(InfoCatólica) En una interesante entrevista concedida al Corriere della Sera con motivo de su 95º cumpleaños, el cardenal Ruini, antiguo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, responde a todo tipo de preguntas del entrevistador, el periodista Aldo Cazullo, sobre su vida, su vocación y los últimos sesenta años de la Iglesia.
Entre diversos recuerdos de la infancia, cuenta lo sencilla que fue su vocación sacerdotal: «siempre he sido creyente y practicante. Cuando estaba terminando el instituto, mi director espiritual me preguntó muy amablemente si yo también había considerado la posibilidad de convertirme en sacerdote. Me gustó la propuesta y dije que sí casi instintivamente. Dedicarme a Dios me pareció algo emocionante».
No todo fue fácil, debido a la oposición de su familia, aunque contaba con el apoyo de su hermana. Además, el celibato tiene sus dificultades: «para ser sincero, me enamoré o, quizá mejor, me sentí atraído por una mujer más de una vez. Pero con la ayuda de Dios siempre resistí. Por supuesto, esos sacrificios pesaban sobre mí. Pero nunca consideré la posibilidad de otra elección. Nunca pensé en dejar el sacerdocio».
También explica su vivencia de la crisis postconciliar. «Desde luego, estaba entusiasmado con el Concilio; y todavía lo estoy. Sin embargo, cuando, después del Concilio, estalló la crisis que llegó a poner en duda los dogmas de la fe católica», incluidas «la divinidad de Cristo y la moralidad sexual», el cardenal reaccionó oponiéndose firmemente a las desviaciones. En ese sentido, explica, «no hay que confundir el Concilio con la etapa posconciliar».
A las preguntas del periodista sobre los Papas desde la Segunda Guerra Mundial responde sin dudarlo que «Juan Pablo II fue el más grande» y «un verdadero líder mundial». Tuvo, además, una gran relación con él: «me llamaba a menudo y disfrutaba de su confianza». Llamativamente, cuando se le pregunta por la persona más inteligente y por la mejor persona que ha conocido, el cardenal responde en ambos casos «Juan Pablo II» (aunque en unión con la Madre Teresa en la segunda pregunta).
En la entrevista, el purpurado también resalta aspectos en los que el Papa polaco tuvo que enfrentarse a la mentalidad dominante en la Iglesia. Por ejemplo, en cuanto al comunismo, «Juan Pablo II estaba en contra del compromiso histórico» del pontificado anterior y tampoco coincidía con la Conferencia Episcopal Italiana en que fuera necesario adaptarse al mundo secularizado, sino que «estaba convencido de que la secularización estaba en camino de ser superada, y que se necesitaba una nueva evangelización, dirigida a los pueblos ya cristianos que corrían el riesgo de perder la fe».
En cuanto a Benedicto XVI, «fue ante todo un gran teólogo», pero «el gobierno era su punto débil». Su dimisión sorprendió totalmente al cardenal Ruini. «Fue una decisión equivocada, al menos eso me parece a mí. Luego, claro, él sabía mejor que yo cuál era su estado, así que no quiero juzgar. La dimisión no me convenció».
También el Papa Francisco tuvo sus luces y sus sombras para el purpurado. «Con el Papa Francisco me encontré en dificultades. El cambio fue demasiado grande y repentino. Más que decepcionarme, me sorprendió». En conjunto, el pontificado de Francisco tuvo «aspectos muy positivos y otros mucho menos positivos», pero «es demasiado pronto para juzgar cuál de los dos prevalece». Aunque personalmente resalta su «gran valentía», también reconoce que «prestó muy poca atención a la Tradición. No es casualidad que quizá fuera más querido por los no creyentes que por los creyentes».
Su impresión de León XIV, en cualquier caso, «es excelente. Me alegra tener a este Papa».
De forma más general, el purpurado habla de la crisis de la Iglesia: «al menos en Occidente, la crisis de fe es innegable. Y nuestra primera respuesta debe ser la oración. Mucha oración, para que la luz de la fe no se apague sino que adquiere un nuevo vigor. Sin embargo, sobre el futuro a largo plazo del cristianismo, soy optimista».
En cuanto a los políticos, Berlusconi llevaba un estilo de vida con «aspectos problemáticos», pero al mismo tiempo «su acción política me pareció decisiva para detener el comunismo». Sobre Giorgia Meloni, su juicio es «definitivamente positivo», «tanto en política como en lo personal», pues son buenos amigos. De Trump no tiene «una opinión positiva», tanto por la dirección cuestionable de sus políticas como por su «falta de escrúpulos».
Cabe mencionar, finalmente, la opinión del cardenal Ruini sobre Medjugore, como antiguo presidente de la comisión que se ocupaba del asunto: «para nuestra Comisión, las primeras siete apariciones fueron reales. Era realmente Nuestra Señora. Después de eso, las cosas se hacen más confusas y dimos un juicio preciso. No sé si son apariciones o sugestiones».








