(InfoCatólica) Hace dos siglos, el venerable Pedro José Triest fundó en Bélgica la congregación religiosa de los Hermanos de la Caridad, dedicada a cuidar de personas que sufrían, ya fueran enfermos, ancianos, huérfanos o discapacitados de cualquier tipo. La congregación creció muchísimo y se extendió por todo el mundo, prestando servicios caritativos según el espíritu de San Vicente de Paúl. En Bélgica, en particular, los Hermanos de la Caridad crearon multitud de hospitales, asilos e instituciones médicas y educativas por todo el país.
En la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, la congregación fue decayendo significativamente. El número de miembros en todo el mundo se ha reducido hasta una pequeña fracción de su cifra máxima. Actualmente son poco más de quinientos y sus vocaciones vienen en su gran mayoría de Asia y África (en Bélgica, donde llegó a haber mil hermanos, hoy solo son unos cien). Ese proceso de disminución numérica, como en tantos otros religiosos, ha sido paralelo a la secularización interna de la congregación y de sus actividades.
Quizá el mejor símbolo de esa secularización sea el reciente cambio de nombre de la organización creada por los Hermanos para la gestión de sus actividades caritativas, educativas y sanitarias en Bélgica. De llamarse «Hermanos de la Caridad» pasa ahora a llamarse «Evara», un nombre que carece de la más mínima resonancia cristiana. Aunque la congregación religiosa en sí conserva la denominación original, la organización sin ánimo de lucro que es su parte más visible seculariza su nombre.
Evara es una palabra sánscrita, que significa «regalo». Según la propia organización, esto se refiere a que «aunque la tarea de muchos de nuestros empleados no siempre es fácil, seguimos viendo como un privilegio y un regalo salir con la gente y estar en movimiento con quienes más nos necesitan». Lo que no se explica es por qué una organización creada por una congregación católica belga ha acudido al sánscrito para cambiarse de nombre, en una especie de antibautismo moderno, muy significativo.
A eso se añade que «vara» significa «estar allí» en sueco y «eva» significa «aliento de vida». De alguna forma, todo esto les parece más apropiado y representativo de su identidad que la católica y preciosa palabra «caridad». En un comunicado de prensa han explicado que han «avanzado mucho en los últimos años», con «una nueva estructura organizativa, un nuevo presidente, un claro reposicionamiento y visión de futuro, y un fortalecimiento de nuestro papel social. Queríamos un nombre que encajara con ese movimiento. Un nombre que mira hacia el futuro, pero que también se mantiene fiel a nuestros valores. Un nombre que pueda crecer con nuestras ambiciones y con la sociedad. Así fue como acabamos con Evara».
Evara es una de las mayores organizaciones sanitarias y educativas de Bélgica, ya que agrupa a los numerosos hospitales, instituciones y centros educativos fundados por los Hermanos de la Caridad. Actualmente cuenta con 17.000 empleados. Según el sitio web de Evara, los hermanos siguen siendo miembros de su consejo de administración.
Lo cierto es que la secularización del nombre no hace más que ir a la zaga de la secularización de sus valores y las actividades que realiza. En efecto, en 2017 los hospitales de los Hermanos de la Caridad anunciaron que empezarían a realizar eutanasias. En aquel momento, el superior de los Hermanos en Bélgica, Raf De Rycke, lo explicó diciendo que «partimos de los mismos valores fundamentales: el respeto a la vida es un fundamento importante, pero no absoluto, de ahí que no pensemos igual que Roma».
Esta declaración pública de la moral católica supuso un gran escándalo. El superior general de la congregación consideró que se trataba de una «verdadera tragedia» y el Vaticano se vio forzado a tomar cartas en el asunto. Tres años después, en mayo de 2020, la Congregación para la Doctrina de la Fe prohibió que la organización médica y caritativa de los Hermanos de la Caridad se presentara como católica. La Congregación estaba dirigida en ese momento por el cardenal Luis Ladaria.
Desgraciadamente, este proceso secularizador no es único y las grandes obras educativas, médicas y caritativas creadas a lo largo de los siglos por muchas otras congregaciones religiosas siguen el mismo camino.








