenalización del aborto y de la eutanasia por la Corte Constitucional ha agravado la vulnerabilidad de los más indefensos. Según declara, «cuando el Estado permite que un niño pueda ser abortado, está fallando». Y añade una denuncia tajante sobre las consecuencias: «En Colombia hoy en día pueden matar un bebé hasta etapas muy avanzadas del embarazo, menores son sometidos a intervenciones irreversibles, eso demuestra que el Estado está fallando en su deber de proteger la dignidad humana».

En esa misma línea, afirma que el deber del Estado es proteger al más débil, pero advierte que hoy «los más débiles, los niños por nacer, los enfermos, los adultos mayores y los menores de edad, no están siendo protegidos como deberían». A su juicio, el criterio rector no puede ser la utilidad ni la voluntad ajena, porque «la dignidad no depende de la edad, ni de la condición de salud, ni de la voluntad de otros», sino que «es inherente a la persona».

Giraldo sostiene que la tarea requiere perseverancia y unidad, sin fracturas internas en quienes defienden la vida y la familia: «El reto es organizarnos mejor, no dividirnos y perseverar. La defensa de la vida y la familia no es una lucha de un periodo, es una misión de largo plazo». En cuanto al trabajo parlamentario, destaca que los legisladores provida han usado mecanismos legales para frenar políticas contrarias a la dignidad humana: «debates de control político, demandas ante las altas cortes, proyectos de ley que corrijan excesos». Y concluye con una promesa de continuidad: «Eso lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo».

No obstante, el senador insiste en que la batalla no se libra únicamente en el hemiciclo. «También hay que actuar formando conciencia. Porque si la cultura cambia, el país cambia, los proyectos de Ley que se presentan, cambian. No basta con pelear en el Congreso; hay que hablarle al país, explicar lo que está pasando y movilizar a la ciudadanía». Y precisa el alcance de ese combate: «la defensa de la vida y la familia no es solo jurídica, es también cultural y principalmente espiritual».

Finalmente, relata la presión que conlleva sostener públicamente esas convicciones: desde su posición como senador católico ha debido «mantenerse firme en un ambiente donde muchas veces se espera que uno se calle o negocie sus principios. Defender la vida, la familia y la fe hoy implica críticas, burlas y señalamientos, me dicen retrógrado, fundamentalista. Pero la coherencia tiene un costo, y hay que asumirlo». Por eso remarca que la fe debe expresarse también en el voto y en la acción pública: «Como católico, uno no puede dividir su conciencia entre lo que cree el domingo y lo que vota el martes. Esa coherencia es el mayor desafío, pero también la mayor fortaleza».

2 comentarios

chuqui
Me parece admirable el razonamiento del senador colombiano y cuanto me alegraría que en mi pais, Argentina, tuviéramos ejemplos similares de coherencia en la fe

28/02/26 11:12 PM
Generalife
Totalmente de acuerdo
1/03/26 2:51 PM

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