«La paz cristiana no es una promesa de comodidad, sino una condición para transformar la sociedad»: Varden abre los ejercicios espirituales
Mons. Erik Varden OCSO, obispo de Trondheim (Noruega) en la Basílica de San Pedro en Roma ©Daniel Ibañez CNAd

Propone a san Bernardo como guía del retiro

«La paz cristiana no es una promesa de comodidad, sino una condición para transformar la sociedad»: Varden abre los ejercicios espirituales

La paz que los creyentes encarnan, no la vehemencia con que esgrimen el Evangelio en los debates públicos, es la verdadera señal de la presencia de Cristo. Con esta tesis arrancó el Obispo Varden el retiro cuaresmal de León XIV y la Curia Romana.

(InfoCatólica) La paz que los creyentes son capaces de encarnar es la verdadera medida de la presencia de Cristo en ellos, y no la vehemencia con que esgrimen el Evangelio en los debates públicos. Con esta tesis de fondo, el Obispo Erik Varden inauguró el domingo por la tarde los ejercicios espirituales de Cuaresma de la Curia Romana, en presencia del Papa León XIV, en la Capilla Paulina del Vaticano.

Monje cisterciense y Obispo de Trondheim, Varden imprimió desde el inicio un tono de profundidad espiritual y rigor intelectual al retiro anual que la Santa Sede celebra al comienzo de la Cuaresma. A lo largo de las dos primeras meditaciones, pronunciadas el domingo y el lunes respectivamente, el predicador trazó un arco argumental que va de la urgencia del momento presente hasta la figura de san Bernardo de Claraval como maestro de vida cuaresmal.

El Evangelio no es un arma

En su primera meditación, Varden situó la Cuaresma en las coordenadas de lo esencial: «La Cuaresma nos confronta con lo esencial. Nos lleva, material y simbólicamente, a un espacio despojado de superfluidades». Frente a esa austeridad interior, señaló la tentación opuesta que acecha al cristianismo en el momento actual.

«La fidelidad al ejemplo y a los mandamientos de Cristo es la marca de la sinceridad cristiana», afirmó. «La medida de la paz que encarnamos, esa paz singular «que el mundo no puede dar», indica la presencia permanente de Jesús en nosotros. Debemos insistir en esto ahora, cuando el Evangelio es a veces desplegado como un arma en las guerras culturales».

La respuesta a esa instrumentalización, sostuvo, no puede ser la mera indignación: «Las instrumentalizaciones del lenguaje y los signos cristianos deben ser contestadas no solo con una indignación tibia, sino enseñando en qué consiste la auténtica lucha espiritual. Pues la paz cristiana no es una promesa de comodidad; es una condición para la transformación de la sociedad».

La ira como obstáculo espiritual

Para subrayar la urgencia de esta llamada, Mons. Varden recurrió a la tradición ascética oriental y citó a San Juan Clímaco: «No hay obstáculo mayor a la presencia del Espíritu en nosotros que la ira». Articular la radicalidad de la paz cristiana, añadió, es tanto más necesario cuanto más se impone en el ambiente público una cultura de la crispación.

La Iglesia, recordó, no suaviza su llamado al combate espiritual, «su lenguaje es el «Sí, sí» y el «No, no», no el «a veces esto» y a veces aquello», pero lo envuelve desde el primer día de Cuaresma en una melodía de paz: el tracto gregoriano del Salmo 90, el Qui habitat, canto procesional que en la liturgia tradicional sustituye al Aleluya durante el tiempo penitencial, , que la Iglesia entona desde hace más de mil años el Primer Domingo de Cuaresma para introducir el relato de la tentación de Cristo en el desierto. «Esta obra de exégesis melódica no es un simple vestigio de estética antigua», subrayó Varden. «Lleva un mensaje vital».

San Bernardo: genio inquieto, humildad genuina

En su segunda meditación, el Obispo convirtió al autor de aquellos diecisiete sermones sobre el Qui habitat, san Bernardo de Claraval, que los predicó en la Cuaresma de 1139, en el gran protagonista del retiro. El retrato que trazó es el de un hombre de tensiones interiores y virtudes reales, alejado de la hagiografía plana.

«¿Qué clase de hombre era san Bernardo?», preguntó Varden al inicio de la meditación. La respuesta fue matizada: una figura que domina el movimiento cisterciense del siglo XII por su carisma y su laboriosidad, pero que no fundó la Orden, se incorporó al monasterio de Cîteaux en 1113, a los veintitrés años, acompañado de treinta compañeros, y que no siempre estuvo libre de las contradicciones propias de toda grandeza humana.

Varden señaló que el proyecto cisterciense original fue tanto de innovación como de reforma: sus fundadores, al establecer Cîteaux en 1098, llamaron a su casa novum monasterium, «monasterio nuevo», , un nombre que expresaba un impulso creador, no meramente reactivo. «Hacían algo nuevo, no reaccionaban principalmente contra nada, lo cual es afortunado, pues los proyectos de reacción acaban tarde o temprano por agotarse en la arena».

Sobre Bernardo, el Obispo no eludió las aristas: su confianza en el propio juicio podía volverlo rígido y llevarlo a posicionamientos de «fiero partidismo». Pero fue igualmente tajante en lo positivo: «No era un hipócrita. Era un hombre genuinamente humilde, plenamente entregado a Dios, capaz de una ternura delicada, amigo fiel, capaz incluso de trabar amistad con antiguos enemigos, y un testigo convincente del amor de Dios. Era, y sigue siendo, fascinante».

