(InfoCatólica) La aplicación de la Ley de Memoria Histórica ha dado lugar a la destrucción de multitud de monumentos religiosos e históricos. En algunos casos, esa destrucción fue aceptada mansamente por la sociedad, en otros hubo una fiera resistencia.
En 2028, el entonces alcalde socialista de Callosa (Alicante) retiró una cruz en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. La cruz databa de los años cuarenta y recordaba el asesinato durante la guerra civil de más de ochenta vecinos de la población, incluidos dos sacerdotes.
Al tratarse a la vez de un monumento religioso y un homenaje a víctimas de la localidad, la cruz permaneció sin problemas junto a la iglesia de San Martín durante más de setenta años. El alcalde socialista Francisco José Maciá, sin embargo, decidió retirarla, a pesar de que pertenecía a la Iglesia.
El alcalde arguyó que estaba situada en suelo público y los vecinos reaccionaron organizando turnos junto a la cruz para protegerla día y noche durante más de un año. Finalmente, el alcalde se salió con la suya, la plaza fue desalojada y la cruz cortada y retirada de su lugar con nocturnidad.
La resistencia continuó. Los vecinos colocaban flores y otras cruces más pequeñas en el lugar, que eran retiradas por los servicios municipales. Posteriormente, por iniciativa de una anciana vecina, Teresa Agulló, empezó a proyectarse una cruz sobre la fachada de la iglesia, costumbre que continuó incluso después del fallecimiento de Teresa.
A principios de este mes de febrero, ocho años después de la retirada de la cruz, los vecinos han podido disfrutar de verla colocada de nuevo, a unos ciento cincuenta metros de su lugar original, pero ahora en terreno perteneciente a la Iglesia, junto a la ermita de Nuestra Señora del Rosario, para que no vuelva a haber problemas.
Por desgracia, ha sido necesario eliminar las referencias a los caídos que antiguamente se encontraban en la base del monumento para evitar problemas con la legislación vigente. Una vez más, la Ley de Memoria Histórica ha provocado la pérdida de dicha memoria. Al menos, sin embargo, los vecinos pueden estar orgullosos por haber defendido y recuperado su cruz y las lápidas y la memoria de las víctimas no se han perdido del todo porque las lápidas ahora están en el cementerio parroquial.