Para ilustrar ese temperamento de «mercurio vivo», Varden recurrió a una comparación inesperada: la que el abad Dom James Fox, de la abadía de Getsemaní, trazó en su día sobre Thomas Merton, cuya mente calificó en un momento de exasperación como «tan eléctrica». «Sería absurdo comparar a Thomas Merton con Bernardo de Claraval, aclaró Varden, , pero existe una similitud de temperamento». Ambos contenían y debían equilibrar tensiones enormes.

La conversión como fruto de la lucha personal

Lo que hace de San Bernardo un maestro válido para la Cuaresma no es su genio, sino la trayectoria de su conversión interior. Su doctrina, explicó Varden, nace de una cultura bíblica sin igual y de una teología meditada, pero «cada vez más, con el paso del tiempo, nace también de la lucha personal, a medida que aprende a no dar por sentado que su camino es siempre el correcto, enseñado por la experiencia, las heridas y las provocaciones a examinar su propia rectitud y a maravillarse ante la misericordiosa justicia de Dios».

San Bernardo, concluyó Varden, es «un buen y sabio compañero para quien emprende el éxodo cuaresmal del egoísmo y el orgullo, deseando perseguir la autenticidad con los ojos puestos en el amor de Dios que todo lo ilumina».

El ciclo de meditaciones continuará a lo largo de la semana con nuevas meditaciones del Obispo Varden.

 

7 comentarios

Miguel
¿Hay que renunciar a considerar el rosario un arma? ¿Se lo va a discutir también al papa Francisco quién consideraba al rosario un arma? ¿La guerra espiritual se lleva adelante nada más en la conciencia privada? ¿Qué es una guerra espiritual si no tiene efectos sobre la realidad? Demasiada tibieza y ambigüedad
23/02/26 4:04 PM
Jordi
Opino que la Cuaresma nos confronta sólo con los prerequisitos más básicos del catolicismo, recogidos en el c. 1752: la salus animarum es siempre la ley suprema de la Iglesia

Esto es que todo todo todo juicio, norma, decisión, pastoral o disciplina debe orientarse al fin último:

la salvación de las almas

La “salud de las almas” no es un sentimiento: exige verdad, pues la Iglesia enseña que no hay salvación sin verdad

Por eso la salus animarum no es bienestar emocional, ni pragmatismo pastoral, ni evitar conflictos, sino de:

- la verdad revelada
- la doctrina
- el dogma
- la moral objetiva
- la fidelidad a Cristo y las Escrituras, Tradición y Magisterio vivo

La salvación nunca se separa de la verdad, porque Cristo dijo:

“La verdad os hará libres” (Jn 8,32)
“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)

Por ello, la verdad es el corazón de la salus animarum, y sí, no hay caridad sin verdad, ni tampoco hay pastoral auténtica sin doctrina: la verdad revelada es el fundamento de la Fe, la doctrina expresa esa verdad, el dogma la define con precisión, la moral la aplica a la vida concreta, y bien, la pastoral la acompaña sin negarla siempre siempre siempre

Si la Iglesia quiere realmente la salus animarum, debe confrontar al hombre con la verdad, no con opiniones, modas o relativismos misericordiosos

Por eso debe de derogar a Amoris laetitia, Fiducia supliccans, Traditionis custodes y otros mucho
23/02/26 4:07 PM
Jordi
Opino que el obispo Varden acierta al decir que la conversión interior es el núcleo de la vida cristiana: sin combate espiritual personal no hay Cuaresma auténtica

Pero no da una visión holística y perfecta: el soldado de Efesios VI

La tradición de la Iglesia nunca redujo la lucha cristiana al ejercicio psicológico

Desde los primeros siglos, la Fé exige también la batalla exterior:

- defensa de la verdad frente a herejías, fidelidad en persecuciones, resistencia ante leyes injustas y testimonio público frente a ideologías contra la dignidad humana:

--- la lucha contra el Imperio Romano y paganismo, Revolución Francesa en la Vendée, capitalismo salvaje, nazismo, comunismo y anarquismo (Guerra Civil española), Cristeros y masonería liberal, arrianismo, luteranismo, anglicanismo, órdenes religiosas militares (templarios, hospitalarios, Alcántara, Calatrava), Santa Juana de Arco, millones de mártires

La Iglesia camina siempre en estos 2 frentes: el interior, hecho de oración, penitencia y purificación del corazón, y el exterior, hecho de concilios, mártires y compromiso con la justicia

El Evangelio transforma al individuo, pero también ataca a estructuras y culturas si se oponen a la verdad

La visión completa de la vida cristiana debe integrar ambas dimensiones. San Bernardo es maestro de la lucha interior, pero la historia de la Iglesia recuerda que la fidelidad a Cristo implica también un TESTIMONIO PÚBLICO VALIENTE de PA
23/02/26 4:23 PM
Emiliano
La Nueva Jerusalén desciende del Cielo y no asciende de la Tierra
23/02/26 6:55 PM
Vladimir
Muy hermoso, pero no podemos quedarnos en los Santos, debemos pasar de ellos a Cristo, el único que nos debe fascinar.
23/02/26 10:46 PM
Percival
Es la primera meditación. Y está muy bien.
Se supone que el mensaje completo del retiro se tiene a lo largo de su desarrollo.
Y se ve que algunos comentaristas comienzan a disparar con su visión del "evangelio", dando total razón al primer tema e ilustrándolo vivamente.
23/02/26 11:17 PM
Emiliano
La Paz cristiana es una promesa de libertad para construir la Jerusalén Celestial y no la Torre de Babel terrenal destinada a destruirse
25/02/26 4:24 PM

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